09-05-2026, 09:52 PM
(Última modificación: 10-05-2026, 01:50 AM por Zhang Guolao.)
Allí permanecieron, en el corazón de aquel bosque helado, como si el tiempo mismo hubiera decidido congelarse. La pequeña gyojin temblaba entre sus brazos; el frío, lejos de ser un enemigo, comenzaba a abrigarla con un manto letárgico mientras sus párpados cedían. No era lugar para el descanso. Zhang sabía que debía encontrar al viejo con urgencia.
Su experiencia le gritaba que se moviera, pero algo en su interior lo mantenía estático. Zhang tragó saliva, sintiendo cómo las últimas palabras de la niña taladraban su pecho con una fuerza. La permanencia era un concepto ajeno para él; como ermitaño errante, su vida consistía en dejar atrás historias que nunca habrían de repetirse.
Se limitó a sonreírle con ternura, pues no era el momento para las respuestas. Sin rastro del viejo y con la pequeña incapaz de guiarle, el ascenso hacia las cumbres del bosque de Drum se convertía en una tarea imposible. Volver con Bai era la única opción sensata.
Zhang se sacudió ligeramente, sintiendo un chispazo eléctrico recorrer su espina mientras sus huesos viejos crujían. Los animales, más sabios que los hombres, reaccionaron primero; ante el aroma familiar de la guerra, huyeron en todas direcciones.
Para Zhang, el aviso llegó en forma de plomo. El disparo de advertencia le rozó el rostro, erizando su pelaje gris ante la potencia del proyectil. Instintivamente, apretó el frágil cuerpo de la niña contra su pecho, cubriéndola con su propia robustez. Zhang maldijo en silencio; aquella tarde acababa de transmutar en un campo de batalla.
Prefirió callar. Nunca le habían gustado las armas de fuego, y mucho menos conversar con quien despreciaba la vida ajena. Apretó los dientes, conteniendo la réplica, mientras observaba el cuerpo de Shery: flaco, azulado, gélido. ¿Cómo es que una hija del mar terminaba atrapada en este infierno blanco?
Alzó un brazo libre, intentando frenar un conflicto innecesario que parecía nacido de un malentendido. Pero el segundo disparo no buscaba advertir. Aunque sus largas orejas de burro captaron el disparó al unísono, su cuerpo veterano no respondió. La bala impactó contra él con una potencia abrumadora.
Su escudo natural cedió y el impacto golpeó de lleno en su estómago, justo donde segundos antes descansaba la niña y un dolor penetrante le afectó. En ese instante, el corazón helado de Zhang comenzó a latir con una rabia que no sentía desde hacía muchas lunas. Pese al castigo recibido, la muralla no cayó. El cuerpo de Zhang no se inmutó; permaneció firme, imponente y sereno.
—Maldito —sentenció Zhang con una voz que pareció nacer del fondo de los infiernos.
En ese momento, Zhang activó su técnica: Sople Blanco. De sus labios comenzó a brotar una niebla gélida y densa, una exhalación blanca que lo ocultó de inmediato de la vista del tirador. Aprovechando el desconcierto, Zhang con movimientos calculados y rápidos, se despojó de su abrigo, envolviendo con él a la pequeña para protegerla del clima.
Ante aquel manto blanco, el burro dejo a la pequeña contra un árbol, para que comenzara a recuperarse un poco. Mientras aquel medico, se giraba ante aquella amenaza inesperada. Zhang se movió a gran velocidad intentando cortar distancia, y poco a poco desapareció.
Zhang permitió que su cuerpo se descompusiera en finos copos de nieve, y se fundió con el ambiente, deslizándose entre las ramas, moviéndose como un fantasma blanco en busca de su presa.
De este modo, Zhang se mezclo con su técnica, para acercarse a su adversario a gran velocidad, una vez allí se transformaría de nuevo, para golpear la gran cabeza del ser alado, usando la fuerza de sus piernas, en ese impacto dual, intentando desorientarlo, para poder quitarle aquella arma.
Zhang bajo hasta su mano, y con fuerza abismal, la apretó con fuerza, aferrándose a ella, desde esa distancia, Zhang tenia las de ganar. — Que mierda crees que haces disparándole a una niña, malito seas tu y todos los que le hacen daño a estas personas.— Mientras flotaba en el aire, con la ayuda de su fruta.
