A medida que avanzaba mi instinto me advertía que estaba pisando hielo delgado, como si cada paso fuera una decisión del cual debia estar mas que segura. La cueva se sentía cada vez más opresiva como si el aire se hubiera espesado alrededor de mi ser. La tensión se acumulaba en mi pecho y en mi estómago el cual se contraía con una inquietud constante, realmente se sentia como si algo invisible me estuviera observando desde la oscuridad. No era solo miedo, era la certeza de que estaba cruzando un límite del que quizás no podría regresar, pero debia ser valiente a pesar de todo, mi mente debia centrarse. Apreté con fuerza la palanca de hierro que llevaba en la mano, mientras la sombrilla me servía de guía improvisada para tantear el suelo delante de mí, avanzando con pasos lentos, calculados, casi forzados por la precaución.
De pronto me detuve al percibir sonidos extraños que rompían el silencio de mi entorno, No eran roedores ni el crujir habitual de otros animales que conocia, sino todo lo contario era algo más inquietante, más humano. Cerré los ojos para concentrarme mejor y distinguir con mayor claridad, intentando separar cada eco del resto del ambiente. Eran respiraciones pesadas, profundas, intermitentes, como si alguien estuviera dormido… --*¿Ronquidos…?*--, pensé, sintiendo un escalofrío recorrerme de pie a cabeza. Sin embargo, la dirección de los sonidos era confusa, me era imposible de ubicar con precisión de donde provenian. Era como si vinieran de todas partes al mismo tiempo --¿Acaso hay alguien aquí?-- me pregunté casi en un susurro, aunque la respuesta parecía esconderse deliberadamente en la oscuridad, obligándome a seguir avanzando para descubrirla.
Cuando llegué a un punto específico de la cueva, me percaté de varias siluetas que se movían entre la oscuridad. Aferrándome con más fuerza a los dos objetos que sostenía en ambas manos, me quedé inmóvil a la espera de cualquier señal que pudiera alertarme de un ataque o movimiento brusco. Podía distinguir más de una figura pero no lograba contarlas con precisión. ¿Quince? ¿Veinte? No, eran más, aunque la falta de luz me hacía imposible definir su número total, como si la oscuridad misma las multiplicara. De pronto, una de las siluetas encendió una antorcha, y lo que reveló me dejó completamente helado. Como si un balde de agua helada hubiera caído sobre mí sin previo aviso. Pestañeé varias veces, incrédula, tratando de procesar lo que estaba frente a mis ojos. Observé el panorama completo y sentí cómo todos nos quedábamos en silencio durante unos breves segundos, como si el tiempo se hubiera detenido dentro de la cueva.
Hasta que uno de los hombres finalmente rompió el silencio, gritando lo que era evidente. Mi cuerpo se tensó al comprender la situación en la que me encontraba. Uno a uno comenzaron a levantarse, como si estuvieran listos para una guerra; algunos aún estaban medio dormidos, otros ya buscaban sus armas con movimientos rapidos pero amenazantes. Si no actuaba, seguramente tomarían ventaja y en el estado en el que me encontraba, era mas que peligroso. Asi que debia hacerlo ahora. —Ratas…— exclamé con ironía, entendiendo por fin el informe en su totalidad: no eran animales, sino criminales, bandidos peligrosos que habían convertido la cueva en su base. —Bien caballeros...¿Les gusta lo que ven?...entonces comencemos a divertirnos— dije con una sonrisa tensa mientras avanzaba con cautela,estaba acostumbrada a las miradas lascivas, pero esta vez, podre defenderme a gusto, porque una cosa era soportar comentarios y miradas depravadas por parte de civiles, pero ¿Bandalos?, este seria mi mejor momento. Apuntando la palanca hacia ellos, calculando la fuerza y midiendo la distancia. Veinte metros de radio, ocho de alto, podia actuar libremente. Fue entonces que el momento decisivo llego, Sin decir mas corté la distancia de golpe y corrí en dirección a ellos.
Lanzando la palanca de hierro directo hacia el hombre de la antorcha, apunte tecnicamente a su mano con precisión. El impacto seria seco en su momento, mi intencion era hacer caer la misma, rodaria por el suelo mientras las llamas proyectaban sombras violentas sobre las paredes estrechas. Aproveché el instante de confusión para moverme sin dudar, deslizándome entre ellos como un animal, Mi puño se hundió en el rostro del primero antes de girar sobre mí misma y estrellar una patada contra las costillas de otro. El caos aumentó en segundos, pero me mantenia en movimiento costante, usando todo mi cuerpo en defensa propia. Mi sombrilla tambien descendió como un martillo, golpeando hombros y muñecas para desarmarlos, intentando evitar el filo de sus armas. Las sombras danzaban entre el fuego y el alboroto seguramente despertaría al resto, pero primero debía acabar con este grupo.
