09-05-2026, 05:59 AM
El transcurso de los días había cambiado mucho las cosas tras el incidente en Kutsukku. Lo que debía ser una misión grande, pero al fin y al cabo casi protocolar entre diversos riesgos, se transformó en una derrota que lo dejó al borde de la muerte, y con ello, se plantó la semilla de la obsesión en su cabeza.
Y a estas alturas, la creencia de que sólo el caos abriría las puertas frente a él tomaba una forma tan extraña que pasaba a perder su valor original. No iba a cambiar, pero tampoco ignoraría las consecuencias de desafiar lo que fue establecido a lo largo de los años, porque la información es poder, y el poder es lo que mueve al mundo.
Asumir el liderazgo de la División Setentaicinco, salir en el periódico y entender los ascensos venideros que se colgarían como condecoraciones en su uniforme sumó a la ya de por sí, obsesiva mente de Hasegawa, un nuevo propósito. Su energía seguía mostrándose tan caótica, frontal y egocéntrica como siempre, pero sus pensamientos apuntaban a otros horizontes, entendía que los mares estaban llenos de peligros abrumadores, mucho más que el wotan que dejó marca en él, literalmente, y por ello, proyectar sobre un terreno donde la gente a su cargo sería funcional y sobre todo, sobreviva, se hizo prioridad. Perderse en vicios o caer en distracciones mundanas ya no era algo tolerable, no en un entorno donde piratas conocidos podían asechar con suma facilidad.
Aunque incluso tras haberse reencontrado con su padre y entender la cita que todavía lo esperaba en la Isla Matsuri, se había olvidado de algunos detalles importantes. Ese peligro incesante también se encontraba en su familia, y vaya que tenía ánimos de perseguirlo, en una cruenta coincidencia que lo robó de sus responsabilidades rutinarias al encontrarse con la pomposa carta, y recordar ese nombre. El detalle que faltaba dentro del regalo perfecto que desmontó en Baterilla, el mismo día que murió Minato.
La invitación era tan abstracta como los misterios tras los extraños movimientos de algunos miembros de su familia, y recordando la lista y lo molesta que Samantha podía llegar a ser con su cantarina personalidad, acudir al encuentro parecía un plan ineludible. Más cuando sentía la imperiosa necesidad de ejercer un control total sobre el problema que se cernía a su sombra.
Cuando llegó al café, vistiendo su uniforme protocolar, se adentró en el mismo y vislumbró lo que parecía una puesta en escena perfectamente medida, esbozando una sonrisa tan juguetona que pasó a esconder perfectamente el cansancio general que lo aquejaba. No tardó en introducirse al libreto, tomando asiento frente a la pelirrosa y encontrándose con la actitud que preveía desde el segundo uno, pero... si buscaba juego, ¿por qué negárselo?
—Siempre será mío. Algún día voy a acostumbrarme a lo radiante que luces. —se quitó la gorra que lo diferenciaba como marine al decir esas palabras, empleando un tono tan dulce que era imposible no encontrarlo armonioso. Shin decidió utilizar todos sus encantos para devolverle las jugadas sociales a la mujer, envolviéndola en una seda invisible que se pegaba a la piel como un tenue abrazo, hasta provocar una caída inevitable.
Los reclamos no se hacen esperar, y es algo que se veía venir considerando que Samantha tenía razón, la puntualidad nunca fue su mayor fuerte, y eso que era un hombre lleno de talentos. Ignora los piques iniciales, sabe que con ese tipo de personas siempre habrá una oportunidad de devolver las chispas que hacían arder la piel, y decide escucharla, respondiendo con un sutil encogimiento de hombros, como si le expresara que en la vida hay cosas que sencillamente son inevitables.
Cada gesto de la mujer parece coreografiado, y si no tuviese la cabeza puesta hace muchísimos días en otro tipo de situaciones, seguramente habría caído redondito en la imagen que tanto le gustaba dar. No era el caso, por supuesto, una disciplina conocida desde hace años por su principal familia se le había instaurado, y difícilmente lo abandonaría. —¿Qué decirte? Soy un hombre de acción. Mi poder me respalda. —el periódico lo volvió más reconocible, el brillo de sus habilidades se convertía en un símbolo que lo caracterizaba, y al mismo tiempo, seguía aislándolo. —Pero aceptaré el café. Si es en tu compañía, puedo volverme alguien muy paciente. —incluso aunque por fuera el coqueteo era extremadamente real, con cada gesto colocado en el momento justo, Shin estaba desconectado de sus acciones y palabras, intentando encontrar alguna grieta de información útil, aún y si Samantha era extremadamente buena en ser evasiva.
