Cuarto Frío [Priv. Jin] [Pasado]
#4
Takano hizo una mueca al escuchar el “miedo” que describía el pelirrosa, volviéndose más serio al escucharlo, claramente molesto. —No te preocupes Cherry, no volverá a pasar. También es en parte mi culpa por dejar mi puesto unos minutos. ¡No debes tener miedo a nada! Los hombres del jefe suelen ser muy estrictos... — Hizo una pequeña pausa, rascándose un lado de la cabeza con cierto nerviosismo. —Pero sí es cierto que dan un poco de miedo... — Volvió la mirada de nuevo al pelirrosa, volviendo a dibujar una sonrisa de oreja a oreja. —¡Como sea! Ya viste que pude callarles el hocico a esos gorilas sin cerebro y... Ups... — Descendió su mano, cubriendo su boca al escucharse a sí mismo. —No pasa nada, ignora eso que dije. No quisiera que luego lo pagaran conmigo. Me molesta que hayan intentado echarte y encima te hayan asustado. — Oh, grata fuera la inocencia que padecía el pelirrojo en ese momento, si realmente conociera los verdaderos colores de Cherry, esa opinión no sería la misma.

Escucharlo decir su nombre, en un inicio, lo hizo creer que posiblemente solo fingía, pero cuando mencionó la farmacia y el nombre del dueño, la iluminación en su rostro se hizo clara y nítida, una satisfacción que hacía verse como un pequeño cachorrito animado y feliz. Afortunado era de que no poseyera una cola, porque se estaría sacudiendo con energía emocionada, tanto como la expresión que de por sí dibujaba. —Eres lo mejor del mundo Cherry. — Claramente no había captado el tono coqueto, inocente como ningún otro. —Por recordarme un poquito, y por guardar el secretito.

[***]

Ahora, en la oficina de Jin, el joven con aspecto andrógino y belleza claramente envidiables lo había mirado de reojo, entre curioso y tímido, todavía agitado por la situación que se vio interrumpido. La mano se posaba en una camisa blanca con pequeños detalles tribales que lo hacían ver adorable y más afeminado incluso antes de su desaparición. Jin estaba algo molesto por la interrupción, pasando de nuevo su mano por encima de su cabello, dejando entrever su cicatriz que en ese momento se vio con más claridad al revelar su frente, aunque el gesto solo durase unos escasos segundos. El sudor todavía perlaba su rostro en cierto modo, mientras expulsaba el último halo del humo de su tabaco, que incluso durante el acto lo había estado acompañando.

—No importa. Prefiero la puntualidad, señor Hyákinthos.

Un poco molesto por la interrupción sí estaba, pero también era equitativo con la puntualidad de un cirujano que creyó capaz de olvidar esa cita. Agradeció en silencio que no fuera el caso. —Si también tiene mala orientación, la próxima vez le enviaré a Takano para que lo recoja y así no tendrá tantos altercados. Por supuesto, si supera mis expectativas de hoy. — Recostó su espalda en el asiento, tratando de aliviar silenciosamente la tensión de los músculos por la actividad reciente. —Puede llamarme Jin. Será más fácil para usted recordarlo, no me molesta. — A veces era necesario, como en ese caso.

—Le presentaré al hombre cuando traiga el producto. Por el momento su nombre es Rafael. Es muy bueno en su labor, me encargué de elegir de entre nuestros mejores hombres. No solo será su asistente, también su guía. Nos pondrá al día a los dos de todo en caso de que yo no esté disponible, como mi segunda voz. Se adapta perfectamente a las situaciones y si le explicas todo de forma adecuada, se encargará de hacerlo de la forma que necesite. — Se reacomodó la ropa, terminando de abrochar el resto de los botones de su camisa ahora con más calma. No soportaba verse tan desordenado, pero era mejor estar así a desnudo en un momento serio. Se puso en pie igual que el contrario, con sus manos en los bolsillos. Ignoró el comentario estúpido del pelirrojo, ya sorprendentemente acostumbrado a ello, solo rodando los ojos al ver su inocencia tan... No supo ni cómo describirla. Por fortuna esta vez fue el cirujano quien le dio las pistas adecuadas. Sin embargo, la curiosidad de Takano era ciertamente genuina. 

