04-05-2026, 02:17 AM
La intensidad de encuentros así de íntimos conseguía arrancarlo del mundo interior que tanto oprimía a su corazón, a un punto donde ya no debía distinguir si le hacía bien o mal, sólo se dejaba llevar y los resultados convergían en lo que sea que tuviesen que ser. La mirada de Yuuki conectaba con sus ojos, reflejando en el cerúleo de las iris del albino ese placer latente que le mostraba la expresión contraria, manteniendo un porte dominante que pretendía, no se borrase con ninguno de los trucos que ella pudiese estar guardándose.
Ese shock de sensaciones, de novedad, lo mantenía adicto. No necesitaba profundizar en emociones más complejas, sólo divertirse, chocar con otras personalidades y aprender a descubrir nuevos puntos de placer que aprovechar, volviéndolo un ritual espontáneo y casual conjunto, donde sólo quienes estuviesen dispuestos a vivir esa efimeridad pudiesen habitar el mismo espacio que él.
Permitió el fluir de esa energía, anestesiando heridas y el vacío de vínculos perdidos, llenándolo de una conexión que debido a la naturaleza del sexo, se difuminaba entre la intensidad y la pasión del momento. Una vulnerabilidad que se abre, dándole permiso al otro para obrar como desee... siempre le pareció curiosa esa sensación, como un deporte extremo, o navegar en medio de tormentas sin certezas de que el navío aguantará. La adrenalina de entregarse a medias.
Volvió a tocarlo, incluso desde esa posición no frenaba su impulso de seguir explorando, y eso le hizo sonreír con una pequeña expresión de sorpresa adornando el resto de su rostro. Claro que se lo permitió, cada caricia en el largo de su intimidad pronunciaba la expectación que pretendía construir, y habiendo bajado la guardia levemente, fue víctima de sus palabras y la consiguiente acción tras ellas. —Más te vale cumplir. —contestó, desafiante, y entonces fue empujado hacia la cama, perdiendo levemente el control de la situación en el momento que ella decidió colocarse arriba.
No dejaba de sorprenderlo, y eso le resultaba entretenido.
No perdió detalle a sus muslos, a la forma en que se acomodó y extendió la vista a su interior, hasta el eventual descenso a la locura del placer, tomando la iniciativa con sus caderas, apoyándose en su pecho y decidiendo contener los gemidos que aquel cruce entre pieles le producían. Shin la sujetó de su zona favorita en la anatomía femenina, dejando pasar los segundos ante cada nuevo movimiento enmarcado por su curvilínea figura, y pasado un rato en donde sólo las respiraciones entrecortadas llenaban el silencio, Hasegawa decidió levantar el torso, sentándose aún con Yuuki encima suyo y mirándola a los ojos.
—Te mueves bien. —confirmó, abrazándola a la altura de la zona lumbar, presionándola contra su torso. —Pero no sabes lo frustrante que es verte luchar contra tus propias reacciones. ¿Qué más da si te escuchan? —se relame, saboreando esas palabras, y aprovechando la posición y la fuerza que podía hacer desde ahí, empezó a mover su propia cintura, embistiendo hacia el interior de la pelirrosa mientras se acomodaba al ritmo de sus movimientos.
Aumentó súbitamente el placer que sentía, los ruidos lujuriosos y el impacto entre ambos. A ese ritmo, dolería al día siguiente, con el detalle de que remontaría a recuerdos bastante agradables, en donde esperaba, los sonidos de su voz llenasen los momentos donde el silencio pudiese consumirlo. Shin comenzó a hacerse un festín con la piel ajena, mordiendo sus senos, dejando los dientes marcados entre ambos, succionando y generando marcas que no se le borrarían con facilidad. Trazaba su pequeño mapa del tesoro, el orgullo de dejarle recuerdos en su propio cuerpo.
Ese shock de sensaciones, de novedad, lo mantenía adicto. No necesitaba profundizar en emociones más complejas, sólo divertirse, chocar con otras personalidades y aprender a descubrir nuevos puntos de placer que aprovechar, volviéndolo un ritual espontáneo y casual conjunto, donde sólo quienes estuviesen dispuestos a vivir esa efimeridad pudiesen habitar el mismo espacio que él.
Permitió el fluir de esa energía, anestesiando heridas y el vacío de vínculos perdidos, llenándolo de una conexión que debido a la naturaleza del sexo, se difuminaba entre la intensidad y la pasión del momento. Una vulnerabilidad que se abre, dándole permiso al otro para obrar como desee... siempre le pareció curiosa esa sensación, como un deporte extremo, o navegar en medio de tormentas sin certezas de que el navío aguantará. La adrenalina de entregarse a medias.
Volvió a tocarlo, incluso desde esa posición no frenaba su impulso de seguir explorando, y eso le hizo sonreír con una pequeña expresión de sorpresa adornando el resto de su rostro. Claro que se lo permitió, cada caricia en el largo de su intimidad pronunciaba la expectación que pretendía construir, y habiendo bajado la guardia levemente, fue víctima de sus palabras y la consiguiente acción tras ellas. —Más te vale cumplir. —contestó, desafiante, y entonces fue empujado hacia la cama, perdiendo levemente el control de la situación en el momento que ella decidió colocarse arriba.
No dejaba de sorprenderlo, y eso le resultaba entretenido.
No perdió detalle a sus muslos, a la forma en que se acomodó y extendió la vista a su interior, hasta el eventual descenso a la locura del placer, tomando la iniciativa con sus caderas, apoyándose en su pecho y decidiendo contener los gemidos que aquel cruce entre pieles le producían. Shin la sujetó de su zona favorita en la anatomía femenina, dejando pasar los segundos ante cada nuevo movimiento enmarcado por su curvilínea figura, y pasado un rato en donde sólo las respiraciones entrecortadas llenaban el silencio, Hasegawa decidió levantar el torso, sentándose aún con Yuuki encima suyo y mirándola a los ojos.
—Te mueves bien. —confirmó, abrazándola a la altura de la zona lumbar, presionándola contra su torso. —Pero no sabes lo frustrante que es verte luchar contra tus propias reacciones. ¿Qué más da si te escuchan? —se relame, saboreando esas palabras, y aprovechando la posición y la fuerza que podía hacer desde ahí, empezó a mover su propia cintura, embistiendo hacia el interior de la pelirrosa mientras se acomodaba al ritmo de sus movimientos.
Aumentó súbitamente el placer que sentía, los ruidos lujuriosos y el impacto entre ambos. A ese ritmo, dolería al día siguiente, con el detalle de que remontaría a recuerdos bastante agradables, en donde esperaba, los sonidos de su voz llenasen los momentos donde el silencio pudiese consumirlo. Shin comenzó a hacerse un festín con la piel ajena, mordiendo sus senos, dejando los dientes marcados entre ambos, succionando y generando marcas que no se le borrarían con facilidad. Trazaba su pequeño mapa del tesoro, el orgullo de dejarle recuerdos en su propio cuerpo.
![[Imagen: vEBNZb3.png]](https://i.imgur.com/vEBNZb3.png)
