05-05-2026, 07:39 AM
Una propuesta por parte de una semi-sirena.
La promesa de una noche loca.
Alcohol para olvidar penas que su cerebro se encargaba de borrar por su cuenta.
Tipos con los que podía coquetear para pasar el rato solo por ser guapo.
Sí, la propuesta de Merlot le venía como anillo al dedo.
¿Por qué no aceptarla?
Le sonrío con gallardía, le dijo que la acompañaría hasta el fin del mundo si era necesario ¿Por qué no? Debía cuidar de que su mercancía de emergencia Merlot estuviera segura.
El problema es que, ahora empezaba a arrepentirse de haber aceptado.
¿Hace cuánto tiempo daban vueltas en círculos por las calles? Sus botas se desgastarían a ese paso, su perfume de menta se desvanecería y la esencia, de la misma planta, que cargaba consigo siempre, parecía estar disminuyendo su olor con cada inhalación desesperada que el pelirrosa le daba.
Al inicio fue paciente, respondió las preguntas de Merlot con la gracia y tranquilidad que lo caracterizaban, pero con el transcurrir del tiempo, menos fuerzas tenía para ocultar los refunfuños que salían de sus labios y el ceño fruncido que empezaba a notarse cada vez más y, lo peor de todo, se supone que hacían todo esto para ver a una mujer que él no podía recordar. ¿Quién era esa tal Mika? ¿Y desde cuando era hermana de la celestes cabellos? Creyó que ella solo tenía un hermano loco, no dos.
La única razón por la que no se había desesperado por completo, era porque en algún momento, ese hombre embobado que les servía de guía le había comentado que el licor de menta era una bebida disponible en varios establecimientos y él, como buen catador, por no decir adicto, de verdad deseaba probar aquel elixir que debía compararse con las bebidas de los dioses.
Entonces…cuando estaba a punto de soltar una insulto tan grosero que habría sonrojado a cualquier rudo marinero, la sirena se detuvo y, por consecuencia, él también.
Creyó que la situación mejoraría cuando la escuchó decir que ese era el sitio, pero… ¿Qué era ese lugar para citarlos a ellos dos? Ni siquiera las luces amarillentas y escasas de las lámparas de exterior fueron suficientes para disfrazar la expresión asqueada del pelirrosa al saber que tendría que entrar a un sitio tan…corriente.
Menos mal su olfato era terrible y, de paso, estaba amortiguado por el aroma a menta que venía inhalando durante todo el camino, porque si no, habría sentido el olor a estiércol de caballo y a orine de…mejor no saberlo.
—Sí…es…espantoso ¡Puaj! ¡Qué asco! ¿Qué sitio decente dejaría merodear ratas a su alrededor? —Ya se parecía a esas viejas y horrorosas tabernas en donde su antigua tripulación, varios años atrás, frecuentaban y, por consiguiente, él también se veía obligado a frecuentar. Creyó que más nunca tendría que pisar un lugar como ese, pero…parece que volver a la piratería tiene sus consecuencias. —Merlot, yo creo que deberíamos…ir…
No pudo terminar de hablar cuando notó a la mujer avanzando y entrando con confianza por aquel sitio que inspiraba cualquier cosa menos esa palabra. Soltó un suspiro pesado, se dio una palmada en la cara y no tuvo más remedio que seguirla.
Dentro las cosas no variaron demasiado, de hecho, empeoraron.
La música estridente, las conversaciones en voz alta, los borrachos pegándosele al cuerpo cuando tropezaban por no saber a donde iban y, sobre todo, esos silbidos y miradas a la mujer que lo acompañaba… ¿Qué se creían esos hombres? Ninguno de ellos tenía la belleza suficiente para respirar si quiera el aire que ella, mejor dicho…ellos, respiraban.
Tuvo que contenerse en varias ocasiones, apretar los puños y morderse con fuerza la piel del interior de su boca o si no…ya le habría estampado un puñetazo a más de uno…Chasqueó la lengua…ya estaba retrocediendo, como si solo entrar a ese lugar fuera suficiente para invocar al Hyak indecente, malhablado y problemático de hace 15 años, pero…es que esos tipos no colaboraban.
Menos mal que parecían haber encontrado a la mujer que buscaban…bueno, eso creía ¿Quién era Unnie? ¿No se llamaba Makarena? ¡Dios! Como lo confundían los nombres de las personas, pero no era el punto, si no que, sea como sea…ahora que la habían encontrado, podía proponer ir a un sitio más decente o…
Se detuvo en seco detrás de Merlot cuando un tipo les cerró el paso. Se dirigió a ella, a él lo ignoró por completo, pero…seguía ahí, como un guardián casi invisible y que, ahora, tenía muy poca paciencia.
El “no” de María lo tranquilizó, por una parte. Al menos la chica sabía poner límites, el problema es que sabía bien como funcionaban esos borrachos asquerosos y degenerados: No se rendiría ahí. Tanto su respuestas como esa mirada asquerosa se lo demostraron.
