03-05-2026, 08:43 PM
Las palabras de Bai resonaron en las orejas de Zhang, mientras, dándole la espalda al grupo, comenzaban a adentrarse en aquel bosque helado. A su lado, la pequeña Shery se aferraba a su cuerpo con determinación.
La calidez de su cuerpo le reconfortó y, tras aquel abrazo inesperado, Zhang no pudo evitar soltar una pequeña risa. —No podemos evitarlo, somos bestias salvajes —le dijo a la pequeña, y luego dio un leve gruñido—. ¿Cuántos años tengo, dices? —el viejo burro inclinó un poco su cabeza—. Pues soy como un árbol viejo, pequeña. He visto cincuenta y cuatro inviernos... Y no, no estoy a punto de morir como el Gran Paca, tranquila. Pero gracias por tu preocupación; es como un rayito de sol en este día frío.
El ambiente era cálido y tranquilo, pero como todo... no duraría para siempre. Un sonido ahogado de dolor advirtió la presencia de alguien. Era un lamento de angustia. Shery, con la rapidez de la juventud, soltó al burro y se lanzó hacia el origen del sonido.
—Espera, Shery —murmuró Zhang, pero la niña ya estaba lejos.
El viejo burro comenzó a moverse, siguiendo el rastro sonoro y los pequeños pasos de la niña. El frío se hacía más intenso paso a paso, y el olor a sangre se apoderó del lugar.
Al llegar, observó aquel cuerpo moribundo y, junto a este, Shery se veía devastada. Una sensación recorrió su cuerpo y la rabia comenzaba a hacerse presente. Los últimos instantes de una vida, un último aliento. Pese a los años, Zhang no lograba acostumbrarse a la muerte.
Golpeó el suelo con firmeza y agachó su mirada en señal de respeto hacia aquel hombre que había dado su vida por el frasco. Los sonidos lejanos se hicieron más tenues por un momento, como si el bosque contuviera el aliento.
De entre las sombras del bosque, algo se acercaba. El hedor a sangre se hizo más intenso, mezclado con un aroma a agresividad que el viejo burro conocía bien. Las voces, ásperas y llenas de oscuridad, llegaron a sus oídos diestros.
—No soy tan viejo, solo tengo cincuenta y cuatro años, jovencito —le dijo Zhang a aquel grupo de perros que irradiaban maldad por todos sus poros. Sus palabras confesaban actos atroces que hicieron hervir la sangre del burro.
Uno de aquellos Minks saltó hacia la pequeña y, aunque parecía que se encontraba jugando con ella, el instinto protector de Zhang le hizo actuar de inmediato. Se movió con gran agilidad y, colocando su pesado cuerpo como barrera, miró a aquel Mink a los ojos.
—Hmmm. Me temo que están en un error. No conozco a la señorita Lenna y no soy el refuerzo que esperaban. Yo vengo a ayudar al Gran Paca y a esta niña —les dijo Zhang con amabilidad. Pese a sus atrocidades, Zhang no actuaría con brutalidad de primer momento; debía intentar ser razonable—. Ahora díganme dónde está esa tal Lenna, tengo cosas que hablar con ella.
Zhang se mantuvo alerta mientras su cuerpo comenzaba a tensionarse por la emoción del combate; no tenía tiempo que perder. —Shery, toma eso y mantente detrás de mí —le ordenó a la pequeña. Su seguridad era la prioridad del burro.
La calidez de su cuerpo le reconfortó y, tras aquel abrazo inesperado, Zhang no pudo evitar soltar una pequeña risa. —No podemos evitarlo, somos bestias salvajes —le dijo a la pequeña, y luego dio un leve gruñido—. ¿Cuántos años tengo, dices? —el viejo burro inclinó un poco su cabeza—. Pues soy como un árbol viejo, pequeña. He visto cincuenta y cuatro inviernos... Y no, no estoy a punto de morir como el Gran Paca, tranquila. Pero gracias por tu preocupación; es como un rayito de sol en este día frío.
El ambiente era cálido y tranquilo, pero como todo... no duraría para siempre. Un sonido ahogado de dolor advirtió la presencia de alguien. Era un lamento de angustia. Shery, con la rapidez de la juventud, soltó al burro y se lanzó hacia el origen del sonido.
—Espera, Shery —murmuró Zhang, pero la niña ya estaba lejos.
El viejo burro comenzó a moverse, siguiendo el rastro sonoro y los pequeños pasos de la niña. El frío se hacía más intenso paso a paso, y el olor a sangre se apoderó del lugar.
Al llegar, observó aquel cuerpo moribundo y, junto a este, Shery se veía devastada. Una sensación recorrió su cuerpo y la rabia comenzaba a hacerse presente. Los últimos instantes de una vida, un último aliento. Pese a los años, Zhang no lograba acostumbrarse a la muerte.
Golpeó el suelo con firmeza y agachó su mirada en señal de respeto hacia aquel hombre que había dado su vida por el frasco. Los sonidos lejanos se hicieron más tenues por un momento, como si el bosque contuviera el aliento.
De entre las sombras del bosque, algo se acercaba. El hedor a sangre se hizo más intenso, mezclado con un aroma a agresividad que el viejo burro conocía bien. Las voces, ásperas y llenas de oscuridad, llegaron a sus oídos diestros.
—No soy tan viejo, solo tengo cincuenta y cuatro años, jovencito —le dijo Zhang a aquel grupo de perros que irradiaban maldad por todos sus poros. Sus palabras confesaban actos atroces que hicieron hervir la sangre del burro.
Uno de aquellos Minks saltó hacia la pequeña y, aunque parecía que se encontraba jugando con ella, el instinto protector de Zhang le hizo actuar de inmediato. Se movió con gran agilidad y, colocando su pesado cuerpo como barrera, miró a aquel Mink a los ojos.
—Hmmm. Me temo que están en un error. No conozco a la señorita Lenna y no soy el refuerzo que esperaban. Yo vengo a ayudar al Gran Paca y a esta niña —les dijo Zhang con amabilidad. Pese a sus atrocidades, Zhang no actuaría con brutalidad de primer momento; debía intentar ser razonable—. Ahora díganme dónde está esa tal Lenna, tengo cosas que hablar con ella.
Zhang se mantuvo alerta mientras su cuerpo comenzaba a tensionarse por la emoción del combate; no tenía tiempo que perder. —Shery, toma eso y mantente detrás de mí —le ordenó a la pequeña. Su seguridad era la prioridad del burro.
Bitácora del burro
Zhang Guolao
"El vacío no se mueve, pero lo contiene todo"
❄ La Calma del Vacío
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?Nv.19 — Logia Yuki Yuki
