08-05-2026, 07:39 AM
Estaba mareada, muy mareada.
La mujer no solo sentía que su corazón se desbocaba, si no que el resto de su cuerpo y su propio cerebro empezaban a fallarle.
Quiso hablar, pero al abrir la boca, no salió de ella más que un jadeo lastimero que era más parecido al de alguien que rogaba por ayuda. Era evidente que algo malo había en ella y no, no solo algo mental, si no algo físico…Tal vez fueron esos factores mezclados lo que la obligaron a actuar de esa manera.
Vio al hombre acercarse a ella, notó la espada cerca de su cuello… ¿Siempre había tenido un arma? Ella ahora no podía recordarlo… ¿Por qué no lo desarmó cuando pudo hacerlo? Ahora la desarmada era ella y no podía hacer nada para cambiar eso.
Escuchó que él dijo algo sobre un asesinato y quiso decirle que no era así, que ella no era una vil asesina, que solo era la Suma Sacerdotisa de una diosa generosa, la única que la había escuchado cuando los demás la ignoraron, la única que no dudó de ella. Quiso decirle que su muerte, en caso de que se hubiera dado, no sería un homicidio y ya, sería un sacrificio, una ofrenda. La más pura ofrenda que podría entregar. Sería un honor para él, pero…de nuevo…las palabras no salieron de su boca.
De repente, el mareo no solo fue mareo, si no que el sueño empezaba a apoderarse de ella mientras que su corazón seguía galopando con una rapidez inusual dentro de su pecho…No, no era sueño, podía reconocerlo como algo más.
En medio de su delirio, al mismo tiempo que el marine le colocaba unas esposas, sin que ella se resistiera, pudo ver algo que terminó por romper su corazón: La Gran Diosa se alejaba de ella…Eso quería decir que ¿Había fallado? ¿Había perdido su gracia? Los ojos de la mujer se llenaron de lágrimas y, aunque deseaba gritar con todas sus fuerzas, lo único que consiguió fue caer inconsciente en cuanto el marine salió de la habitación.
*****
Fuera de la habitación, tanto Topaz como Esmeralda esperaban sentadas en sus respectivas camas, tranquilas, como si en el suelo de ese cuarto no estuvieran sus hermanas fuera de combate, inconscientes… ¿Por qué esa frialdad? Simple, a pesar del enojo con el marine por haberlas golpeado, ellas creían que las chicas se pondrían bien rápido…Sabían bien que eran fuertes. Mientras tanto “Rubí” estaba acostaba en la misma cama de la que no pudieron moverla antes, ajena a todo el bullicio.
Cuando Jesse salió de la sala de sacrificios, las niñas despiertas levantaron su mirada, curiosas por ver de nuevo a su madre; sin embargo, la puerta se cerró, aunque no sin antes que la serpiente de Gloomy, Rainbow, se hubiera deslizado a un lado para reptar por el suelo y llegar a una de las camas, quedando justo a los pies de Esmeralda, quien tomó al animalito y lo subió hasta que este se envolvió en su cuello, tal como hacía Gloomy.
A pesar de la tranquilidad inicial, una que solo duró al menos unos tres segundos, cuando las niñas no vieron indicio de que su “madre” saldría de la puerta…el caos volvió a reinar, pues sus ojitos volvieron a llenarse de lágrimas y ambas se levantaron, descuidadamente, de la cama para correr hacia el marine y golpearlo en las piernas o en el estómago con sus puñitos.
—¡No te la lleves! ¡Lo escuchamos todo! —Lloriqueó la mayor. —Sin ella no tendremos a nadie… ¡No te la lleves! No la arrestes, por favor y…y…y…
Sorbió sus mocos, incapaz de seguir haciéndose la fuerte y empezó a llorar con más fuerza; sin embargo, para sorpresa de todos, o quizá no, la más pequeña, en medio del desastre de lágrimas y mocos que era, se abrazó a la pierna del pelirrojo, intentando retenerlo en el sitio.
—Y si te la llevas… ¡A nosotras también! —dijo con tanta decisión que no parecía estar bromeando de ninguna manera. Incluso la serpiente parecía poner ojitos de cachorro cajo la lluvia, brillantes y llorosos. El animalito miraba al marine con tanta lástima que cualquiera diría que entendía bien todo lo que pasaba.
—¿Y qué harás con nuestras hermanas mayores? Necesitan un doctor… ¡Tú las golpeaste! ¿Vendrán más marines malos como tu hasta aquí? —Topaz, al haber escuchado a su “hermana” menor, reunió fuerzas para hablar, aunque con voz quebrada. —Si es para llevarnos a todas ¡Bien! Queremos estar junto a ellas, ¡Por favor, por favor! —El llanto siguió y era tanto que tal vez para ese momento el pantalón del marine estaría lleno de lágrimas y mocos.
A él le quedaba decidir que hacer con las 3 niñas huérfanas, porque era evidente que no tenían a nadie más… ¿Las llevaría consigo? Y… ¿Qué haría con las adultas? Bueno, una temporada en prisión seguro las reformaría de una manera u otra, pero eso tendría que decidirlo el joven pelirrojo.
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