Respiró hondo y, entonces, escuchó la voz de Merlot levantándose por sobre las demás, haciendo una pregunta que no iba dirigida a él, pero que…sí, prefería tomarla como si fuera para él…Estaba harto.
—¡Hey! Ni tripulante ni prisionera, asqueroso animal de monte ¿O no escuchaste que ya rechazó tu oferta de unirse a tu grupo maloliente? ¡Ja! ¿Quién querría de todos modos? —Sorprendentemente para su físico, su voz era grave, así que no tuvo que hacer mucho esfuerzo para que el hombre lo escuchara. —Además, la señorita viene conmigo.
Levantó su cabeza y su mirada arrogante y altiva, se encontró con los ojos brillantes del borracho de casi 2 metros y medio que tenía frente a él; sin embargo, en lugar de un golpe o un intento de apartarlo, el tipo solo soltó una carcajada antes de mirarlo casi con la misma lascivia que a su compañera.
—No me van mucho los hombres, pero eres bonito y tienes huevos para entrometerte en mi conquista ¿Por qué no nos acompañas también? —El sujeto avanzó y, cuando iba a ponerle una mano encima al médico, que ya estaba acomodando sus guantes para golpear directamente a la sien del borracho, algo hizo que la mayoría en el bar voltearan hacia una dirección en específica. Como si todas las acciones hubieran quedado paralizadas por un par de segundos para centrarse solo en el estruendo que provenía de una esquina.
—¡NO LE RESPONDAS DE ESE MODO A TU CAPITÁN, NOVATO! —La tranquila mesa en donde un hombre pequeño y musculoso reclutaba gente, de repente se giró con todo y bebidas o cualquier cosa que estuviera sobre ella. Un hombre más alto, enfurecido, encaraba a un muchacho que sostenía un arma, apuntando directamente hacia el que le hacía el reclamo. —¡VAMOS! SI ERES TAN VALIENTE PARA DISPARARME ¡HAZLO FRENTE A TODOS ESTOS TESTIGOS!
Como por una presión social, el muchacho disparó el gatillo; sin embargo, aunque estaba apuntando al hombre que defendía al más pequeño, alguien más, desde su espalda, tomó su brazo a tiempo haciendo que disparara hacia arriba: un tiro al aire. Ahí empezó la locura.
La bala fue a parar a la cadena delgada de un candelabro viejo que cedió y, aunque no aplastó a nadie, el movimiento hizo que algunos corrieran y, en el momento, empujaron a otros que estaban más lejos…a otros lo suficientemente borrachos para tomárselo como una ofensa.
Fue un efecto dominó, uno que llegó en cuestión de segundos a donde estaban el borracho lujurioso, la sirena de azul celeste, la tal “Unnie” y el médico pelirrosa.
¿Qué fue lo que pasó exactamente? No estaba seguro, pero de un momento a otro alguien lo empujó contra el borracho, un gesto que hizo que este trastabillara y chocara su cabeza con una pesada mesa de madera. No volvió a levantarse, pero sus camaradas sí.
Enojados, se pararon de sus sillas gritando improperios, pero en lugar de ayudar al que llamaban “capitán”, se abalanzaron contra el grupo de las dos mujeres y del médico.
—¿Creen que pueden herir a nuestro capitán y salirse con la suya de esa forma? ¡MALDITAS ZORRAS! —Sí, incluían al pelirrosa en el paquete, tratándolo como si fuera una chica más. El médico chasqueó la lengua. Una cosa era pegarle a un solo tipo y otra cosa meterse en una pelea que solo se había descontrolado por alguien más.
—No, no, no…Merlot, sígueme y tu —. Señaló a la peliverde de cara quemada. —Tu…Sígueme también. Salgamos de aquí o escondámonos tras la barra o no…no sé, haz lo que quieras —. Con eso dicho, el pelirrosa arrastró a la semisirena, atravesando el caos de borrachos, empujándolos o dándoles patadas cortas para intentar llegar a la puerta, pero entonces…un trío de hombres les cerraron la entrada.
No tuvo más opción que, aun arrastrando a María de la muñeca, cambiar de dirección para acercarse a la barra en donde, un hombre enorme…en verdad… ¡ENORME! Estaba sentado ¿Quién era? No tenía idea, pero su gran físico seguro que resultaba un buen escudo.
—Sí alguien pregunta…no estamos aquí —dijo el médico mientras se acercaba a la barra y hacía que Merlot se escondiera tras el sujeto desconocido para luego él hacer lo mismo, pero…
—¡OYE! —Uno de los hombres del borracho lo vio antes de que pudiera esconderse también, aunque…sus palabras no fueran dirigidas a él. —¿Tú también estás con esos tres, grandulón? Si es así, que sepas que tu tamaño no nos intimida ni un poco —¡Genial! Había metido en problemas al que creía que podía servirles de escudo. Todo mal.
El tipo que gritaba, con voz chillona y demasiado aguda para ser de un adulto, no esperó respuestas del enorme hombre antes de lanzarse hacia él para intentar tirarle, sobre la cabeza una pesada botella de Whisky…¿Lo dejaría pasar o…la pelea solo empeoraría?
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