[Presente Absoluto - Evento Local] Una visita inesperada
#10
Alhen respondió a la pregunta de Kisuke con la misma sonrisa pícara que había asomado por encima del abanico momentos antes, dejando caer el cigarro casi consumido al suelo y aplastándolo con la sandalia de madera. Antes de echar a caminar se giró hacia el Yoru's Paradox y elevó la voz sin llegar a gritar – “Bajen todos y formen.” – su voz era transportada por el viento del puerto sin dificultad hasta la cubierta del galeón como lo son capaz de hacer aquellas personas que viven del teatro o de cantar ópera, aunque no fuera el caso específico de Alhen – “Traigan eso consigo y bájenlo con cuidado.” – ordeno luego de ver a sus tropas empezar a desembarcar mientras apuntaba hacia el galeón con el abanico ahora cerrado. Los soldados comenzaron a descender por la pasarela en orden, tomando posiciones en el muelle mientras un grupo de cuatro de ellos bajaba con una caja entre los cuatro. En la barandilla, Yoru observó el desembarco con esa expresión de superioridad felina que le caracterizaba, y, tras un momento, descendió también por la pasarela con paso silencioso quedando 5 metros por detrás de Alhen como si aquella hubiera sido siempre su posición en la formación.
 
Alhen metió la mano en su capa y sacó tres cigarros, ofreciendo uno a Kisuke y otro a Bambú en camaradería, como quien comparte algo en la mesa después de cenar, antes de echar a caminar en dirección al castillo junto a los dos revolucionarios con las tropas siguiendo a diez metros y Yoru liderando la procesión cinco metros por detrás del trío. El repiqueteo de las sandalias sobre los adoquines de las calles de Kamome llenaba los silencios con una cadencia irregular mientras Alhen hablaba – “La respuesta a su pregunta la tendrá en el castillo, comandante Kageyama” – dijo, encendiendo su cigarro sin prisa – dio una calada larga y dejó que el humo se dispersara en el aire fresco de la tarde mientras la calle principal de Kamome se abría ante ellos. Los transeúntes que cruzaban su camino no tardaban en apartar la mirada del suelo para posarla sobre aquel trío que avanzaba a paso calmado entre el bullicio vespertino, atraídos primero por el repiqueteo de las sandalias, luego por el aroma a tabaco que Alhen dejaba flotando a su paso, y finalmente por las proporciones de la procesión de soldados liderados por un gato negro – “El viaje ha sido tranquilo en su mayor parte” – comenzó a contar sin que nadie se lo pidiera, agitando el abanico sobre el costado izquierdo de su cara – “salvando que Yoru decidió instalarse encima de los informes que debía leer durante antes de mi llegada y estropeo la mitad de ellos” –guardó el abanico en la manga de su capa y dio otra calada a su cigarro para seguir charlando – “también resultó que mis tropas no saben preparar un arroz decente, lo dejan chicloso, ¿pueden creer?” – les conto a Kisuke y a Bambú con un nivel de indignación tal que parecía que hacer arroz perfecto fuera lo mas importante del mundo – “y por si fuera poco, la lluvia me apagó cada cigarro que intente prender durante el camino hacia Mogaro” – levantó su cigarro encendido en la mano derecha para enfatizar – “Ah, y tuvimos que lidiar con un Rey Marino unas horas antes de llegar.” – lo mencionó como si lo que había hablado del arroz chicloso fuera más importante que matar a un rey del mar, sin detenerse ni variar el paso rumbo al castillo – “calculo media unos ochenta metros, se enredó en la proa y todos entraron en pánico ¿pueden creer?” – pregunto a Kisuke y Bambú viendo primero al comandante y luego al mink buscando una respuesta lógica ante la ilógica historia que estaba contando.
 
