06-05-2026, 08:27 PM
(Última modificación: 06-05-2026, 08:32 PM por Seraphine Soyer.)
Se llevó unos cuantos nudillos a su mente, pensativa, concentrándose en su respiración, las reacciones de Stroud no le parecían del todo… de acuerdo a la edad que el chico parecía tener, ser mucho menor que Seraphine o eso parecía, pero al mismo tiempo, tenía unas facciones más definidas, desarrolladas, a la pobre skypean le estaban fallando un poco las neuronas por su manera de sobrepensar las cosas. —Disculpa— Alzó una mano. —¿Cuál es tu edad?— Optó por tratarlo como tú, pues eso le resultaba más sencillo; lejos de esas celebraciones donde se necesitaban etiquetas, la pelirrosa aspiraba a ser libre en todos los aspectos.
Y cuando estuvo a punto de asentir respecto, puesto que comprendía el querer respeto a sus arduos trabajos, siendo algo que la más alta podía entender, sintió de pronto su cuerpo tensarse, la sonrisa manifestarse en su rostro, manteniendo aquella expresión que tanto la caracterizaba de chica buena; no obstante, en su mente, casi se podía decir que Seraphine había entrado en modo de supervivencia y el rostro de Stroud fue reemplazado por el de su antiguo amo, siendo las uñas enterradas en su palma lo único que evitó el desplomarse otra vez en aquella oscuridad que la perseguía y se negaba a soltarla.
Era como estar en aquella celda, frente a su captor.
¿Cómo… podía?
¿Se estaba quejando de palabras vacías?
¿Qué se les pareces haberse olvidado?
Ejerció fuerza en su mandíbula, agradeciendo el no poder hablar, agradeciendo ya haber estado en más de una situación donde el destino parecía burlarse de ella y poder manejarlo, más o menos. ¿De verdad un marine se estaba diciendo que no recibían el reconocimiento que merecían, cuando ellos hacían oídos sordos a los lamentos que venían de otro ángulo y parecían preferir perseguir las faldas de sus queridos amantes, los piratas? ¿De verdad merecía reconocimiento alguien que apartaba la mirada y era eso casi como entregarla a aquel hombre que buscó despedazarla y, lo peor de todo, lo consiguió durante largos ocho años?
Largos ochos años donde hubiese preferido morir y de cierta forma lo consiguió, olvidando quién era, qué recuerdos la componían; el acceder a los recuerdos de esos días eran demasiados dolorosos mientras tenía la suela del zapato de aquel hombre sobre su rostro, arrebatándole todos sus derechos.
Se mordió el labio inferior, buscando guiar sus pensamientos por otro lado, sin saber muy bien en qué momento se vio envuelta en aquella espiral, resultando ser demasiado para ella; solo asintió, sin responder, para dar a entender que lo entendió. —Lo comprendo— Se acercó a la canasta de ropa sucia, doblando un poco la ropa para tener algo que distraerse y supuso que la lavaría otro día, ya que de seguro la destrozaría por pura rabia y no pudo evitar morderse el labio inferior, agradeciendo el estar dándole la espalda, para que su expresión dolida se mostrase cuando el otro hombre mencionó que lo sentía, como si no fuese otro peón complaciente del sistema.
No entendía del todo por qué fue en especial aquellas palabras, contrario al resto de marines que interactúo, fue la que más le caló, se sintió de pronto algo tonta, queriendo hacerse amigos con Kibai, dejándose llevar porque el hombre le parecía buena persona.
—¿Hubieras apartado mi mano también?— Escribió y sacudió la cabeza. —No, ¿de dónde eres tú?— Se rascó un poco la mejilla. —Si me lo dijiste antes, creo que lo olvidé por la agitación de haberme caído al agua— No pudo evitar reírse un poco, debía de aparentar que todo era normal, sin darse cuenta que volvió a meterse en aquel papel de bella bailarina. —¿Asuntos…? Dime, ¿No están siendo demasiado duros contigo?— Se inclinó un poco hacia adelante, invadiendo un poco el espacio personal del hombre. —Tendrás musculatura de la que alardear, pero me preocupa un poco que no estés descansado lo suficiente, parece como si estuviese delante de un abuelo.
Se dio un golpecito en su mentón.
—¿Conoces a Moja o Kibai?— Ladeó la cabeza con curiosidad, colocando un mechón detrás de su oreja. —Por ahora, ningún lado fijo, tras pasar ocho años siendo la esclava de alguien, yo solo quiero…— Se alejó de la cesta de ropa sucia y levantó ambas manos, utilizando de pronto la naturaleza como escenario, su corazón latiendo de alegría mientras sentía la luz sobre su piel, sus pies siguiendo un ritmo músical imaginario de la orquesta que la música de los animales, el viento y el movimiento de los árboles podían conjurar, casi tratandolo con una travesura inocente de un baile privado donde Seraphine se olvidó del rubio presente delante de ella, donde bailó hasta saciar su amor, su pasión, no siendo algo demasiado intrincado, simple, pero vivo, un paso, se volvió dos, tres, cuatro y por último cinco. —bailar en cada isla que llegue a conocer.
Sonrió, sus mejillas sonrojadas por el ánimo, apoyando su palma contra el pecho.
—Bueno, lavar será otro día— Gruñó. —Ahora estoy de humor de seguir bailando— Dio un par de saltitos, moviendo las alitas en su espalda. —¿Qué te parece si te doy algunas clases?— Juntó sus palmas, dejando caer su lápiz y libreta contra el suelo, necesitaba distraerse de sus emociones negativas de aquel entonces y el baile era su forma predilecta de hacerlo.
