04-05-2026, 02:29 AM
Las palabras algo melosas de Omuyaga le sacaron una sonrisa, y en otras circunstancias se habría metido con él por esa misma razón, sin embargo a toda su energía tan despreocupada le siguió una disculpa sincera, y no pretendía que los chistes estúpidos o alguna ocurrencia payasa interrumpiesen lo que realmente necesitaba decir. Fue el mismo motivo que lo volcó a ignorar el agua embotellada que su amigo le tendió inicialmente, pues si estaba muerto, ¿qué más le daba beber o no? Consideraba que al cruzar la puerta por fin llegaría al ansiado descanso. Quizás, reencontrándose con Himari.
Pero ese pequeño chispazo de ilusión desapareció al instante en que Kael rompió el aire de misticismo onírico que lo había invadido, creyendo que su mente lo hacía divagar otro poco antes de apagarse por siempre, y fue en ese momento que se giró hacia el azabache. —¿Ah? —su sorpresa era tangible, el rostro que puso un poema, digno de encuadre, y la manera en que ladeó la cabeza terminaba de dibujar una confusión que pasó de genuina y espontánea a caricaturesca en sólo breves segundos.
—¿Magia? —aún en su incredulidad, procesando que efectivamente sigue vivo, y con el recuerdo de Himari a flor de piel, perforando sus deseos inmediatos y haciéndole saborear la sensación amarga de seguir adelante, tal y como ella impuso, lo siguió escuchando, pasando a cruzarse de brazos mientras intentaba poner toda su atención en la información que tenía Kael para él.
De pronto, la decoración de la sala cambió, siendo idéntica a los barracones de Baterilla, y el dato sobre la fruta del diablo consumida por su amigo finalmente cayó, entendiéndolo (a su forma) de inmediato. —¡AAAAAAAAAAAAH! —ante ese momento de "eureka" abrió la boca, bien grande, y se llevó la mano detrás de la cervical —¡Ahora tiene sentido! —asiente múltiples veces, aún teniendo varias dudas, sin diferenciar del todo si es un Dios omnipotente capaz de cambiar los escenarios a voluntad o, sencillamente, absorbe elementos hacia una dimensión de bolsillo. Esas frutas son una cosa muy loca y fuera de lo común, no por nada a él lo convertían en un ser de luz, literalmente hablando.
Ante la repentina cercanía no hizo nada, permitiendo que tome su temperatura. Había recuperado su tangibilidad a voluntad, como si el desmayo hubiese sido el sueño más reparador del mundo, y aprovechó el momento para quitarle de sus manos la botella de agua, destaparla y beberla entera como si no hubiese un mañana, dejándola en... algún lugar que no moleste, ya no estaba seguro del entorno que lo rodeaba. —¡Pues bien! Llévame con el resto, y déjame salir de aquí. Necesito respirar un poco de aire fresco, ya me pondrás al día de todo lo que ocurrió. —sin entrar en demasiados detalles, Hasegawa esperó pacientemente que Omuyaga respetase su deseo por volver al exterior, entendiendo en el transcurso de los hechos un poco más de los poderes de su amigo, y tras un rato breve finalmente se formó una apertura hacia fuera, observándola con una sorpresa y fascinación digna de los niños pequeños.
—Woah, es impresionante. —sus puños se elevaron a la altura de su mentón, y decidió al instante que le tocaba fardar un poco, muy a pesar de que su primera idea era comprobar que su propio poder seguía funcionando tras una derrota como la que experimentó.
Inmediatamente activó su fruta del diablo en piernas y brazos, emitiendo un brillo dorado, intenso y deslumbrante. Calculó la distancia y la cruzó a la misma velocidad que siempre, incluso más rápido que durante su pelea contra Curok Odail, aunque a ojos de los demás esa diferencia no podía percibirse, pues Hasegawa operaba en otra liga si de rapidez se trataba. Una estela que permanecía milésimas de segundos presente lo siguió en su camino hacia el mundo real, sintiendo sobre su piel el calor casi de inmediato y el clima árido, pero ignorándolo mientras seguía moviéndose hacia el centro del espacio donde estaban todos los demás.