Su experiencia le gritaba que se moviera, pero algo en su interior lo mantenía estático. Zhang tragó saliva, sintiendo cómo las últimas palabras de la niña taladraban su pecho con una fuerza. La permanencia era un concepto ajeno para él; como ermitaño errante, su vida consistía en dejar atrás historias que nunca habrían de repetirse.
Se limitó a sonreírle con ternura, pues no era el momento para las respuestas. Sin rastro del viejo y con la pequeña incapaz de guiarle, el ascenso hacia las cumbres del bosque de Drum se convertía en una tarea imposible. Volver con Bai era la única opción sensata.
Zhang se sacudió ligeramente, sintiendo un chispazo eléctrico recorrer su espina mientras sus huesos viejos crujían. Los animales, más sabios que los hombres, reaccionaron primero; ante el aroma familiar de la guerra, huyeron en todas direcciones.
Para Zhang, el aviso llegó en forma de plomo. El disparo de advertencia le rozó el rostro, erizando su pelaje gris ante la potencia del proyectil. Instintivamente, apretó el frágil cuerpo de la niña contra su pecho, cubriéndola con su propia robustez. Zhang maldijo en silencio; aquella tarde acababa de transmutar en un campo de batalla.
Prefirió callar. Nunca le habían gustado las armas de fuego, y mucho menos conversar con quien despreciaba la vida ajena. Apretó los dientes, conteniendo la réplica, mientras observaba el cuerpo de Shery: flaco, azulado, gélido. ¿Cómo es que una hija del mar terminaba atrapada en este infierno blanco?
Alzó un brazo libre, intentando frenar un conflicto innecesario que parecía nacido de un malentendido. Pero el segundo disparo no buscaba advertir. Aunque sus largas orejas de burro captaron el disparó al unísono, su cuerpo veterano no respondió. La bala impactó contra él con una potencia abrumadora.
Su escudo natural cedió y el impacto golpeó de lleno en su estómago, justo donde segundos antes descansaba la niña y un dolor penetrante le afectó. En ese instante, el corazón helado de Zhang comenzó a latir con una rabia que no sentía desde hacía muchas lunas. Pese al castigo recibido, la muralla no cayó. El cuerpo de Zhang no se inmutó; permaneció firme, imponente y sereno.
—Maldito —sentenció Zhang con una voz que pareció nacer del fondo de los infiernos.
En ese momento, Zhang activó su técnica: Sople Blanco. De sus labios comenzó a brotar una niebla gélida y densa, una exhalación blanca que lo ocultó de inmediato de la vista del tirador. Aprovechando el desconcierto, Zhang con movimientos calculados y rápidos, se despojó de su abrigo, envolviendo con él a la pequeña para protegerla del clima.
Ante aquel manto blanco, el burro dejo a la pequeña contra un árbol, para que comenzara a recuperarse un poco. Mientras aquel medico, se giraba ante aquella amenaza inesperada. Zhang se movió a gran velocidad intentando cortar distancia, y poco a poco desapareció.
Zhang permitió que su cuerpo se descompusiera en finos copos de nieve, y se fundió con el ambiente, deslizándose entre las ramas, moviéndose como un fantasma blanco en busca de su presa.
De este modo, Zhang se mezclo con su técnica, para acercarse a su adversario a gran velocidad, una vez allí se transformaría de nuevo, para golpear la gran cabeza del ser alado, usando la fuerza de sus piernas, en ese impacto dual, intentando desorientarlo, para poder quitarle aquella arma.
Zhang bajo hasta su mano, y con fuerza abismal, la apretó con fuerza, aferrándose a ella, desde esa distancia, Zhang tenia las de ganar. — Que mierda crees que haces disparándole a una niña, malito seas tu y todos los que le hacen daño a estas personas.— Mientras flotaba en el aire, con la ayuda de su fruta.
Bitácora del burro
Zhang Guolao
"El vacío no se mueve, pero lo contiene todo"
❄ La Calma del Vacío
฿ 226,000,000
?Nv.19 — Logia Yuki Yuki
