05-05-2026, 10:09 PM
Alhen aceptó el encendedor con un gesto de la cabeza y lo acercó al cigarro con su mano derecha, protegiéndose la llama del viento del puerto con la palma de la mano izquierda antes de dar una primera calada larga y pausada. Cerró los ojos un instante disfrutando de la sensación que le recorría todo el cuerpo. Había algo en ese primer contacto con la nicotina tras horas de navegación que ninguna otra sensación era capaz de replicar, un calor que bajaba despacio por la garganta y se expandía por el pecho como quien tomaba un trago largo de cerveza helada luego de un arduo día de trabajo bajo el sol. Le devolvió el encendedor a Kisuke sin prisa, sosteniendo el humo de la primera calada unos segundos más para luego dejarlo salir en una exhalación de aire que anunciaba un placer que solo se obtiene tras calmar el vicio. Mientras esto sucedía, el suelo del muelle tembló levemente bajo sus pies pues, a dos metros por detrás de Kisuke, una mole de pelaje blanco y negro aterrizó haciendo crujir la madera del muelle como quien se queja de soportar un embate más pesado de lo que puede cargar. Varios de los marineros que recogían redes a 20 metros a su izquierda pegaron un respingo y uno de ellos estuvo a punto de caerse al agua. En la borda del Yoru's Paradox, Yoru abrió los ojos de golpe, erizó el pelaje, lanzó un bufido en dirección al mink panda para luego desaparecer hacia el interior del barco con una actitud de indignación y ofensa exagerada.
Alhen, sin embargo, no le dio importancia ni a Yoru ni a los marineros pues se encontraba absorto en la felicidad que le recorría – y carcomía – los pulmones, pero, consciente de la llegada del mink panda, a quien esperaba llegara eventualmente pues había leído los informes de liberación del Reino Mogaro, dio dos pasos hacia su izquierda hasta quedar a dos metros y medio tanto de Kisuke como de Bambú, donde los tres podían verse bien las caras. Sostuvo el cigarro entre los dedos de la mano derecha, se llevó ambas manos a la altura de la frente con los pulgares apoyados sobre ella y movió los dedos de abajo a arriba mientras sacaba la lengua en el saludo reglamentario de la Armada Revolucionaria, dirigiéndolo a ambos hombres por igual antes de recuperar el cigarro y dar otra calada. Escuchó el informe de Kisuke con los ojos fijos en él, sin interrumpirle, más absorto en disfrutar del cigarro que en escuchar el informe, dando caladas al cigarro de forma pausada mientras el comandante desgranaba uno a uno los avances de la transición política, los proyectos económicos y la propuesta del complejo militar, hasta la disculpa preventiva con la que cerró su exposición.
Alhen dejó que el silencio respirara un par de segundos antes de responder, con el humo aun saliendo despacio de entre sus labios, aunque lo que dijo no tenía relación con el informe de Kisuke – “Una vez conocí a alguien del Reino Shishano que solía decir que después de un taco, un buen tabaco” – exclamó con reminiscencia, agitando el abanico sobre el costado izquierdo de su cara esparciendo el aroma a tabaco que de él se desprendía por todo el puerto – “La burocracia es el taco, Comandante Kageyama. Y lo que viene después es esto.” – dijo levantando levemente el cigarro casi consumido en su totalidad – “Lo han hecho bien.” – guardó el abanico y dejó que la mirada recorriera el puerto un instante, tomando nota de los marineros que seguían mirando de reojo y de los comerciantes que habían abandonado cualquier pretensión de fingir estar ocupados – “He venido a revolucionar la causa.” – dijo mientras volvía su cabeza en dirección a Kisuke y luego a Bambú, abriendo el abanico y sosteniéndolo frente a su cara con una mirada pícara asomando por encima – “¿Tienen algún lugar privado donde podamos continuar esta conversación?”
Alhen, sin embargo, no le dio importancia ni a Yoru ni a los marineros pues se encontraba absorto en la felicidad que le recorría – y carcomía – los pulmones, pero, consciente de la llegada del mink panda, a quien esperaba llegara eventualmente pues había leído los informes de liberación del Reino Mogaro, dio dos pasos hacia su izquierda hasta quedar a dos metros y medio tanto de Kisuke como de Bambú, donde los tres podían verse bien las caras. Sostuvo el cigarro entre los dedos de la mano derecha, se llevó ambas manos a la altura de la frente con los pulgares apoyados sobre ella y movió los dedos de abajo a arriba mientras sacaba la lengua en el saludo reglamentario de la Armada Revolucionaria, dirigiéndolo a ambos hombres por igual antes de recuperar el cigarro y dar otra calada. Escuchó el informe de Kisuke con los ojos fijos en él, sin interrumpirle, más absorto en disfrutar del cigarro que en escuchar el informe, dando caladas al cigarro de forma pausada mientras el comandante desgranaba uno a uno los avances de la transición política, los proyectos económicos y la propuesta del complejo militar, hasta la disculpa preventiva con la que cerró su exposición.
Alhen dejó que el silencio respirara un par de segundos antes de responder, con el humo aun saliendo despacio de entre sus labios, aunque lo que dijo no tenía relación con el informe de Kisuke – “Una vez conocí a alguien del Reino Shishano que solía decir que después de un taco, un buen tabaco” – exclamó con reminiscencia, agitando el abanico sobre el costado izquierdo de su cara esparciendo el aroma a tabaco que de él se desprendía por todo el puerto – “La burocracia es el taco, Comandante Kageyama. Y lo que viene después es esto.” – dijo levantando levemente el cigarro casi consumido en su totalidad – “Lo han hecho bien.” – guardó el abanico y dejó que la mirada recorriera el puerto un instante, tomando nota de los marineros que seguían mirando de reojo y de los comerciantes que habían abandonado cualquier pretensión de fingir estar ocupados – “He venido a revolucionar la causa.” – dijo mientras volvía su cabeza en dirección a Kisuke y luego a Bambú, abriendo el abanico y sosteniéndolo frente a su cara con una mirada pícara asomando por encima – “¿Tienen algún lugar privado donde podamos continuar esta conversación?”
Resumen
Invasión
Ejercito