Desde su perspectiva, el albino habría aparecido de la nada, envuelto en partículas de luz alrededor de su silueta, firme sobre el suelo y como si nunca hubiese sido abatido. Claro que las manchas de sangre en su uniforme marine delataban lo que había sucedido realmente, pero considerando lo mucho que podía brillar, iluminando más que las luces del salón por una diferencia abismal, toda la atención podía llegar a irse a sus manos y pies, y esa aura casi etérea que le brindaba su poder, enalteciendo el cabello blanco y sus ojos azules. Sin prestar atención al resto, aunque al momento de salir había hecho un fugaz paneo general del posicionamiento, se observó las manos, convertidas en su elemento, y con un gesto extremadamente confiado, habló tras unos segundos.
Su aura de invulnerabilidad seguía intacta, aún y si desconocía que tanto Hae-won como Dimitri habían presenciado el combate, y aunque Shin era consciente de que, en gran parte, su ardua presión había puesto en aprietos a ese enemigo, se consideró derrotado. El asunto es que nada de eso se interpretaba en su lenguaje físico, ni en las expresiones que colocaba, los pocos en la división que conocían su verdadero poder sólo podían dimensionar a través de esa derrota el nivel del teniente que enfrentaron, y quizás por eso decidió mantenerse impoluto en actitud, como si siguiese siendo invencible, transmitiendo una confianza que nadie podía arrebatarle, girándose hacia los presentes y comenzando a moverse al máximo de su velocidad.
La primera víctima fue la albina, colocándose frente a ella e inclinándose en su dirección por la diferencia de alturas, poniéndose casi que cara a cara de la chica. —¡ChoiChoi! ¡Sigues tan fea como siempre! —su energía se desplegó con una soltura impresionante, y le adjudicó un adjetivo que bien sabía, era mentira. Ahí estaba el chiste.
La siguiente, su favorita, la chica prodigio en ideales. No tardó en moverse hacia Kuroshiro en otra prueba de qué tan veloz era, apareciendo instantáneamente a su lado y robándole el cuchillo antes de que se diera cuenta. —¡Nyri! ¡No esperaba que sigas con vida! Diría que me alegro pero... nada, recuerdo que tendré que cargar contigo hasta la cima. Que pesada... —reclama, con una sonrisa de lo más traviesa. Y al final... notó a George, frunciendo el ceño y apreciando que estaba con el torso desnudo. Considerando el calor, no le sorprendía, aunque ese detalle iba a ser ignorado completamente. En el camino dejó la filosa herramienta.
Exclamó con todas sus fuerzas, volviendo a desaparecer de la vista de todos y dejándose ver nuevamente, justo detrás del marine que manejaba el timón del fallecido navío de la setentaicinco. La diferencia de alturas era breve, pero notable, y por eso tuvo que inclinarse hasta colocar el mentón a la altura del hombro izquierdo contrario, observando el perfil de su rostro. —Tendría que matarte por haberme desobedecido, pero... —el tono con el que dijo aquellas palabras fue aterrador, y en contraste, cuando se movió nuevamente, esta vez frente al navegante, le tendió la mano, sin que pudiese negarse pues le superaba absurdamente en velocidad. —¡Te perdono! Ya aprenderás la lección otro día. Je, si sigues respirando para mañana. —la sonrisa se mantuvo en el terreno de lo sádico, aunque esta vez el tono reflejaba un humor... cuestionable, aunque humor al fin y al cabo.
Se reposicionó una vez más, y alzó el brazo hacia el techo, fungiendo de showman, como siempre que tiene las energías en lo más alto. El problema es que comenzaba a sentir la ausencia de la misma, a pesar de que no lo hacía notar. —¡Bien, bien! ¡Esperaba no tener que volver a verlos! Pero bueno, supongo que puedo soportarlos un poco más. Al final tengo asuntos que resolver con cada uno de ustedes, y no pienso dejarlos escapar de ellos. —les estaba dando la espalda, aunque al finalizar esa frase, se giró hacia la división, con una sonrisa de soslayo.
