05-05-2026, 07:59 PM
“¡Quemen a esas abominaciones!” “¡Son esos bichos o nosotros!”
Aquella palabras a espaldas de Kibai, unido al olor del humo que inundó sus fosas nasales en el momento que las mechas prendieron, fue suficiente para hacer que sus colmillos asomasens mientras el hombre le relataba sus necesidades acerca de un equipo que llevase sus provisiones al castillo.
— Creo que podremos echarle una mano con ese asunto, amigo. Al fin y al cabo, somos la Marina, estamos aquí para servir a los ciudadanos en todo lo que nos necesiten. No obstante, le pediría que aguardase un segundo, tengo algo importante de lo que ocuparme.
Cuando se giró hacia la multitud, Kibai no pudo sino sorprenderse ante la gran multitud que habían convocado sus avispas al salir de su cuerpo. Aquella respuesta era casi fanática. Sin embargo, viendo sus caras más asustadas que furiosas, refrenó su impulso inicial de dejar treinta cuerpos inconscientes durmiendo una siesta reparadora en las calles empedradas.
Casi al unísono, Stroud, que se había posicionado por delante de él, extendió las manos a ambos la dos en una postura pacificadora, informando a la muchedumbre de su identidad y de la presencia de la División 60, asegurando que np había ningún peligro.
Aún sin tener todas consigo, Kibai alzó la mano y chasqueó tres veces los dedos. Las avispas que seguían en el cielo a diecinueve metros a la redonda captaron la señal, dirigiendose de nuevo hacia su señor. Con un suave zumbido, fueron colándose por sus mangas, disimulándose en el amarillo y negro de su propio pelaje, hasta llegar a su posición habitual cuando ya habían surgido de su cuerpo y no estaban de patrulla: camuflándose en el forro de pelo de la capa del mink, asi como en el kanji de Justicia pintado en grandes caracteres negros que cubría toda la parte trasera de la prenda blanca.
— Parece que esta gente tiene los animos muy soliviantados, señor... — susurró a Stroud. — Mis disculpas, creo que llevamos demasiado tiempo en Little Garden, me he acostumbrado a soltar a nuestra red de vigilancia por defecto en cuanto entramos en una zona con angulos muertos. Le aseguro que no volverá a ocurrir.
Alzando de nuevo su mano derecha, Kibai esbozó la sonrisa más inocente que pudo a la vez que saludaba a la multitud que tenía enfrente.
— Lo siento amigos, les aseguro que no tienen nada de lo que preocuparse. Mis guardianas solamente persiguen a los malhechores, los criminales y los piratas. Nunca han hecho daño a ningún humano ni animal pacífico. Pueden estar tranquilos con ello.
Tras rematar su saludo, Kibai se colocó en posición de firmes durante un instante a la derecha de Stroud, antes de girarse de nuevo hacia el hombre que les había solicitado su ayuda para llevar los suministros al castillo, aunque su oido permanecía atento a si la multitud se acercaba más, y sus manos, aparentemente posadas de manera distraída sobre los pomos de Raimei y Arashi, estaban listas para desenvainar el acero. En estos momentos lamentaba no tener consigo el bokken que había empleado contra Moja en su entrenamiento, ya que si la multitud no lograba tranquilizarse y les atacaban, el mink no tenía ninguna intención de causarles daños serios.
— Bien amigo, por dónde iba... Esa ruta por los Drum Rookies, cómo de larga es? Tiene algún tipo de mapa de la región para poder estudiar el camino y elegir el mejor curso de acción?. Y lo más importante, por qué nadie de este pueblo se atreve a hacerlo? Si la tarea es llevar suministros al castillo, y más con urgencia, no dudo que la recompensa que pueda ofrecer a esta gente será cuantiosa, como poco. Y aún así no hay nadie que ose intentar una tarea tan aparentemente baladí?
Los ojos del mink se entrecerraron, estudiando cuidadosamente el rostro del hombre.
— Quizás es porque la ruta no es precisamente un camino de rosas, no es así? Cuénteme, se trata de una razónd ela propia ruta o de los peligros de atañe? Es un problema de la fauna local, o acaso de una naturaleza más.... humana?
El mink se tomó el lujo de remarcar brevemente el concepto de humano en su frase final, mientras aguardaba a que aquel hombre les diese las respuestas sobre la tarea que pretendía que realizasen. A su espalda, el suave zumbido de un par de sus avispas entre el pelo del cuello de su capa le informaba que, por el momento no se había iniciado un ataque.