El aroma a lavanda invade el espacio que comparten tras un pequeño amague en el que Hasegawa no cayó, y finalmente comienza a entender el punto de todo. Aquel enfrentamiento fugaz contra Minato sólo era otra piedra en el largo camino de problemas que le trajo el haberse metido en esa situación, y por un fallo de cálculos le tocaba pagar. O al menos esa era la oferta traída por Samantha, otra promesa de incidentes entre clanes que lo señalan a él como núcleo.
Motivos, habían varios. Abandonar los artes tradicionales de sendas familias, rebelarse abiertamente contra el estándar de perfeccionismo moral y conductual que imponen, exponer valores propios y lo que más le fastidiaba, "manchar el legado" por haberse involucrado sentimentalmente con una ex-esclava a sus ojos. Aunque ella tenía nombre, y siempre protegería el honor de Himari.
El café es servido, junto a la culminación de los datos necesarios para entender cuál sería su rol en todo esto. Hablaba de gente entrometida, por ende entendía que dentro del festival aparecerían más miembros formales de su familia, detalle que no le terminaba de gustar, pero eso le interesaba, y realmente era motivo suficiente para aparecer. —Preferiría como recompensa una cita contigo, sin negocios de por medio. —confirma, aún estableciendo ese juego social que tanto le gustaba, aunque seguía sin ponerle la diversión genuina desde su corazón considerando lo mucho que aprendió a estar atento cuando esa mujer estaba delante. —Pero... tendré que conformarme. —asume, negando con la cabeza y observando la taza en la mesa.
—Sé que eres tan justa como maravillosa, y sabrás decirme de quién tengo que cuidarme mañana, ¿verdad? —no es una pregunta directa, aunque formula la frase escarbando como puede la información que realmente necesita. Se inclina hacia Samantha, mirándola fijamente a los ojos, con una sonrisa magnética, de esas que no se olvidan fácilmente.
—Mencionaste no querer problemas de los Hiroshi, o los Hasegawa. Eso quiere decir que estás lidiando con asuntos que de una u otra forma terminaste conociendo, y esos nombres... digamos que me facilitarían el trabajo. Porque entiendo, hay algo que necesitas proteger. —desliza los dedos en el asa de la taza, aunque no bebe el contenido dentro. En su defecto, mantiene constante el contacto visual sobre la mujer.
Debía ser más perfecto.
Más capaz.
Más atento.
Más profesional.
Simplemente más, o el mundo se lo comería.
Y a estas alturas, la creencia de que sólo el caos abriría las puertas frente a él tomaba una forma tan extraña que pasaba a perder su valor original. No iba a cambiar, pero tampoco ignoraría las consecuencias de desafiar lo que fue establecido a lo largo de los años, porque la información es poder, y el poder es lo que mueve al mundo.
Asumir el liderazgo de la División Setentaicinco, salir en el periódico y entender los ascensos venideros que se colgarían como condecoraciones en su uniforme sumó a la ya de por sí, obsesiva mente de Hasegawa, un nuevo propósito. Su energía seguía mostrándose tan caótica, frontal y egocéntrica como siempre, pero sus pensamientos apuntaban a otros horizontes, entendía que los mares estaban llenos de peligros abrumadores, mucho más que el wotan que dejó marca en él, literalmente, y por ello, proyectar sobre un terreno donde la gente a su cargo sería funcional y sobre todo, sobreviva, se hizo prioridad. Perderse en vicios o caer en distracciones mundanas ya no era algo tolerable, no en un entorno donde piratas conocidos podían asechar con suma facilidad.
Aunque incluso tras haberse reencontrado con su padre y entender la cita que todavía lo esperaba en la Isla Matsuri, se había olvidado de algunos detalles importantes. Ese peligro incesante también se encontraba en su familia, y vaya que tenía ánimos de perseguirlo, en una cruenta coincidencia que lo robó de sus responsabilidades rutinarias al encontrarse con la pomposa carta, y recordar ese nombre. El detalle que faltaba dentro del regalo perfecto que desmontó en Baterilla, el mismo día que murió Minato.
La invitación era tan abstracta como los misterios tras los extraños movimientos de algunos miembros de su familia, y recordando la lista y lo molesta que Samantha podía llegar a ser con su cantarina personalidad, acudir al encuentro parecía un plan ineludible. Más cuando sentía la imperiosa necesidad de ejercer un control total sobre el problema que se cernía a su sombra.
Porque sí, aprendió a vincular a esa mujer con el conflicto.
