Capitulo 9: Amor de verano
Lugar: Isla del Kárate, Zona comercial
Fecha: 23 de primavera, año 16
Hora: 11:20 AM
Lugar: Isla del Kárate, Zona comercial
Fecha: 23 de primavera, año 16
Hora: 11:20 AM
Después de lo sucedido el día anterior, mi cuerpo aún resentía las lecciones de aquel combate y el desafortunado encuentro con mi abuela paterna. Sin ánimos de seguir escuchando sus regaños y consejos sobre la vida, esta mañana decidí marcharme con cautela para evitar cualquier queja. Caminando a un paso ligero llevaba algunos vendajes en los brazos y un par de parches en el rostro; ademas de mis clasicas vestimenta compuesta por una camisa negra con decoraciones rojas y bordados florales, falda con el mismo estilo y botas negras. Al ver los vendajes solo podia recordar la forma en que fui recibida en casa senti un escalofrío recordar la siniestra mirada de mi abuela —Anciana loca…—reproché en voz baja. Mi abuela nunca estuvo de acuerdo con que fuera marine. Para ella, la idea de que una mujer asumiera lo que consideraba obligaciones de hombres era simplemente absurda.
No tenía nada previsto para el día de hoy, Mientras caminaba por las calles con la mente ocupada sobre lo que debia hacer a partir de ahora, Cada vez me adentraba cada vez más en la zona comercial de aquella isla, Mientras me protegía del sol con la sombrilla me abria paso entre la calle saludando a cualquier habitante que cruzara mi camino. Aunque no pertenecía a esta isla del todo, mis raíces parecían entrelazarse con este lugar de una forma extraña casi natural quizas porque mis genes si provienen de aqui. Sin duda había algo en su ambiente, en su gente, en la forma en que todo fluía, que me resultaba tan comodo.Era como si sin darme cuenta estuviera regresando a un lugar que siempre había sentido como hogar.
De pronto me detuve frente a un puesto de frutas y lancé unas cuantas monedas al vendedor, quien ya me conocía bien de hecho desde pequeña. Tomé una manzana jugosa y la lancé ligeramente al aire como si jugara con la gravedad, No dude en atraparla de nuevo fascinada por su forma. No tarde en darle el primer mordisco y me dejé envolver por su sabor dulce con un toque cítrico —Qué rica…—susurré para mí misma disfrutando del momento. Seguí caminando sin rumbo fijo hasta que, de repente, un fuerte estruendo me obligó a girar el rostro en esa dirección.
Acercándome por inercia para saber si esa persona se encontraba bien, conforme avanzaba solo pude notar que se trataba de una figura femenina que se había desplomado por completo sobre el suelo. Algunos habitantes comenzaron a murmurar sobre la situación aunque no alcanzaba a distinguir lo que decían. Aun así me aproximé con cautela para no asustarla. Era una joven de presencia impactante rasgos definidos, cabellera sedosa y una belleza que hacía difícil ignorarla en cualquier lugar. Por un instante sentí un extraño peso en el pecho, como si algo ajeno a mí se deslizara hasta mi memoria, una imagen difusa casi irreal de un atardecer y emociones que no lograba comprender, eran imagenes de hombres desnudos y musculosos que corrian en la playa dejandose llevar por sus emociones y la libertad. Sin saber por qué extendí la mano hacia ella. Fue entonces cuando noté que unas lágrimas se habían escapado de mis ojos mientras la manzana caía a mis pies —¿Estás bien?—pregunté casi hipnotizada, sintiéndome abrumada a la vez, ¿Que fue todo ese momento? ¿Estaba soñando despierta? ¿Que es lo que tenia la fruta?
No tenía nada previsto para el día de hoy, Mientras caminaba por las calles con la mente ocupada sobre lo que debia hacer a partir de ahora, Cada vez me adentraba cada vez más en la zona comercial de aquella isla, Mientras me protegía del sol con la sombrilla me abria paso entre la calle saludando a cualquier habitante que cruzara mi camino. Aunque no pertenecía a esta isla del todo, mis raíces parecían entrelazarse con este lugar de una forma extraña casi natural quizas porque mis genes si provienen de aqui. Sin duda había algo en su ambiente, en su gente, en la forma en que todo fluía, que me resultaba tan comodo.Era como si sin darme cuenta estuviera regresando a un lugar que siempre había sentido como hogar.
De pronto me detuve frente a un puesto de frutas y lancé unas cuantas monedas al vendedor, quien ya me conocía bien de hecho desde pequeña. Tomé una manzana jugosa y la lancé ligeramente al aire como si jugara con la gravedad, No dude en atraparla de nuevo fascinada por su forma. No tarde en darle el primer mordisco y me dejé envolver por su sabor dulce con un toque cítrico —Qué rica…—susurré para mí misma disfrutando del momento. Seguí caminando sin rumbo fijo hasta que, de repente, un fuerte estruendo me obligó a girar el rostro en esa dirección.
Acercándome por inercia para saber si esa persona se encontraba bien, conforme avanzaba solo pude notar que se trataba de una figura femenina que se había desplomado por completo sobre el suelo. Algunos habitantes comenzaron a murmurar sobre la situación aunque no alcanzaba a distinguir lo que decían. Aun así me aproximé con cautela para no asustarla. Era una joven de presencia impactante rasgos definidos, cabellera sedosa y una belleza que hacía difícil ignorarla en cualquier lugar. Por un instante sentí un extraño peso en el pecho, como si algo ajeno a mí se deslizara hasta mi memoria, una imagen difusa casi irreal de un atardecer y emociones que no lograba comprender, eran imagenes de hombres desnudos y musculosos que corrian en la playa dejandose llevar por sus emociones y la libertad. Sin saber por qué extendí la mano hacia ella. Fue entonces cuando noté que unas lágrimas se habían escapado de mis ojos mientras la manzana caía a mis pies —¿Estás bien?—pregunté casi hipnotizada, sintiéndome abrumada a la vez, ¿Que fue todo ese momento? ¿Estaba soñando despierta? ¿Que es lo que tenia la fruta?
Vestimenta

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