La Biblioteca de las Bestias [Aventura Presente Absoluto T4][Zhang & Bai]
#11
Con cuidado de no clavar el tacón de las botas en el robusto cuerpo de su aliado, Bai apoyó parcialmente su peso sobre el hombro de Kay para impulsarse y alcanzar el saliente en el que Oliver se había refugiado. Para ello, primero aferró las manos a la dura roca y, después, dejó que sus brazos asumieran todo el esfuerzo de alzar su cuerpo. Mientras tanto, el tirador ya se había apartado en busca de su propio camino.
 
—Deberías descansar —insinuó al advertir el cansancio del birkiniano, al tiempo que se sacudía los restos de polvo y arenilla.

Entonces ocurrió algo que ni siquiera ella misma habría sido capaz de anticipar. El rostro de Bai se iluminó. ¿Le estaba ofreciendo parte de su tesoro? No estaba del todo segura pero, en sus ojos, se advertía una mueca de incredulidad.

—¿Harías eso por un desconocido? —su voz sonó precavida, como si no deseara revelar la emoción que la embargaba y que trataba de mantener a raya—. Kay, yo… estaría encantada de tener una copia.

Su mano se elevó para rozar el brazo del birkiniano pero, tan pronto como quedo sostenida en medio del aire, descubrió que la presencia del niño, en ese instante, la incomodaba. Así que, matar el acto y carraspear, decidió que haría otra cosa para disimular: tratar de orientarse. Y no, no es que poseyera un don como el que había tenido una de sus antiguas compañeras —ni tampoco una memoria eidética que le permitiera determinar con exactitud su posición—, pero, grosso modo, evocando vagamente el mapa, calculando distancias y, sobre todo, tomando el incendio como referencia, podría lograr hacerse una idea aproximada de cuánto trayecto les restaba hasta el ascensor y de por dónde podría encontrarse Zhang, si es que no se había visto obligado a detenerse por algún imprevisto.

—El cuenco no nace para estar vacío, ni el vaso para el placer estético —comentó de pronto la birkiniana, guardando luego silencio para permitir a Kay retomar la palabra.

—Lamentablemente, no concuerdo contigo en esto. Puede que el conocimiento nos vuelva propensos a la maldad, concepto que, si me lo permites, convendría discutir antes. Pero no por ello instrumentalizarlo es malo.

La voz de la joven, aunque serena y apacible, había adquirido una firmeza de un cariz difícil de definir sino como autoritario

—Si permites que tus deseos primarios te dominen, como bien has señalado, es cierto que puedes acabar retorciendo lo que sabes para someter la razón a tu voluntad. Pero no es más que eso: una posibilidad —hizo una breve pausa, durante la cual sus alas se desplegaron, como un pecho henchido de orgullo que busca conferir mayor peso a sus palabras del que en verdad poseen—. Mi propósito es muy distinto, si eso es lo que quieres saber. Deseo conocer el mundo, comprenderlo, emplear ese conocimiento en beneficio de todos y ser, en definitiva, el cuenco que nació para ser colmado.

—Confieso que no temo convertirme en esa clase de persona a la que otros tildan de demonio. ¿Justificaría el daño en nombre de un bien mayor? Sí. ¿Perjudicaría a unos en favor de otro tipo de beneficio? También. Quizá eso me convierta a mí misma en un instrumento, o quizá en una idealista… ¿pero no lo eres tú también? —sus alas se estremecieron, como si ella misma se hubiese creído hasta la médula su propio discurso—. En última instancia, la diferencia la marca la supervivencia. Lo que está ocurriendo podría ser un buen ejemplo…

Bai señaló la humareda.

—Supongamos que hubieras provocado este incendio. Si no quedara ningún superviviente, ni siquiera tú, el juicio moral quedaría fijado en el daño inmediato: incendiaste, mataste y no hubo más que pérdidas. Pero si sobrevives, ni siquiera será necesario que digas nada; el juicio no permanecerá anclado en el instante del incendio. El relato variará, aun cuando el hecho sea el mismo. Lo que intento decir, Kay, es que mientras…

¡Boom!

Un estallido de fuego la hizo tambalearse y dar varios pasos hacia atrás. Su mirada, vibrante y trémula, buscó al niño con avidez. Por suerte este no parecía haber sufrido daño alguno.

—¡Espera, Kay! —su voz se desvaneció casi al instante, cuando ambos jóvenes salieron disparados frente a ella.

Su lengua chasqueó.

Cerró los ojos con fuerza y, por un momento, el mundo se volvió oscuro; podía guiarse por el fuego y el humo, pero carecía de brújula y no sabía orientarse con precisión. Podía intentar seguir rastros, pero no era ninguna exploradora. Por otro lado, el niño y el erudito que avanzaban delante sí sabían hacia dónde se dirigían.

Tic.
Si se marchaba sola, con el viento que soplaba, la probabilidad de acabar rodeada por las llamas o extraviarse era elevada. Por el otro, si los seguía, perdería un tiempo valioso del que posiblemente se arrepentiría.
¿Cuánto vale una vida? ¿Cuál es la provabilidad por la que se arriesgaría?
Tac.

—Imbécil… —murmuró para sí, antes de lanzarse tras el dúo de birkinianos hacia dondequiera que se dirigiesen.

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Bai Mudan
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RE: La Biblioteca de las Bestias [Aventura Presente Absoluto T4][Zhang & Bai] - por Bai Mudan - 06-05-2026, 11:06 AM

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