05-05-2026, 11:40 PM
(Última modificación: 05-05-2026, 11:41 PM por Stroud Nanashi.)
Pese a ser otoño, el día resultaba enormemente cálido, especialmente en comparación con lugares como Roshwan, o su natal Spider Miles. El cielo estaba cubierto de nubes, y amenazaba lluvia en cualquier momento. Sin lugar a dudas, aquel era uno de los lugares más tropicales que Stroud hubiese visitado jamás. Aquella temperatura, en aquella estación, se le hacía de una extrañeza casi hostil, casi nauseabundo. Era como si algo no encajase. Parecía ser el único al que aquello le inquietaba tanto, sin embargo. Arqueó una ceja mientras la chica volvía a escribir con letra apresurada. No terminaba de entender por qué le daba tanta importancia al asunto.
La mujer era un extraño amasijo de nervios y paz; parecía ansiosa por explicarse, por contarle a cualquiera por qué hacía lo que hacía, y, al mismo tiempo, no parecía el tipo de persona que se preocupase en exceso por las cosas del mundo. Era una mezcla poco común. La forma en que había comenzado a contar con sus dedos, quedándose rápidamente sin suficientes dígitos como para seguir la suma, no le pasó desapercibida, aunque no comentó nada al respecto. Sentado sobre la roca, negó con la cabeza, arqueando ambas cejas cuando la muchacha sugirió haberlo insultado de alguna manera. Nada más lejos de su intención. Hizo un ademán con las manos, restándole importancia. "¡En absoluto!," dijo, respondiendo a su pregunta, "me refería simplemente a que lo sea con el próximo que vea, es pago suficiente," afirmó. No había ningún doble sentido, ningún reproche oculto en sus palabras. ¿Cómo podía explicarlo? "Me refiero a que el mejor pago a la Marina es tratar adecuadamente a sus miembros. El resto nos va en el sueldo, ¿sabe?," intentó explicarse, tal vez haciéndolo algo más confuso que antes. Se detuvo a pensar un segundo, colocándose una mano sobre el mentón. "A menudo la gente se empeña en pagarnos como agradecimiento y cosas así, pero, cuando trata con otro Marine, su agradecimiento parece habérsele olvidado. Queda en palabras vacías, es a lo que me refiero," concluyó, asintiendo con la cabeza reflexivamente. "Tampoco tiene importancia, creo que me explico."
Frunció el ceño, sin embargo, al leer lo que decía acerca del contacto físico, asintiendo. "No se preocupe, reacciones como esa son normales. Yo mismo tampoco me lo hubiera tomado bien, si le digo la verdad," admitió, haciendo un gesto para restarle importancia, y prefirió dejarlo ahí, sin explayarse más de la cuenta. Era habitual reaccionar de forma adversa a algo como aquello, y más en momentos de estrés y tensión como los que la patosa chica había vivido. No parecía el tipo de persona que hubiese sido esclava. Supuso que la mayoría de esclavos liberados no debían aparentarlo. No lo sabía con certeza; no estaba seguro de haber conocido a otros ex-esclavos. "Siento leer eso," se limitó a decir. Prefirió no indagar más de la cuenta. Cuando sucedía algo como aquello, a menudo era estúpido decir nada más allá de una disculpa. Entornó los ojos, viendo cómo la mujer escribía algunas palabras más, inclinándose ligeramente hacia el lado, aún sentado sobre la roca para leerlo con calma.
"¡No es de aquí, entonces!," exclamó con sorpresa, aun manteniendo el tono imperturbable de su voz, observando la camisa que mostraba la chica. No corrigió ni el "tú" ni el "usted", ni dio señales de molestia ante ninguno de ellos. "Estoy de viaje, en poco partiré con los míos hacia Cabos Gemelos. Asuntos oficiales, ya se imagina," dijo, haciendo un ademán e intentando que no sonase como si se estuviese dando más importancia de la cuenta. Le era difícil no quedar como un pedante cuando hablaba de trabajo. Echó otro vistazo a la mujer, escudriñándola de arriba a abajo. Cualquier sospecha de criminalidad que pesase sobre ella se había esfumado ya de su cabeza; estaba claro que no había nada en aquella chica que indujese a pensar que pudiese ser una pirata o, peor aún, una revolucionaria. Sin embargo, no era nada habitual que los civiles anduviesen pasando por Samba solo por unos días.
Stroud siempre había sido enemigo del concepto de bajar la guardia alrededor de otros. No porque creyese que había que estar siempre en tensión, en permanente alerta; aquello solo llevaba a la paranoia y a la incapacidad de confiar en otros. Era partidario de que nadie nunca lo pillase a uno desprevenido, sin más, en un mundo en que, a excepción de la Justicia y sus hijos, todo parecía moverse por intereses particulares. Sin embargo, Seraphine era el tipo de persona que producía una presencia, de alguna manera, reconfortante, tranquilizadora, pese a su evidente y abundante propio nerviosismo. Tomó una rama del suelo con la misma mano con la que había ayudado a subir a Seraphine, aún mojada por algunas salpicaduras de agua, y comenzó a garabatear sobre el suelo. "¿Doy por hecho que usted también está de paso, entonces? Estas aguas están más peligrosas que nunca. Nunca se sabe qué lo espera a uno," masculló, sonando casi como un padre, pese a que, sin él saberlo, ella lo superaba ampliamente en años. "¿Va a algún lado?"