Cuando llegó al café, vistiendo su uniforme protocolar, se adentró en el mismo y vislumbró lo que parecía una puesta en escena perfectamente medida, esbozando una sonrisa tan juguetona que pasó a esconder perfectamente el cansancio general que lo aquejaba. No tardó en introducirse al libreto, tomando asiento frente a la pelirrosa y encontrándose con la actitud que preveía desde el segundo uno, pero... si buscaba juego, ¿por qué negárselo?
—Siempre será mío. Algún día voy a acostumbrarme a lo radiante que luces. —se quitó la gorra que lo diferenciaba como marine al decir esas palabras, empleando un tono tan dulce que era imposible no encontrarlo armonioso. Shin decidió utilizar todos sus encantos para devolverle las jugadas sociales a la mujer, envolviéndola en una seda invisible que se pegaba a la piel como un tenue abrazo, hasta provocar una caída inevitable.
Los reclamos no se hacen esperar, y es algo que se veía venir considerando que Samantha tenía razón, la puntualidad nunca fue su mayor fuerte, y eso que era un hombre lleno de talentos. Ignora los piques iniciales, sabe que con ese tipo de personas siempre habrá una oportunidad de devolver las chispas que hacían arder la piel, y decide escucharla, respondiendo con un sutil encogimiento de hombros, como si le expresara que en la vida hay cosas que sencillamente son inevitables.
Cada gesto de la mujer parece coreografiado, y si no tuviese la cabeza puesta hace muchísimos días en otro tipo de situaciones, seguramente habría caído redondito en la imagen que tanto le gustaba dar. No era el caso, por supuesto, una disciplina conocida desde hace años por su principal familia se le había instaurado, y difícilmente lo abandonaría. —¿Qué decirte? Soy un hombre de acción. Mi poder me respalda. —el periódico lo volvió más reconocible, el brillo de sus habilidades se convertía en un símbolo que lo caracterizaba, y al mismo tiempo, seguía aislándolo. —Pero aceptaré el café. Si es en tu compañía, puedo volverme alguien muy paciente. —incluso aunque por fuera el coqueteo era extremadamente real, con cada gesto colocado en el momento justo, Shin estaba desconectado de sus acciones y palabras, intentando encontrar alguna grieta de información útil, aún y si Samantha era extremadamente buena en ser evasiva.
El aroma a lavanda invade el espacio que comparten tras un pequeño amague en el que Hasegawa no cayó, y finalmente comienza a entender el punto de todo. Aquel enfrentamiento fugaz contra Minato sólo era otra piedra en el largo camino de problemas que le trajo el haberse metido en esa situación, y por un fallo de cálculos le tocaba pagar. O al menos esa era la oferta traída por Samantha, otra promesa de incidentes entre clanes que lo señalan a él como núcleo.
Motivos, habían varios. Abandonar los artes tradicionales de sendas familias, rebelarse abiertamente contra el estándar de perfeccionismo moral y conductual que imponen, exponer valores propios y lo que más le fastidiaba, "manchar el legado" por haberse involucrado sentimentalmente con una ex-esclava a sus ojos. Aunque ella tenía nombre, y siempre protegería el honor de Himari.
El café es servido, junto a la culminación de los datos necesarios para entender cuál sería su rol en todo esto. Hablaba de gente entrometida, por ende entendía que dentro del festival aparecerían más miembros formales de su familia, detalle que no le terminaba de gustar, pero eso le interesaba, y realmente era motivo suficiente para aparecer. —Preferiría como recompensa una cita contigo, sin negocios de por medio. —confirma, aún estableciendo ese juego social que tanto le gustaba, aunque seguía sin ponerle la diversión genuina desde su corazón considerando lo mucho que aprendió a estar atento cuando esa mujer estaba delante. —Pero... tendré que conformarme. —asume, negando con la cabeza y observando la taza en la mesa.
—Sé que eres tan justa como maravillosa, y sabrás decirme de quién tengo que cuidarme mañana, ¿verdad? —no es una pregunta directa, aunque formula la frase escarbando como puede la información que realmente necesita. Se inclina hacia Samantha, mirándola fijamente a los ojos, con una sonrisa magnética, de esas que no se olvidan fácilmente.
—Mencionaste no querer problemas de los Hiroshi, o los Hasegawa. Eso quiere decir que estás lidiando con asuntos que de una u otra forma terminaste conociendo, y esos nombres... digamos que me facilitarían el trabajo. Porque entiendo, hay algo que necesitas proteger. —desliza los dedos en el asa de la taza, aunque no bebe el contenido dentro. En su defecto, mantiene constante el contacto visual sobre la mujer.
—¿Puedes decirme qué es, Samantha?
Su amabilidad tan serena endulza como nada en el mundo.
Let there be light
![[Imagen: vEBNZb3.png]](https://i.imgur.com/vEBNZb3.png)
