La Biblioteca de las Bestias [Aventura Presente Absoluto T4][Zhang & Bai]
#14
Bai observó la escena mientras descendía, provocando que la nieve del peñasco —virgen allí donde sus botas se posaban— se hundiera primero bajo su peso para, poco después, levantarse como polvo al que un leve soplido pretende arrancar del suelo.


¿Qué demonios estaba ocurriendo allí?

Oliver rodaba cuesta abajo, Kay se abalanzaba hacia el frente y una voz extranjera, tan forastera como ella misma, atravesaba el aire en aquel preciso instante; Bai torció el gesto al ver semejante espectáculo, transmutándolo en una mueca de desconcierto, pues, habiendo apenas aterrizado y encontrándose todavía con las rodillas flexionadas y el cuerpo encogido por el impacto, las palabras de la felina —a las que ahora prestaba atención— se escapaban por completo a su comprensión.

—¿Quién coño eres tú? —la pregunta surgió de entre sus labios apenas un instante antes de verla desenvainar la espada y extender las garras—. Así que es eso…

La mirada de la birkiniana descendió entonces hacia los machos de su especie. Agitó las alas, desplegándolas como músculos que acaban de desperezarse, y acto seguido llevó la diestra hasta el gavilán de su espada.

—Ve con cuidado, Kay.

Tras aquello, y aprovechando la verborrea de la gata, desenvainó el arma para apuntarle directamente al rostro.
—No entiendo una sola palabra de lo que estás diciendo —respondió mientras observaba a la otra hacer girar la espada—, pero la última vez que alguien intentó matarme acabó destrozado.

No debería haber fanfarroenado de aquella manera; quizá, de haber guardado silencio, habría podido reaccionar al ataque de la felina.

Su mandíbula se tensó.


Bai apenas alcanzó a percibir el olor metálico que brotaba de su pierna mientras un reguero de sangre fresca resbalaba por la cara interna de su muslo. Era espesa, tibia y pesada; sin embargo, conforme descendía empapando piel y tela, el frío terminaba por cristalizarla hasta precipitarla sobre la nieve como una diminuta lluvia de diamantes escarlata.

Apretó aún más la mandíbula. Sus dientes chirriaron y sus ojos descendieron hacia la herida; la carne le ardía, la zona palpitaba con violencia y su mente parecía incapaz de orbitar alrededor de otra cosa que no fuese aquel dolor brutal, aquella abertura recién desgarrada que no dejaba de expulsar sangre como una fruta madura reventada desde dentro. Sus pupilas se dilataron, trémulas, mientras el desconcierto se apoderaba de ella.

¿Y ahora qué?

Un suspiro violento surgió de su boca al tiempo que su pecho se agitaba con brusquedad. Le había pillado desprevenida.  Por fortuna, el peso de la inmensa espada que sostenía entre las manos le recordó que todavía conservaba una opción.

Sus ojos volvieron a ascender hasta la gata mientras un sudor helado comenzaba a formarse en su frente en forma de pequeñas gotas perladas. Apenas las separaba un metro. Respiró hondo, obligándose a pensar con claridad y, al advertir que todavía quedaba suficiente nieve alrededor del risco, decidió aprovecharla.

Así pues, barrió el suelo con el pie derecho, levantando una nube de nieve entre ambas y, acto seguido, agitó las alas con tal fuerza que pronto, aquella nube densa, se transformó en una pequeña tormenta de polvo de nieve que pronto salió despedida directamente hacia el torso y rostro de Lenna.

En aquel instante, aprovechando la distracción, dio un corto salto hacia delante mientras dirigía el filo hacia la guardia baja de la felina. El filo cortó el aire y, tan pronto como la estocó, sobre sus guantes y brazos, como una burbuja al estallar, un río caliente de sangre la empapó.

De pronto se oyó un sonido húmemedo, un «pop» seco y ahogado. Era la punta de la espada, saliendo con un desgarro irregular y exponiendo la carne ajena a la intemperie. Mientras tanto, su pecho continuaba moviéndose con dificultad por la pesadez del arma.

Si alguien hubiera mirado hacia abajo, hubiera podido percatarde de cómo los músculos de su pierna herida, apretados por el movimiento, dejaban escapar un chorro de sangre.

—Ugh —masculló levantando el arma con pesadez y sintiéndo cómo el cuerpo le pesaba.

Y es que, entre la sangre, el esfuerzo y la vibración que todavía sentía en su cabeza se le estaba dificultando actuar.

Su cuerpo se inclinó ligeramente hacia atrás y, de repente, el arma cayó sobre la cabeza de su enemiga.

Información
Bai Mudan
PROCESAMIENTO DEL VACÍO
⚖️ Capitana del Wu Wei
฿105,000,000
Nv.23 — Silogista
Virtudes
Vicios
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 3341 - 648 = 2693
Energia: 2885 - 544 = 2341
Espiritu: 850 + 0 = 850


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RE: La Biblioteca de las Bestias [Aventura Presente Absoluto T4][Zhang & Bai] - por Bai Mudan - 08-05-2026, 05:29 PM

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