03-05-2026, 12:58 AM
—A mí me fascina cuando te pones en modo protector conmigo.
Le devolví una sonrisa a través del cristal. Creo que, como todas las que solía esbozar, estaba algo rota. Solo que con Hae-won no necesitaba disimular los sentimientos agridulces. No vi necesario explicar la impotencia que se hallaba tras el instinto protector, porque fueran cuáles fuesen las razones, al final todo confluía en el mismo punto: me asustaba perderla.
Guardé silencio para permitir que pudiera expresar todo lo que necesitase. La calma había alcanzado su mirada. Asentí cuando habló de aceptación, porque aquel era el único camino posible y me alegraba saber que había llegado a la conclusión por sí misma.
—¿Y tú? ¿Cómo te encuentras? —preguntó, sus brazos sobre mis hombros desnudos. Posar las manos en su cintura me resultó un gesto de lo más natural.
«Estoy bien» estuve a punto de responder.
No habría sido mentira. Solía desprenderme de las vivencias desagradables con pasmosa facilidad. Poco importaba cuán incandescentes estuvieran las heridas del pasado, si el presente me otorgaba lo que en ese momento quería. A ella. No obstante, no llegué a pronunciar palabra alguna. Su siguiente frase me dejó rígido en el sitio.
—Hay que admitir que ha sido un comienzo bastante fuerte para nosotros dos como pareja y equipo.
—¿Pareja? —No me separé de ella. Hasta yo fui consciente de cuánto se abrieron mis párpados. Perdí el aliento—. ¿Me ves como a una pareja?
No hubo acritud alguna ni tampoco rechazo en aquella pregunta. Más bien, se hallaba repleta de curiosidad, de cierta incredulidad ante la idea de que alguien pudiera interesarse en mí de un modo tan profundo, y del oculto deseo de adentrarme en ese sendero desconocido. Las pupilas bailaron en mis ojos pendidas a las de mi ángel personal.
—Yo… —Me humedecí los labios sin saber bien qué decir. Incapaz de ordenar el sinfín de imágenes que azotaba mis pensamientos—. No es que no quiera, ¿vale?
Apenas fui consciente de que mis dedos presionaban con más fuerza su cintura, buscando en ella el ancla que me mantuviera en tierra. Desvié la vista un instante.
—Es solo que…
Que llevaba toda la vida huyendo de la gente, de las relaciones, de la posibilidad de perder algo importante, del compromiso y la posibilidad de sentir en mi pecho algo más allá del vacío. Hasta aquel momento, había creído que buscaba protegerme del dolor. Mis ojos regresaron a los suyos. Ese fue el momento exacto en que comprendí que, en realidad, puede que temiera no ser suficiente. Por eso St. George era perfecto, porque Dimitri carecía de todo eso.
—Siento que voy a fallarte y entonces te irás.
Fallaría en protegerla y la perdería. Fallaría en atender sus necesidades y me abandonaría. Fallaría en… Y es que había demasiadas formas de fallar a una persona.
—Nunca he tenido pareja. —Porque la única persona a la que amé, acabó en las profundidades del mar—. Pero en realidad enloquecería si te viera con otro hombre.
Le devolví una sonrisa a través del cristal. Creo que, como todas las que solía esbozar, estaba algo rota. Solo que con Hae-won no necesitaba disimular los sentimientos agridulces. No vi necesario explicar la impotencia que se hallaba tras el instinto protector, porque fueran cuáles fuesen las razones, al final todo confluía en el mismo punto: me asustaba perderla.
Guardé silencio para permitir que pudiera expresar todo lo que necesitase. La calma había alcanzado su mirada. Asentí cuando habló de aceptación, porque aquel era el único camino posible y me alegraba saber que había llegado a la conclusión por sí misma.
—¿Y tú? ¿Cómo te encuentras? —preguntó, sus brazos sobre mis hombros desnudos. Posar las manos en su cintura me resultó un gesto de lo más natural.
«Estoy bien» estuve a punto de responder.
No habría sido mentira. Solía desprenderme de las vivencias desagradables con pasmosa facilidad. Poco importaba cuán incandescentes estuvieran las heridas del pasado, si el presente me otorgaba lo que en ese momento quería. A ella. No obstante, no llegué a pronunciar palabra alguna. Su siguiente frase me dejó rígido en el sitio.
—Hay que admitir que ha sido un comienzo bastante fuerte para nosotros dos como pareja y equipo.
—¿Pareja? —No me separé de ella. Hasta yo fui consciente de cuánto se abrieron mis párpados. Perdí el aliento—. ¿Me ves como a una pareja?
No hubo acritud alguna ni tampoco rechazo en aquella pregunta. Más bien, se hallaba repleta de curiosidad, de cierta incredulidad ante la idea de que alguien pudiera interesarse en mí de un modo tan profundo, y del oculto deseo de adentrarme en ese sendero desconocido. Las pupilas bailaron en mis ojos pendidas a las de mi ángel personal.
—Yo… —Me humedecí los labios sin saber bien qué decir. Incapaz de ordenar el sinfín de imágenes que azotaba mis pensamientos—. No es que no quiera, ¿vale?
Apenas fui consciente de que mis dedos presionaban con más fuerza su cintura, buscando en ella el ancla que me mantuviera en tierra. Desvié la vista un instante.
—Es solo que…
Que llevaba toda la vida huyendo de la gente, de las relaciones, de la posibilidad de perder algo importante, del compromiso y la posibilidad de sentir en mi pecho algo más allá del vacío. Hasta aquel momento, había creído que buscaba protegerme del dolor. Mis ojos regresaron a los suyos. Ese fue el momento exacto en que comprendí que, en realidad, puede que temiera no ser suficiente. Por eso St. George era perfecto, porque Dimitri carecía de todo eso.
—Siento que voy a fallarte y entonces te irás.
Fallaría en protegerla y la perdería. Fallaría en atender sus necesidades y me abandonaría. Fallaría en… Y es que había demasiadas formas de fallar a una persona.
—Nunca he tenido pareja. —Porque la única persona a la que amé, acabó en las profundidades del mar—. Pero en realidad enloquecería si te viera con otro hombre.