Su muy extraña manera de decirles que se alegraba de verlos allí, y que estén todos juntos.
Pero ese pequeño chispazo de ilusión desapareció al instante en que Kael rompió el aire de misticismo onírico que lo había invadido, creyendo que su mente lo hacía divagar otro poco antes de apagarse por siempre, y fue en ese momento que se giró hacia el azabache. —¿Ah? —su sorpresa era tangible, el rostro que puso un poema, digno de encuadre, y la manera en que ladeó la cabeza terminaba de dibujar una confusión que pasó de genuina y espontánea a caricaturesca en sólo breves segundos.
—¿Magia? —aún en su incredulidad, procesando que efectivamente sigue vivo, y con el recuerdo de Himari a flor de piel, perforando sus deseos inmediatos y haciéndole saborear la sensación amarga de seguir adelante, tal y como ella impuso, lo siguió escuchando, pasando a cruzarse de brazos mientras intentaba poner toda su atención en la información que tenía Kael para él.
De pronto, la decoración de la sala cambió, siendo idéntica a los barracones de Baterilla, y el dato sobre la fruta del diablo consumida por su amigo finalmente cayó, entendiéndolo (a su forma) de inmediato. —¡AAAAAAAAAAAAH! —ante ese momento de "eureka" abrió la boca, bien grande, y se llevó la mano detrás de la cervical —¡Ahora tiene sentido! —asiente múltiples veces, aún teniendo varias dudas, sin diferenciar del todo si es un Dios omnipotente capaz de cambiar los escenarios a voluntad o, sencillamente, absorbe elementos hacia una dimensión de bolsillo. Esas frutas son una cosa muy loca y fuera de lo común, no por nada a él lo convertían en un ser de luz, literalmente hablando.
Ante la repentina cercanía no hizo nada, permitiendo que tome su temperatura. Había recuperado su tangibilidad a voluntad, como si el desmayo hubiese sido el sueño más reparador del mundo, y aprovechó el momento para quitarle de sus manos la botella de agua, destaparla y beberla entera como si no hubiese un mañana, dejándola en... algún lugar que no moleste, ya no estaba seguro del entorno que lo rodeaba. —¡Pues bien! Llévame con el resto, y déjame salir de aquí. Necesito respirar un poco de aire fresco, ya me pondrás al día de todo lo que ocurrió. —sin entrar en demasiados detalles, Hasegawa esperó pacientemente que Omuyaga respetase su deseo por volver al exterior, entendiendo en el transcurso de los hechos un poco más de los poderes de su amigo, y tras un rato breve finalmente se formó una apertura hacia fuera, observándola con una sorpresa y fascinación digna de los niños pequeños.
—Woah, es impresionante. —sus puños se elevaron a la altura de su mentón, y decidió al instante que le tocaba fardar un poco, muy a pesar de que su primera idea era comprobar que su propio poder seguía funcionando tras una derrota como la que experimentó.
Inmediatamente activó su fruta del diablo en piernas y brazos, emitiendo un brillo dorado, intenso y deslumbrante. Calculó la distancia y la cruzó a la misma velocidad que siempre, incluso más rápido que durante su pelea contra Curok Odail, aunque a ojos de los demás esa diferencia no podía percibirse, pues Hasegawa operaba en otra liga si de rapidez se trataba. Una estela que permanecía milésimas de segundos presente lo siguió en su camino hacia el mundo real, sintiendo sobre su piel el calor casi de inmediato y el clima árido, pero ignorándolo mientras seguía moviéndose hacia el centro del espacio donde estaban todos los demás.
Desde su perspectiva, el albino habría aparecido de la nada, envuelto en partículas de luz alrededor de su silueta, firme sobre el suelo y como si nunca hubiese sido abatido. Claro que las manchas de sangre en su uniforme marine delataban lo que había sucedido realmente, pero considerando lo mucho que podía brillar, iluminando más que las luces del salón por una diferencia abismal, toda la atención podía llegar a irse a sus manos y pies, y esa aura casi etérea que le brindaba su poder, enalteciendo el cabello blanco y sus ojos azules. Sin prestar atención al resto, aunque al momento de salir había hecho un fugaz paneo general del posicionamiento, se observó las manos, convertidas en su elemento, y con un gesto extremadamente confiado, habló tras unos segundos.
