Capitulo 11: Realidad del Puerto
Lugar: Baterilla, Puerto en Baquella
Fecha: 70 de otoño, año 17
Hora: 6:30 PM
Lugar: Baterilla, Puerto en Baquella
Fecha: 70 de otoño, año 17
Hora: 6:30 PM
Con un paso casi ligero, me abría camino en las calles de la zona de comercio, el clima cambiante de esta isla me hacía estremecer de vez en cuando, como el día de hoy, sentía que la noche era un poco más helada ¿Quizás porque el invierno pronto llegará?, más motivos para estar vestida apropiadamente y dejar mi mal hábito aunque eso era imposible. Esta noche portaba el uniforme de la marina como era debido, pero para ser sincera aun sentía como la sangre me hervía ligeramente al recordar el acontecimiento de esta tarde, nuevamente mis superiores me volvieron a llamar la atención por no lucir correctamente el uniforme, pero por más que explicara de qué se trataba de un mal hábito, me volvieron a sancionar por dicha conducta. ¿Quién dijo que el camino al éxito era fácil?, evidentemente estaba pasando por una mala racha y debía solucionarlo pronto, Mi debilidad podría ser mi mayor ventaja o eso dicen los hombres en tiempo de guerra. Por esa misma razón esta noche tenía un ace bajo el uniforme.
Antes de que saliera del cuartel recibí una carta en donde me asignaron una tarea algo sencilla y repentina, cansada por laborar todo el día ahora debía realizar horas extras. Suspire pero me resigne, La carta mencionaba el reporte de una mercadería robada en el puerto, mi objetivo era recaudar información o encontrar pistas que resolviera el dilema, técnicamente una noche en la que debía realizar patrullaje, ¿Acaso era algún intento de pirateria? Bueno, la idea no sería del todo sorprendente pues estos actos de criminalista siempre eran frecuentes en esta isla.
Por ahora me encontraba en el lugar indicado caminando por las calles mientras observaba las tiendas y los locales pequeños, las calles siendo transitadas por los residentes no dificultaba mi labor. Atenta a cualquier sonido continúe avanzando, con mi sombrilla en mano a veces tocaba objetos que encontraba en la calle, pura basura humana, no era mi deber limpiar las calles pero recogí todo aquello que encontraba y lo depositaba en su respectivo contenedor. Por ahora no encontraba nada fuera de lo normal, simplemente perdiendo el tiempo.
Continuando mi camino, finalmente llegaría al puerto en donde algunos barcos estaban atracados, siguiendo las instrucciones de aquella carta debía interrogar a los navegantes y a los comerciantes que perdieron su mercadería, me aproximaba al barco más cerca, pero antes gritara a todo pulmón –¡BUENAS NOCHES ¿HAY ALGUIEN?!-- Grité con la esperanza que salieran todos a la vez, me desesperaba tener que esperar o mejor dicho, tener que interrogar uno a uno.
Antes de que saliera del cuartel recibí una carta en donde me asignaron una tarea algo sencilla y repentina, cansada por laborar todo el día ahora debía realizar horas extras. Suspire pero me resigne, La carta mencionaba el reporte de una mercadería robada en el puerto, mi objetivo era recaudar información o encontrar pistas que resolviera el dilema, técnicamente una noche en la que debía realizar patrullaje, ¿Acaso era algún intento de pirateria? Bueno, la idea no sería del todo sorprendente pues estos actos de criminalista siempre eran frecuentes en esta isla.
Por ahora me encontraba en el lugar indicado caminando por las calles mientras observaba las tiendas y los locales pequeños, las calles siendo transitadas por los residentes no dificultaba mi labor. Atenta a cualquier sonido continúe avanzando, con mi sombrilla en mano a veces tocaba objetos que encontraba en la calle, pura basura humana, no era mi deber limpiar las calles pero recogí todo aquello que encontraba y lo depositaba en su respectivo contenedor. Por ahora no encontraba nada fuera de lo normal, simplemente perdiendo el tiempo.
Continuando mi camino, finalmente llegaría al puerto en donde algunos barcos estaban atracados, siguiendo las instrucciones de aquella carta debía interrogar a los navegantes y a los comerciantes que perdieron su mercadería, me aproximaba al barco más cerca, pero antes gritara a todo pulmón –¡BUENAS NOCHES ¿HAY ALGUIEN?!-- Grité con la esperanza que salieran todos a la vez, me desesperaba tener que esperar o mejor dicho, tener que interrogar uno a uno.
Resumen

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