También reconocía que era una chica demasiado sensible y que eso podía llegarla a malinterpretar cosas.
Y una parte de ella quería que no conociera a Moja, ya que aquello confirmaba sus sospechas de que fuese un marine.
Y cuando estuvo a punto de asentir respecto, puesto que comprendía el querer respeto a sus arduos trabajos, siendo algo que la más alta podía entender, sintió de pronto su cuerpo tensarse, la sonrisa manifestarse en su rostro, manteniendo aquella expresión que tanto la caracterizaba de chica buena; no obstante, en su mente, casi se podía decir que Seraphine había entrado en modo de supervivencia y el rostro de Stroud fue reemplazado por el de su antiguo amo, siendo las uñas enterradas en su palma lo único que evitó el desplomarse otra vez en aquella oscuridad que la perseguía y se negaba a soltarla.
Era como estar en aquella celda, frente a su captor.
¿Cómo… podía?
¿Se estaba quejando de palabras vacías?
¿Qué se les pareces haberse olvidado?
Ejerció fuerza en su mandíbula, agradeciendo el no poder hablar, agradeciendo ya haber estado en más de una situación donde el destino parecía burlarse de ella y poder manejarlo, más o menos. ¿De verdad un marine se estaba diciendo que no recibían el reconocimiento que merecían, cuando ellos hacían oídos sordos a los lamentos que venían de otro ángulo y parecían preferir perseguir las faldas de sus queridos amantes, los piratas? ¿De verdad merecía reconocimiento alguien que apartaba la mirada y era eso casi como entregarla a aquel hombre que buscó despedazarla y, lo peor de todo, lo consiguió durante largos ocho años?
Largos ochos años donde hubiese preferido morir y de cierta forma lo consiguió, olvidando quién era, qué recuerdos la componían; el acceder a los recuerdos de esos días eran demasiados dolorosos mientras tenía la suela del zapato de aquel hombre sobre su rostro, arrebatándole todos sus derechos.
Se mordió el labio inferior, buscando guiar sus pensamientos por otro lado, sin saber muy bien en qué momento se vio envuelta en aquella espiral, resultando ser demasiado para ella; solo asintió, sin responder, para dar a entender que lo entendió. —Lo comprendo— Se acercó a la canasta de ropa sucia, doblando un poco la ropa para tener algo que distraerse y supuso que la lavaría otro día, ya que de seguro la destrozaría por pura rabia y no pudo evitar morderse el labio inferior, agradeciendo el estar dándole la espalda, para que su expresión dolida se mostrase cuando el otro hombre mencionó que lo sentía, como si no fuese otro peón complaciente del sistema.
No entendía del todo por qué fue en especial aquellas palabras, contrario al resto de marines que interactúo, fue la que más le caló, se sintió de pronto algo tonta, queriendo hacerse amigos con Kibai, dejándose llevar porque el hombre le parecía buena persona.
—¿Hubieras apartado mi mano también?— Escribió y sacudió la cabeza. —No, ¿de dónde eres tú?— Se rascó un poco la mejilla. —Si me lo dijiste antes, creo que lo olvidé por la agitación de haberme caído al agua— No pudo evitar reírse un poco, debía de aparentar que todo era normal, sin darse cuenta que volvió a meterse en aquel papel de bella bailarina. —¿Asuntos…? Dime, ¿No están siendo demasiado duros contigo?— Se inclinó un poco hacia adelante, invadiendo un poco el espacio personal del hombre. —Tendrás musculatura de la que alardear, pero me preocupa un poco que no estés descansado lo suficiente, parece como si estuviese delante de un abuelo.
Se dio un golpecito en su mentón.
—¿Conoces a Moja o Kibai?— Ladeó la cabeza con curiosidad, colocando un mechón detrás de su oreja. —Por ahora, ningún lado fijo, tras pasar ocho años siendo la esclava de alguien, yo solo quiero…— Se alejó de la cesta de ropa sucia y levantó ambas manos, utilizando de pronto la naturaleza como escenario, su corazón latiendo de alegría mientras sentía la luz sobre su piel, sus pies siguiendo un ritmo músical imaginario de la orquesta que la música de los animales, el viento y el movimiento de los árboles podían conjurar, casi tratandolo con una travesura inocente de un baile privado donde Seraphine se olvidó del rubio presente delante de ella, donde bailó hasta saciar su amor, su pasión, no siendo algo demasiado intrincado, simple, pero vivo, un paso, se volvió dos, tres, cuatro y por último cinco. —bailar en cada isla que llegue a conocer.
Sonrió, sus mejillas sonrojadas por el ánimo, apoyando su palma contra el pecho.
—Bueno, lavar será otro día— Gruñó. —Ahora estoy de humor de seguir bailando— Dio un par de saltitos, moviendo las alitas en su espalda. —¿Qué te parece si te doy algunas clases?— Juntó sus palmas, dejando caer su lápiz y libreta contra el suelo, necesitaba distraerse de sus emociones negativas de aquel entonces y el baile era su forma predilecta de hacerlo.
También reconocía que era una chica demasiado sensible y que eso podía llegarla a malinterpretar cosas.
Y una parte de ella quería que no conociera a Moja, ya que aquello confirmaba sus sospechas de que fuese un marine.
![[Imagen: RlTqH6C.jpeg]](https://i.imgur.com/RlTqH6C.jpeg)
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