20-11-2023, 02:10 PM
La intención de Daryl al atravesar el cuerpo del pirata con la espada sería darle un final rápido a su vida. No obstante, la gigante colocó su enorme pie sobre él lo que lo acabó aplastando contra el suelo. Como si de una ola de mar se tratara, la sangre bañó a los dos agentes por completo. — Qué asco... — Susurró Daryl, que procedió a limpiar un poco su cara, sobre todo deshaciéndose de los trozos más... grandes, intestinos y demás cosas que no habían sido aplastados del todo. Para una vez que se ponía una camiseta que no era negra sino blanca, y ahora se volvía completamente roja. En fin.
Irina pasó de contestar a la gigante machaca hombres, él lo hizo, aunque de forma simple y corta. — Creo que todos estamos en la misma misión. — La verdad es que aquello ya había dejado de ser curiosas casualidades. Continuaron caminando, Daryl todavía no guardó la espada, pues aún quedaba trabajo por hacer. Además, aquella muerte no había resultado ser del todo satisfactoria de momento. Deseaba, ansiaba un combate que fuera un uno contra uno, sentía en su interior las ganas que tenía de cortarle la cabeza a Glatus de un tajo limpio. Por el camino se fijó en el resto de sus compañeros, a pesar de que ellos parecían ignorarse mutuamente. Alzeid se encontraba visiblemente cabreado, a saber por qué, la verdad es que no podía importarle menos. Ikirami mostraba una gran herida en el brazo, aunque no parecía dolerle demasiado. Había conseguido cargarse a la otra pirata, quizás no fuera tan inocente como aparentaba.
Paró a la entrada de la cueva, delante de Irina. Seguía transformada en el poder de su curiosa akuma. No era la primera vez que veía ese aspecto, ni la segunda, ni la tercera, pero siempre le parecía interesante. Era como un animal que no pertenecía a este mundo, misterioso y extraño, casi alienígena. Llegó el momento de plantear la estrategia. Irina mostró su disgusto por el plan kamikaze, ella nunca acostumbraba a hacer las cosas de frente. Alzeid, por su lado, propuso dejar a la gigante y a Ikirami fuera de la cueva, la gigante por motivos obvios, y la marine por servir de apoyo, o simplemente porque quería quitársela de la vista. Irina parecía estar esperando a escuchar su opinión, qué extraño. — Por el informe que tenemos, solo quedan dos piratas y Glatus. — Era un tres contra cinco, realmente las matemáticas jugaban a favor del grupo. Aunque no conocían la fuerza de esos piratas. — Quizás sea una idea nefasta... pero es la más divertida, también. — Respondió a su compañera, mientras miraba hacia el interior de la cueva. Jude cabía, al menos en el inicio de esta, quizás cuanto más se adentraran más estrecha se tornaba. — Jude se queda aquí, de momento cabe en la cueva, pero no sabemos si se volverá más pequeña, y nos ahorramos un posible derrumbamiento. Y si alguno intenta escapar, lo aplastas. — Descansó su espada, apoyándola en el suelo. — Nosotros tres entramos. Solo quedan tres, será sencillo. — Dijo mirando hacia Irina y Alzeid. Se giró para ver a Ikirami. — Y tú... puedes hacer lo que quieras. Aunque estás herida, te recomiendo quedarte aquí. — Dio un par de pasos hacia delante, luego se dio la media vuelta para observar a todo el grupo al completo. — Quiero dejar claro que quienes lideramos esta misión somos mi compañera Irina Volkov y yo, Daryl Kilgore, al ser los primeros encargados y los únicos que obtuvieron el informe correspondiente. Tenedlo claro antes de desobedecer a ninguno de los dos. — No le gustaba ser tan autoritario, pero aquel grupo era demasiado grande y caótico, hacía falta un poco de orden. — Una vez dentro, podemos probar a ir en silencio, aunque es probable que ya nos estén esperando. ¿Estás de acuerdo con el plan o no, Irina? — Preguntó por asegurarse, antes de adentrarse en las minas.
Irina pasó de contestar a la gigante machaca hombres, él lo hizo, aunque de forma simple y corta. — Creo que todos estamos en la misma misión. — La verdad es que aquello ya había dejado de ser curiosas casualidades. Continuaron caminando, Daryl todavía no guardó la espada, pues aún quedaba trabajo por hacer. Además, aquella muerte no había resultado ser del todo satisfactoria de momento. Deseaba, ansiaba un combate que fuera un uno contra uno, sentía en su interior las ganas que tenía de cortarle la cabeza a Glatus de un tajo limpio. Por el camino se fijó en el resto de sus compañeros, a pesar de que ellos parecían ignorarse mutuamente. Alzeid se encontraba visiblemente cabreado, a saber por qué, la verdad es que no podía importarle menos. Ikirami mostraba una gran herida en el brazo, aunque no parecía dolerle demasiado. Había conseguido cargarse a la otra pirata, quizás no fuera tan inocente como aparentaba.
Paró a la entrada de la cueva, delante de Irina. Seguía transformada en el poder de su curiosa akuma. No era la primera vez que veía ese aspecto, ni la segunda, ni la tercera, pero siempre le parecía interesante. Era como un animal que no pertenecía a este mundo, misterioso y extraño, casi alienígena. Llegó el momento de plantear la estrategia. Irina mostró su disgusto por el plan kamikaze, ella nunca acostumbraba a hacer las cosas de frente. Alzeid, por su lado, propuso dejar a la gigante y a Ikirami fuera de la cueva, la gigante por motivos obvios, y la marine por servir de apoyo, o simplemente porque quería quitársela de la vista. Irina parecía estar esperando a escuchar su opinión, qué extraño. — Por el informe que tenemos, solo quedan dos piratas y Glatus. — Era un tres contra cinco, realmente las matemáticas jugaban a favor del grupo. Aunque no conocían la fuerza de esos piratas. — Quizás sea una idea nefasta... pero es la más divertida, también. — Respondió a su compañera, mientras miraba hacia el interior de la cueva. Jude cabía, al menos en el inicio de esta, quizás cuanto más se adentraran más estrecha se tornaba. — Jude se queda aquí, de momento cabe en la cueva, pero no sabemos si se volverá más pequeña, y nos ahorramos un posible derrumbamiento. Y si alguno intenta escapar, lo aplastas. — Descansó su espada, apoyándola en el suelo. — Nosotros tres entramos. Solo quedan tres, será sencillo. — Dijo mirando hacia Irina y Alzeid. Se giró para ver a Ikirami. — Y tú... puedes hacer lo que quieras. Aunque estás herida, te recomiendo quedarte aquí. — Dio un par de pasos hacia delante, luego se dio la media vuelta para observar a todo el grupo al completo. — Quiero dejar claro que quienes lideramos esta misión somos mi compañera Irina Volkov y yo, Daryl Kilgore, al ser los primeros encargados y los únicos que obtuvieron el informe correspondiente. Tenedlo claro antes de desobedecer a ninguno de los dos. — No le gustaba ser tan autoritario, pero aquel grupo era demasiado grande y caótico, hacía falta un poco de orden. — Una vez dentro, podemos probar a ir en silencio, aunque es probable que ya nos estén esperando. ¿Estás de acuerdo con el plan o no, Irina? — Preguntó por asegurarse, antes de adentrarse en las minas.
Resumen
