07-05-2026, 09:04 PM
Viktor concluyó la llamada confirmando que nos veríamos en el punto de encuentro antes de colgar. Al concluir la llamada, guardé mi Den Den Mushi en el bolsillo de la gabardina con la mano derecha mientras mi izquierda seguía sujetando firmemente el saco a través de la tela. El punto acordado era la entrada del pueblo, donde habíamos llegado inicialmente, según lo que acordamos antes de iniciar la misión. Vi a Apolo tirado en el suelo a unos cuatro metros frente a las puertas de la taberna, en medio de la avenida, con una mano alzada dramáticamente hacia el cielo mientras gritaba mi nombre inventado, intentaba aguantarse la risa mientras el drama se apoderaba de él, pero al momento en que su mano empezó a descomponerse en arena algo se apodero de mí. Quizás fue la tensión acumulada del duelo con Jack, o quizás fueron los trescientos mil berries perdidos. Probablemente era simplemente que Apolo era mi amigo y su estupidez era contagiosa.
Corrí hacia él gritando – “¡Noooo!” –aunque mis habilidades en las artes escénicas dejaban mucho que desear, cubriendo los cuatro metros en segundos mientras Apolo se convertía en arena- “¡No mueras!” – grité mirándole a la vez que me arrodillaba junto a los restos de arena de Apolo, extendiendo mi mano derecha hacia el montón de polvo como si pudiera detener su desintegración. Mi mano izquierda seguía sujetando el saco en mi gabardina. Sin poder contener más la pésima actuación, empecé a reír – “Gowowo wowowo” – a carcajadas, lo que liberó toda la tensión que había estado cargando. Me senté en el suelo junto a él, todavía riendo, sacudiendo la cabeza ante nuestra estupidez – “Solo contigo puedo dejar de ser soso” – le dije mientras recuperaba el aliento, algo que era 100% verdad. Con Apolo podía ser un idiota y no me sentía mal por serlo y eso valía más que todo el dinero que había perdido en la mesa de Jack.
Tras ese momento de idiotez, escuché lo pasos de la mink vaca que había estado cantando en la taberna quien corría hacia nosotros desde aproximadamente ocho metros de distancia a nuestra derecha. Se detuvo a un metro de donde yo estaba sentado en el suelo, ligeramente agitada, y pregunto si yo era el gyojin capaz de revisar las heridas de su marido. Desvió su mirada hacia Pork, el hombre pelirrojo de poncho naranja que nos había encontrado junto a Billy cuando entramos a Ciudad Escarlata quien estaba de pie a unos cinco metros de las puertas de la taberna, visiblemente herido. Me levanté del suelo inmediatamente, sacudiéndome el polvo del pantalón con la mano derecha – “Por supuesto que puedo curarle” – respondí con voz calmada, volviendo al modo serio. Pork nos había ayudado al inicio. Tanto él como Billy habían sido amables y, más allá de eso, yo era médico, mi deber era curar a los heridos. Caminé los tres metros que me separaban de Pork, manteniendo mi mano izquierda sobre el saco en mi gabardina. Con la derecha, abrí el maletín médico que siempre llevaba colgado del hombro izquierdo bajo la gabardina para luego arrodillarme frente a Pork a medio metro de distancia, dejando el maletín abierto a mi derecha y tras evaluar las heridas de Pork con ojo profesional comencé a curarle.
Empecé por sus heridas que le estaban causando un sangrado mientras, limpiando los cortes con antiséptico para luego vendarlos con una gasa limpia hasta que la hemorragia se detuvo. Luego apliqué todo un botiquín médico grande en el vaquero hasta que le vi visiblemente mejor, empezando a recuperar un poco del color que había perdido – “Evita esfuerzos físicos intensos o se volverán a abrir tus heridas.” – le recomendé al terminar de curarle – “Pero fuera de eso, sobrevivirás.” – sentencié, tras lo que cerré el maletín, me levanté, y me giré hacia Apolo que estaba a unos cinco metros detrás de mí – “La tropa nos espera. Es hora de irnos.” – caminé hacia él mientras ajustaba el maletín médico en mi hombro izquierdo. Mi mano izquierda volvió inmediatamente a su posición sobre el saco en la gabardina. No lo había soltado durante todo el tratamiento médico, simplemente había trabajado con una sola mano.