—¿Blanco y rosa? Pero si el único que tenía el pelo blanco y rosa era el chico de-... — Se silenció, ahora, con el color llenándose en sus mejillas en un rojo intenso, tanto que casi pareció haber humo sobre su cabeza. —¡N-n-no! Quiero decir, ¡No voy a ir a buscar a nadie! — Se cubrió el rostro con ambas manos, ahora avergonzado, finalmente captando la situación.

—Deja de perder el tiempo y ve a esperar a Rafael.

No hubo tiempo para respuestas, el propio Hyákinthos ya se había encargado de hacer una mención clara de lo transcurrido en la entrada. Lo primero que hizo Jin fue dejar escapar un suspiro, acomodando sus manos en los bolsillos calmadamente. Abrió la boca para responder, pero de nuevo, alguien se le adelantó. —¡ME RECORDASTE! ¡RECORDASTE QUE ME LLAMASTE CHILIIIIII!

—¡Takano! — Hubo un silencio muy serio, su voz fue profunda, clara, esa voz que hizo temblar al joven pese a la calma en su voz. Esa que le hizo comprender que la paciencia del yakuza ya se le estaba comenzando a agotarse y el tiempo apremiaba. —Te he dado una orden.

—Ah, sí, sí Jefe, perdón, perdón. Me emocioné un poco. Iré a por el señor Rafael. — Inclinó la cabeza hacia Cherry. —Te veo más tarde. Me hace muy feliz que me recuerdes. — Y finalmente se despidió, dejando a los dos hombres solos. 

—Hay hombres que no captan las cosas, en serio... — Dejó escapar un suspiro cansado, con una mano a un lado de su frente después de retirarlo de su bolsillo. —Ahora, lo que nos cierne. — Dejó caer la mano lentamente, con la otra todavía en el bolsillo. Carraspeó, ahora con un aire más serio y profesional. —Sobre mis hombres, le pido disculpas. Tienen órdenes muy específicas de no dejar entrar a nadie sin un permiso. Debí darles una descripción previa antes de que llegara, su puntualidad no me dio tiempo a hacerlo adecuadamente. Procuraré que no se repita. — Hizo una pausa, ahora caminando hasta la puerta por donde al fin salía el rubio, quien ahora desde la distancia elevaba su brazo, sacudiéndolo hacia los dos hombres. Jin solo lo ignoró y siguió hacia el camino opuesto por el que habían llegado ambos.

—Le mostraré el laboratorio mientras tanto. Acompáñeme, por favor.

La educación estaba implícita mientras caminaba hasta el final del pasillo, dejando pasar las puertas hasta la última, al fondo de todo. La única que dejaba entrever que no había más “camino” que esa misma puerta. Sacó una llave del mismo bolsillo donde tenía la mano y abró la puerta, despacio. La bienvenida fue una iluminación sorprendentemente clara, blanca, como la de un hospital. Además, un aire frío, que era especialmente para mantener los órganos en el mejor estado posible. Al entrar, había muebles blanquecinos, algunos con cristales, con productos, utensilios de medicina, todo puesto como una habitación para un cirujano, con todas las facilidades puestas. En el centro, una camilla de piedra, con el resto de la tecnología necesaria, ya fueran lumínicas, aparatos electrónicos. —Puede revisar si le hace falta cualquier cosa señor Hyákinthos, procuré que tuviera todo lo necesario para hoy.
[Imagen: bTjgVIr.png]
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Cuarto Frío [Priv. Jin] [Pasado] - por Hyákinthos - 21-04-2026, 08:35 AM
RE: Cuarto Frío [Priv. Jin] [Pasado] - por Onizuka Jin - 07-05-2026, 02:16 AM

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