De pronto me detuve al percibir sonidos extraños que rompían el silencio de mi entorno, No eran roedores ni el crujir habitual de otros animales que conocia, sino todo lo contario era algo más inquietante, más humano. Cerré los ojos para concentrarme mejor y distinguir con mayor claridad, intentando separar cada eco del resto del ambiente. Eran respiraciones pesadas, profundas, intermitentes, como si alguien estuviera dormido… --*¿Ronquidos…?*--, pensé, sintiendo un escalofrío recorrerme de pie a cabeza. Sin embargo, la dirección de los sonidos era confusa, me era imposible de ubicar con precisión de donde provenian. Era como si vinieran de todas partes al mismo tiempo --¿Acaso hay alguien aquí?-- me pregunté casi en un susurro, aunque la respuesta parecía esconderse deliberadamente en la oscuridad, obligándome a seguir avanzando para descubrirla.
Cuando llegué a un punto específico de la cueva, me percaté de varias siluetas que se movían entre la oscuridad. Aferrándome con más fuerza a los dos objetos que sostenía en ambas manos, me quedé inmóvil a la espera de cualquier señal que pudiera alertarme de un ataque o movimiento brusco. Podía distinguir más de una figura pero no lograba contarlas con precisión. ¿Quince? ¿Veinte? No, eran más, aunque la falta de luz me hacía imposible definir su número total, como si la oscuridad misma las multiplicara. De pronto, una de las siluetas encendió una antorcha, y lo que reveló me dejó completamente helado. Como si un balde de agua helada hubiera caído sobre mí sin previo aviso. Pestañeé varias veces, incrédula, tratando de procesar lo que estaba frente a mis ojos. Observé el panorama completo y sentí cómo todos nos quedábamos en silencio durante unos breves segundos, como si el tiempo se hubiera detenido dentro de la cueva.
Hasta que uno de los hombres finalmente rompió el silencio, gritando lo que era evidente. Mi cuerpo se tensó al comprender la situación en la que me encontraba. Uno a uno comenzaron a levantarse, como si estuvieran listos para una guerra; algunos aún estaban medio dormidos, otros ya buscaban sus armas con movimientos rapidos pero amenazantes. Si no actuaba, seguramente tomarían ventaja y en el estado en el que me encontraba, era mas que peligroso. Asi que debia hacerlo ahora. —Ratas…— exclamé con ironía, entendiendo por fin el informe en su totalidad: no eran animales, sino criminales, bandidos peligrosos que habían convertido la cueva en su base. —Bien caballeros...¿Les gusta lo que ven?...entonces comencemos a divertirnos— dije con una sonrisa tensa mientras avanzaba con cautela,estaba acostumbrada a las miradas lascivas, pero esta vez, podre defenderme a gusto, porque una cosa era soportar comentarios y miradas depravadas por parte de civiles, pero ¿Bandalos?, este seria mi mejor momento. Apuntando la palanca hacia ellos, calculando la fuerza y midiendo la distancia. Veinte metros de radio, ocho de alto, podia actuar libremente. Fue entonces que el momento decisivo llego, Sin decir mas corté la distancia de golpe y corrí en dirección a ellos.
Lanzando la palanca de hierro directo hacia el hombre de la antorcha, apunte tecnicamente a su mano con precisión. El impacto seria seco en su momento, mi intencion era hacer caer la misma, rodaria por el suelo mientras las llamas proyectaban sombras violentas sobre las paredes estrechas. Aproveché el instante de confusión para moverme sin dudar, deslizándome entre ellos como un animal, Mi puño se hundió en el rostro del primero antes de girar sobre mí misma y estrellar una patada contra las costillas de otro. El caos aumentó en segundos, pero me mantenia en movimiento costante, usando todo mi cuerpo en defensa propia. Mi sombrilla tambien descendió como un martillo, golpeando hombros y muñecas para desarmarlos, intentando evitar el filo de sus armas. Las sombras danzaban entre el fuego y el alboroto seguramente despertaría al resto, pero primero debía acabar con este grupo.
Resumen

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