Aquella palabras a espaldas de Kibai, unido al olor del humo que inundó sus fosas nasales en el momento que las mechas prendieron, fue suficiente para hacer que sus colmillos asomasens mientras el hombre le relataba sus necesidades acerca de un equipo que llevase sus provisiones al castillo.
— Creo que podremos echarle una mano con ese asunto, amigo. Al fin y al cabo, somos la Marina, estamos aquí para servir a los ciudadanos en todo lo que nos necesiten. No obstante, le pediría que aguardase un segundo, tengo algo importante de lo que ocuparme.
Cuando se giró hacia la multitud, Kibai no pudo sino sorprenderse ante la gran multitud que habían convocado sus avispas al salir de su cuerpo. Aquella respuesta era casi fanática. Sin embargo, viendo sus caras más asustadas que furiosas, refrenó su impulso inicial de dejar treinta cuerpos inconscientes durmiendo una siesta reparadora en las calles empedradas.
Casi al unísono, Stroud, que se había posicionado por delante de él, extendió las manos a ambos la dos en una postura pacificadora, informando a la muchedumbre de su identidad y de la presencia de la División 60, asegurando que np había ningún peligro.
Aún sin tener todas consigo, Kibai alzó la mano y chasqueó tres veces los dedos. Las avispas que seguían en el cielo a diecinueve metros a la redonda captaron la señal, dirigiendose de nuevo hacia su señor. Con un suave zumbido, fueron colándose por sus mangas, disimulándose en el amarillo y negro de su propio pelaje, hasta llegar a su posición habitual cuando ya habían surgido de su cuerpo y no estaban de patrulla: camuflándose en el forro de pelo de la capa del mink, asi como en el kanji de Justicia pintado en grandes caracteres negros que cubría toda la parte trasera de la prenda blanca.
— Parece que esta gente tiene los animos muy soliviantados, señor... — susurró a Stroud. — Mis disculpas, creo que llevamos demasiado tiempo en Little Garden, me he acostumbrado a soltar a nuestra red de vigilancia por defecto en cuanto entramos en una zona con angulos muertos. Le aseguro que no volverá a ocurrir.
Alzando de nuevo su mano derecha, Kibai esbozó la sonrisa más inocente que pudo a la vez que saludaba a la multitud que tenía enfrente.
— Lo siento amigos, les aseguro que no tienen nada de lo que preocuparse. Mis guardianas solamente persiguen a los malhechores, los criminales y los piratas. Nunca han hecho daño a ningún humano ni animal pacífico. Pueden estar tranquilos con ello.
Tras rematar su saludo, Kibai se colocó en posición de firmes durante un instante a la derecha de Stroud, antes de girarse de nuevo hacia el hombre que les había solicitado su ayuda para llevar los suministros al castillo, aunque su oido permanecía atento a si la multitud se acercaba más, y sus manos, aparentemente posadas de manera distraída sobre los pomos de Raimei y Arashi, estaban listas para desenvainar el acero. En estos momentos lamentaba no tener consigo el bokken que había empleado contra Moja en su entrenamiento, ya que si la multitud no lograba tranquilizarse y les atacaban, el mink no tenía ninguna intención de causarles daños serios.
— Bien amigo, por dónde iba... Esa ruta por los Drum Rookies, cómo de larga es? Tiene algún tipo de mapa de la región para poder estudiar el camino y elegir el mejor curso de acción?. Y lo más importante, por qué nadie de este pueblo se atreve a hacerlo? Si la tarea es llevar suministros al castillo, y más con urgencia, no dudo que la recompensa que pueda ofrecer a esta gente será cuantiosa, como poco. Y aún así no hay nadie que ose intentar una tarea tan aparentemente baladí?
Los ojos del mink se entrecerraron, estudiando cuidadosamente el rostro del hombre.
— Quizás es porque la ruta no es precisamente un camino de rosas, no es así? Cuénteme, se trata de una razónd ela propia ruta o de los peligros de atañe? Es un problema de la fauna local, o acaso de una naturaleza más.... humana?
El mink se tomó el lujo de remarcar brevemente el concepto de humano en su frase final, mientras aguardaba a que aquel hombre les diese las respuestas sobre la tarea que pretendía que realizasen. A su espalda, el suave zumbido de un par de sus avispas entre el pelo del cuello de su capa le informaba que, por el momento no se había iniciado un ataque.
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