Tratado sumarísimo sobre la defensa de Baquerilla med... | Presente R. | Priv.
#8
Suspiró un poco al ver que Tsunamaro no era de esos que se volvía loco al más mínimo indicio de violencia o conflicto. Al parecer podrían darle una lección a estos intentos de marines, sin levantar un escándalo, era de agradecer, pues aún no tenía intenciones de llamar la atención y hacerse famoso por ir en contra de la justicia, quería disfrutar de la tranquilidad que aún tenía al no ser una persona buscada o señalada como criminal. 

A penas nos vieron se alarmaron, pues no pasó mucho hasta que el gyojin dio el primer paso mostrando sus armas, tal como el peliblanco hizo al sacar a Shinso de su escondite y desenvainarla. Desde aquel problemático encuentro con la marina en el puerto de Baquella que no tenía que utilizar su arma, siempre es esta organización la que le obliga a pelear. 

Antes de pensar en atacar echó una mirada rápida al pequeño animal victima de la frustración de esas bestias en potencia. Aún se podía sostener en sus cuatro patas, aunque a la distancia era imposible determinar qué tan herido estaba la pobre criatura. 

Cuando su improvisado compañero le confirmó que cada uno se tendría que encargar de dos reclutas abrió sus ojos y los observó a todos para elegir a quien tendría que "educar", lamentablemente no pudo seleccionar a nadie, ya que uno de ellos se abalanzó hacia adelante con un palo que ocupaba como lanza, aunque de manera muy torpe, detrás de él, venía otro tipo desarmado, pensando que sus puños serían suficiente para derribar al peliblanco, tenían confianza, eso se lo daba. 

Pudo ver como Tsunamaro los esquivó yendo hacia la pared con un salto, tras eso se fijó sobre todo en sus adversarios. En milésimas de segundos tuvo que decidir cómo quería derribarlos, así que mientras esquivaba al tipo de la lanza moviéndose hacia su izquierda, entonces con el mango de shinso golpeó unas cuatro veces en la cabeza del hombre armado. Todos los golpes fueron en distintos puntos. Uno cerca de su ojo derecho, otro en la mandíbula, otro cerca de la nariz y el último sobre la ceja derecha.

Al segundo que venía detrás de el le dio el mismo tratamiento, aunque fueron más golpes y alrededor de todo el torso de su cuerpo y dos en su mandíbula para dejarlo inconsciente o cuanto menos mareado. Soltó una pequeña risa cuando vio al gyojin estrangular a sus dos adversarios, uno con cada brazo, era una escena cuanto menos, bizarra.

Volvió a centrar la mirada en sus oponentes ya caídos y por un momento pensó en cortarlos con el filo de su daga, pero no sabía si podía contenerse y evitar darles algún corte que pudiera comprometer sus vidas o alguna hemorragia que requiera una ayuda rápida, la cual sabía que no llegaría, por eso optó por solo darles golpes con el mango de Shinso. A pesar de que aborrecía lo que estaban haciendo y a la organización que representaban, no quería acabar con simples cadetes, eso solo iba a incrementar la sensación de inseguridad de Baquella y sabía de primera mano, las horribles consecuencias que ese tipo de tempo puede traer.

Luego de terminar con esos proyectos fallidos de marines suspiró profundamente e intentó relajar los hombros. En ese momento se acordó de algo, así que inmediatamente se llevó una mano a su pelo y la revolvió, pocos segundos después puso la palma frente a si mismo y la abrió, para su buena fortuna no encontró un rastro de cabello.
- Oye no tendré esa melena cartilagosa tuya, pero aún no me estoy quedando calvo... creo - Alguna que otra vez ha visto algún pelo albino sobre la almohada, por lo que es un tema que ya empezaba a rondar por su cabeza de manera un tanto constante. - De todas formas, acepto ese pócima o lo que sea - Era mejor prevenir que lamentar, claramente.

Luego de asegurarse de que no se le cayó ningún pelo, miró con un poco de asco a los marines que abatió. El confirmar que desde el comienzo de su carrera militar, ya actúan de esa manera, le hizo reforzar su pensamiento de que es una organización que ya no tiene ninguna salvación posible. Deben caer. 

Pasaron unos segundos antes de acercarse al pobre perro, que como es natural estaba a la defensiva ante cualquiera que se le acerque. Seguramente ya tiene un trauma que difícilmente pueda borrar y lamentablemente él no tenía la estabilidad ni el tiempo para poder arreglar lo que causaron esos tipos. -
¿Y ahora qué hacemos con este cachorro? dudo que se deje ayudar y si nos vamos sin más, ambos quedaremos con cargo de conciencia... o quizá no, pero estaría bien ayudarlo. - Nunca tuvo una mascota, así que estaba cuanto menos perdido sobre el cómo proceder en una situación como esta. Esperaba que al menos Tsunamaro tuviera alguna remota idea de cómo actuar.
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RE: Tratado sumarísimo sobre la defensa de Baquerilla med... | Presente R. | Priv. - por Dean - 06-05-2026, 06:37 PM

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