Necesitábamos reunirnos, teníamos información que compartir y un saco misterioso que revisar. Y, por supuesto, un tiburón que cazar. Comenzamos a caminar por la avenida de doce metros de ancho hacia la entrada del pueblo tras despedirnos de Pork, Billy, y los demás.
Corrí hacia él gritando – “¡Noooo!” –aunque mis habilidades en las artes escénicas dejaban mucho que desear, cubriendo los cuatro metros en segundos mientras Apolo se convertía en arena- “¡No mueras!” – grité mirándole a la vez que me arrodillaba junto a los restos de arena de Apolo, extendiendo mi mano derecha hacia el montón de polvo como si pudiera detener su desintegración. Mi mano izquierda seguía sujetando el saco en mi gabardina. Sin poder contener más la pésima actuación, empecé a reír – “Gowowo wowowo” – a carcajadas, lo que liberó toda la tensión que había estado cargando. Me senté en el suelo junto a él, todavía riendo, sacudiendo la cabeza ante nuestra estupidez – “Solo contigo puedo dejar de ser soso” – le dije mientras recuperaba el aliento, algo que era 100% verdad. Con Apolo podía ser un idiota y no me sentía mal por serlo y eso valía más que todo el dinero que había perdido en la mesa de Jack.
Tras ese momento de idiotez, escuché lo pasos de la mink vaca que había estado cantando en la taberna quien corría hacia nosotros desde aproximadamente ocho metros de distancia a nuestra derecha. Se detuvo a un metro de donde yo estaba sentado en el suelo, ligeramente agitada, y pregunto si yo era el gyojin capaz de revisar las heridas de su marido. Desvió su mirada hacia Pork, el hombre pelirrojo de poncho naranja que nos había encontrado junto a Billy cuando entramos a Ciudad Escarlata quien estaba de pie a unos cinco metros de las puertas de la taberna, visiblemente herido. Me levanté del suelo inmediatamente, sacudiéndome el polvo del pantalón con la mano derecha – “Por supuesto que puedo curarle” – respondí con voz calmada, volviendo al modo serio. Pork nos había ayudado al inicio. Tanto él como Billy habían sido amables y, más allá de eso, yo era médico, mi deber era curar a los heridos. Caminé los tres metros que me separaban de Pork, manteniendo mi mano izquierda sobre el saco en mi gabardina. Con la derecha, abrí el maletín médico que siempre llevaba colgado del hombro izquierdo bajo la gabardina para luego arrodillarme frente a Pork a medio metro de distancia, dejando el maletín abierto a mi derecha y tras evaluar las heridas de Pork con ojo profesional comencé a curarle.
Empecé por sus heridas que le estaban causando un sangrado mientras, limpiando los cortes con antiséptico para luego vendarlos con una gasa limpia hasta que la hemorragia se detuvo. Luego apliqué todo un botiquín médico grande en el vaquero hasta que le vi visiblemente mejor, empezando a recuperar un poco del color que había perdido – “Evita esfuerzos físicos intensos o se volverán a abrir tus heridas.” – le recomendé al terminar de curarle – “Pero fuera de eso, sobrevivirás.” – sentencié, tras lo que cerré el maletín, me levanté, y me giré hacia Apolo que estaba a unos cinco metros detrás de mí – “La tropa nos espera. Es hora de irnos.” – caminé hacia él mientras ajustaba el maletín médico en mi hombro izquierdo. Mi mano izquierda volvió inmediatamente a su posición sobre el saco en la gabardina. No lo había soltado durante todo el tratamiento médico, simplemente había trabajado con una sola mano.
Necesitábamos reunirnos, teníamos información que compartir y un saco misterioso que revisar. Y, por supuesto, un tiburón que cazar. Comenzamos a caminar por la avenida de doce metros de ancho hacia la entrada del pueblo tras despedirnos de Pork, Billy, y los demás.
Resumen
Haki
Calor y Deshidratación
Inventario

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