La mujer era un extraño amasijo de nervios y paz; parecía ansiosa por explicarse, por contarle a cualquiera por qué hacía lo que hacía, y, al mismo tiempo, no parecía el tipo de persona que se preocupase en exceso por las cosas del mundo. Era una mezcla poco común. La forma en que había comenzado a contar con sus dedos, quedándose rápidamente sin suficientes dígitos como para seguir la suma, no le pasó desapercibida, aunque no comentó nada al respecto. Sentado sobre la roca, negó con la cabeza, arqueando ambas cejas cuando la muchacha sugirió haberlo insultado de alguna manera. Nada más lejos de su intención. Hizo un ademán con las manos, restándole importancia. "¡En absoluto!," dijo, respondiendo a su pregunta, "me refería simplemente a que lo sea con el próximo que vea, es pago suficiente," afirmó. No había ningún doble sentido, ningún reproche oculto en sus palabras. ¿Cómo podía explicarlo? "Me refiero a que el mejor pago a la Marina es tratar adecuadamente a sus miembros. El resto nos va en el sueldo, ¿sabe?," intentó explicarse, tal vez haciéndolo algo más confuso que antes. Se detuvo a pensar un segundo, colocándose una mano sobre el mentón. "A menudo la gente se empeña en pagarnos como agradecimiento y cosas así, pero, cuando trata con otro Marine, su agradecimiento parece habérsele olvidado. Queda en palabras vacías, es a lo que me refiero," concluyó, asintiendo con la cabeza reflexivamente. "Tampoco tiene importancia, creo que me explico."
Frunció el ceño, sin embargo, al leer lo que decía acerca del contacto físico, asintiendo. "No se preocupe, reacciones como esa son normales. Yo mismo tampoco me lo hubiera tomado bien, si le digo la verdad," admitió, haciendo un gesto para restarle importancia, y prefirió dejarlo ahí, sin explayarse más de la cuenta. Era habitual reaccionar de forma adversa a algo como aquello, y más en momentos de estrés y tensión como los que la patosa chica había vivido. No parecía el tipo de persona que hubiese sido esclava. Supuso que la mayoría de esclavos liberados no debían aparentarlo. No lo sabía con certeza; no estaba seguro de haber conocido a otros ex-esclavos. "Siento leer eso," se limitó a decir. Prefirió no indagar más de la cuenta. Cuando sucedía algo como aquello, a menudo era estúpido decir nada más allá de una disculpa. Entornó los ojos, viendo cómo la mujer escribía algunas palabras más, inclinándose ligeramente hacia el lado, aún sentado sobre la roca para leerlo con calma.
"¡No es de aquí, entonces!," exclamó con sorpresa, aun manteniendo el tono imperturbable de su voz, observando la camisa que mostraba la chica. No corrigió ni el "tú" ni el "usted", ni dio señales de molestia ante ninguno de ellos. "Estoy de viaje, en poco partiré con los míos hacia Cabos Gemelos. Asuntos oficiales, ya se imagina," dijo, haciendo un ademán e intentando que no sonase como si se estuviese dando más importancia de la cuenta. Le era difícil no quedar como un pedante cuando hablaba de trabajo. Echó otro vistazo a la mujer, escudriñándola de arriba a abajo. Cualquier sospecha de criminalidad que pesase sobre ella se había esfumado ya de su cabeza; estaba claro que no había nada en aquella chica que indujese a pensar que pudiese ser una pirata o, peor aún, una revolucionaria. Sin embargo, no era nada habitual que los civiles anduviesen pasando por Samba solo por unos días.
Stroud siempre había sido enemigo del concepto de bajar la guardia alrededor de otros. No porque creyese que había que estar siempre en tensión, en permanente alerta; aquello solo llevaba a la paranoia y a la incapacidad de confiar en otros. Era partidario de que nadie nunca lo pillase a uno desprevenido, sin más, en un mundo en que, a excepción de la Justicia y sus hijos, todo parecía moverse por intereses particulares. Sin embargo, Seraphine era el tipo de persona que producía una presencia, de alguna manera, reconfortante, tranquilizadora, pese a su evidente y abundante propio nerviosismo. Tomó una rama del suelo con la misma mano con la que había ayudado a subir a Seraphine, aún mojada por algunas salpicaduras de agua, y comenzó a garabatear sobre el suelo. "¿Doy por hecho que usted también está de paso, entonces? Estas aguas están más peligrosas que nunca. Nunca se sabe qué lo espera a uno," masculló, sonando casi como un padre, pese a que, sin él saberlo, ella lo superaba ampliamente en años. "¿Va a algún lado?"

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