09-05-2026, 01:10 AM
(Última modificación: 09-05-2026, 01:13 AM por Seraphine Soyer.)
Llevó una mano a su frente, viendo un par de estrellitas; la skypean no era inmune al dolor y la zona que utilizó para golpear, le quedó algo roja, haciéndola suspirar por pura frustración, un día de estos, tenía toda la intención de volverse lo más fuerte que pudiese, aunque sabía muy bien que ser fuerte, no significaba ser invencible, lo que no pudo evitar que se enojara un poco con sus limitaciones físicas; quería ser útil para la revolución y proteger a sus seres queridos.
Y sonrió, cuando el hombre parecía hacer uso de la razón, dando el veredicto de que Seraphine había ganado, alzando una palma, la colocó sobre el pecho ajeno, sintiendo la suavidad de su pelaje, peinándola entre sus dedos, lo que se llevó a preguntar si otros minks felinos se sentían igual a él, aunque no iba a ir tocando al que se cruzase solo para descubrirlo; por alguna razón, se sentía más cómoda con la idea de tocar solo a Moja.
Cuando al fin escuchó lo de su trabajo, relacionado con el mar, sintió un pequeño pinchazo en su interior, con su mente vagando, pensando que quizás trabaje como seguridad o algo así para pesqueros, dudando un montón que aquella profesión necesitase de un guardaespaldas, ¿o quizás estaba buscando retrasar lo inevitable? Las siguientes palabras le cayeron como un balde de agua fría.
Claro que era un marine, la de cabellos rosados nunca tenía tanta suerte, debió de haberlo intuido, mordiéndose el labio inferior, sin saber qué hacer ahora, estar enojada o no, ya que el ser parte de los marines, eso significa que formaba parte de manera activa de un sistema que veía bien la existencia de esclavos y, por más que Moja lo negase, era cómplice por apartar la mirada.
Buscó cerrar sus oídos, pero le fue imposible; llevó las manos a sus orejas, buscando silenciar su voz, mientras miraba al suelo, buscó consuelo en el hecho de que se estaba autosaboteando y escuchó mal, pero lo dudaba, considerando el final feliz que tanto deseaba, estar al lado de alguien, no dijo nada, de inmediato dio unos cuantos pasos hacia atrás, mirando su libreta y escribió.
—Lo siento— Alzó su rostro con una expresión triste, con dolor. —Al final sí será un adiós— Se negó a apartar su mirada de él, no tenía la intención de ser una cobarde, se unió a la revolución y tenía toda la intención de ser fiel a esta, queriendo evitarle un destino similar al resto de las personas que estaban a punto de nacer en aquel mundo o ya estaban en él. —Yo…— Se desinfló como un globo, costandole seguir escribiendo, con su mano temblorosa. —Soy parte de la revolución— Ya está, hecho, con lo trabajólico que estaba, de seguro la arrestará ahí mismo.
—No puedo vivir en un mundo que acepte la existencia de esclavos y menos que la persona que me atraiga, forme parte de las fuerzas que permiten el que me mantuvieron captiva, que me humillaron y denigraron.
Fue sincera, quizás más de lo necesario y con temor, intentó irse de ahí, alejarse, cortar todo desde la raíz.
Y sonrió, cuando el hombre parecía hacer uso de la razón, dando el veredicto de que Seraphine había ganado, alzando una palma, la colocó sobre el pecho ajeno, sintiendo la suavidad de su pelaje, peinándola entre sus dedos, lo que se llevó a preguntar si otros minks felinos se sentían igual a él, aunque no iba a ir tocando al que se cruzase solo para descubrirlo; por alguna razón, se sentía más cómoda con la idea de tocar solo a Moja.
Cuando al fin escuchó lo de su trabajo, relacionado con el mar, sintió un pequeño pinchazo en su interior, con su mente vagando, pensando que quizás trabaje como seguridad o algo así para pesqueros, dudando un montón que aquella profesión necesitase de un guardaespaldas, ¿o quizás estaba buscando retrasar lo inevitable? Las siguientes palabras le cayeron como un balde de agua fría.
Claro que era un marine, la de cabellos rosados nunca tenía tanta suerte, debió de haberlo intuido, mordiéndose el labio inferior, sin saber qué hacer ahora, estar enojada o no, ya que el ser parte de los marines, eso significa que formaba parte de manera activa de un sistema que veía bien la existencia de esclavos y, por más que Moja lo negase, era cómplice por apartar la mirada.
Buscó cerrar sus oídos, pero le fue imposible; llevó las manos a sus orejas, buscando silenciar su voz, mientras miraba al suelo, buscó consuelo en el hecho de que se estaba autosaboteando y escuchó mal, pero lo dudaba, considerando el final feliz que tanto deseaba, estar al lado de alguien, no dijo nada, de inmediato dio unos cuantos pasos hacia atrás, mirando su libreta y escribió.
—Lo siento— Alzó su rostro con una expresión triste, con dolor. —Al final sí será un adiós— Se negó a apartar su mirada de él, no tenía la intención de ser una cobarde, se unió a la revolución y tenía toda la intención de ser fiel a esta, queriendo evitarle un destino similar al resto de las personas que estaban a punto de nacer en aquel mundo o ya estaban en él. —Yo…— Se desinfló como un globo, costandole seguir escribiendo, con su mano temblorosa. —Soy parte de la revolución— Ya está, hecho, con lo trabajólico que estaba, de seguro la arrestará ahí mismo.
—No puedo vivir en un mundo que acepte la existencia de esclavos y menos que la persona que me atraiga, forme parte de las fuerzas que permiten el que me mantuvieron captiva, que me humillaron y denigraron.
Fue sincera, quizás más de lo necesario y con temor, intentó irse de ahí, alejarse, cortar todo desde la raíz.
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