![[Imagen: d592e6af-aeee-4759-9054-b0fbe79fa04a.png]](https://i.ibb.co/6JHQYKBf/d592e6af-aeee-4759-9054-b0fbe79fa04a.png)
—Anda, parece que todo sigue en su sitio.
Su aura de invulnerabilidad seguía intacta, aún y si desconocía que tanto Hae-won como Dimitri habían presenciado el combate, y aunque Shin era consciente de que, en gran parte, su ardua presión había puesto en aprietos a ese enemigo, se consideró derrotado. El asunto es que nada de eso se interpretaba en su lenguaje físico, ni en las expresiones que colocaba, los pocos en la división que conocían su verdadero poder sólo podían dimensionar a través de esa derrota el nivel del teniente que enfrentaron, y quizás por eso decidió mantenerse impoluto en actitud, como si siguiese siendo invencible, transmitiendo una confianza que nadie podía arrebatarle, girándose hacia los presentes y comenzando a moverse al máximo de su velocidad.
La primera víctima fue la albina, colocándose frente a ella e inclinándose en su dirección por la diferencia de alturas, poniéndose casi que cara a cara de la chica. —¡ChoiChoi! ¡Sigues tan fea como siempre! —su energía se desplegó con una soltura impresionante, y le adjudicó un adjetivo que bien sabía, era mentira. Ahí estaba el chiste.
La siguiente, su favorita, la chica prodigio en ideales. No tardó en moverse hacia Kuroshiro en otra prueba de qué tan veloz era, apareciendo instantáneamente a su lado y robándole el cuchillo antes de que se diera cuenta. —¡Nyri! ¡No esperaba que sigas con vida! Diría que me alegro pero... nada, recuerdo que tendré que cargar contigo hasta la cima. Que pesada... —reclama, con una sonrisa de lo más traviesa. Y al final... notó a George, frunciendo el ceño y apreciando que estaba con el torso desnudo. Considerando el calor, no le sorprendía, aunque ese detalle iba a ser ignorado completamente. En el camino dejó la filosa herramienta.
—¡DiiiiiiMIIIIIITRIIIIII!
Exclamó con todas sus fuerzas, volviendo a desaparecer de la vista de todos y dejándose ver nuevamente, justo detrás del marine que manejaba el timón del fallecido navío de la setentaicinco. La diferencia de alturas era breve, pero notable, y por eso tuvo que inclinarse hasta colocar el mentón a la altura del hombro izquierdo contrario, observando el perfil de su rostro. —Tendría que matarte por haberme desobedecido, pero... —el tono con el que dijo aquellas palabras fue aterrador, y en contraste, cuando se movió nuevamente, esta vez frente al navegante, le tendió la mano, sin que pudiese negarse pues le superaba absurdamente en velocidad. —¡Te perdono! Ya aprenderás la lección otro día. Je, si sigues respirando para mañana. —la sonrisa se mantuvo en el terreno de lo sádico, aunque esta vez el tono reflejaba un humor... cuestionable, aunque humor al fin y al cabo.
Se reposicionó una vez más, y alzó el brazo hacia el techo, fungiendo de showman, como siempre que tiene las energías en lo más alto. El problema es que comenzaba a sentir la ausencia de la misma, a pesar de que no lo hacía notar. —¡Bien, bien! ¡Esperaba no tener que volver a verlos! Pero bueno, supongo que puedo soportarlos un poco más. Al final tengo asuntos que resolver con cada uno de ustedes, y no pienso dejarlos escapar de ellos. —les estaba dando la espalda, aunque al finalizar esa frase, se giró hacia la división, con una sonrisa de soslayo.
Su muy extraña manera de decirles que se alegraba de verlos allí, y que estén todos juntos.
Let there be light
![[Imagen: vEBNZb3.png]](https://i.imgur.com/vEBNZb3.png)