Las calles de Kamome fueron estrechándose conforme se alejaban del puerto y la arquitectura de piedra y madera blanca con tejados de azul marino los fue envolviendo a ambos lados, con vecinos que se asomaban a las ventanas atraídos por el inconfundible repiqueteo de las sandalias mezclado con el aroma a tabaco que se colaba por las rendijas hasta que llegaron a su destino. La muralla del castillo se alzaba varios metros por encima hacia el cielo y encerraba en su interior el que fuera el castillo real, con tejados en forma de pico que emergían por encima de la muralla. Las antorchas que flanqueaban la entrada principal ya ardían a aquella hora, proyectando una luz anaranjada sobre los guardias apostados a ambos lados del portón, quienes reconocieron a Kisuke y Bambú y abrieron paso al trío sin necesidad de que mediara palabra alguna. Las tropas se detuvieron en el exterior salvo por los cuatro soldados que cargaban la caja, quienes siguieron al trío al interior. Yoru cruzó el umbral detrás de Kisuke, Bambú y Alhen, olisqueó el aire del patio interior un instante y desapareció por uno de los pasillos laterales llevada por su curiosidad animal. El grupo atravesó los corredores de piedra del castillo hasta dar con una de las estancias libres. La sala era sencilla, con una mesa y dos sillones en el centro, lo suficientemente alejada para garantizar la privacidad requerida. Los cuatro soldados que cargaban la caja desde que bajaron del galeón la depositaron cerca de la mesa del centro y cerraron la puerta tras ellos al salir.
 
Alhen se acomodó en uno de los sillones, encendió un tercer cigarro, cruzó una pierna sobre la otra y apoyó el abanico cerrado sobre su rodilla mirando a Kisuke y a Bambú – “Bien” – dijo, con un tono de voz completamente diferente al que le habían escuchado durante todo el camino – “Ahora sí podemos hablar. Como os he dicho antes, estoy aquí por órdenes de arriba. Vuestra hazaña liberando Mogaro de las manos de ese tirano no ha pasado desapercibida, ni en nuestras filas ni en las filas del Gobierno Mundial.” – su voz era tan diferente que incluso su acento había cambiado, la pronunciación de las palabras, todo. Era otra persona completamente diferente la que hablaba a Kisuke y Bambú – “Nuestra amada comandante ha dado órdenes estrictas para, y cito sus palabras 'reforzar todas las victorias que conseguimos', y me ha dotado de fondos y recursos para que esto así sea. La Armada Revolucionaria por la liberación del pueblo ha podido crecer y expandirse lo suficiente como para poder comenzar a afectar al equilibrio del mundo realmente, y todos los pasos que demos son terreno que no podemos perder, pero hablaremos de eso después...” – sus manierismos, no obstante, eran los mismos pues el poder cambiar la voz no oculta los vicios o el olor de una persona. Alhen tomo una calada de su cigarro antes de seguir – “Sabemos las pérdidas que habéis soportado individualmente hasta acabar juntos, y las que habéis soportado conjuntamente desde que os habéis unido... Beto Matashita, Khruner, Nadja Alexeyeva, Zorak Ideale, Enma, Comilón Mcbacon y Oxxy Coony... son muchos nombres, es mucho sufrimiento. Habéis enterrado a muchos camaradas para llegar hasta aquí. Lo siento mucho.” – se quitó el sombrero tras decir estas palabras y agacho ligeramente la cabeza en señal de condolencia por todos aquellos compañeros que, de cierta forma, también lo eran de Alhen tanto como de Kisuke y Bambú y que la guerra les había arrebatado por el simple pecado de pelear por el bien mayor – “Pero lamento traer más malas noticias. Sabemos lo que ha pasado con Kovashi. Siento tener que darte esta noticia, Panda.” – expulso el humo que inundaba sus pulmones antes de revelar la desconcertante noticia a Bambú a quien ahora se refería como Panda en señal no de menosprecio, sino de camaradería. Después de unos segundos de tensión tan palpable que se podría cortar con un cuchillo, Alhen saco de su capa un papel que tenía enrollado y lo postró sobre la mesa que tenía en frente.

 [Imagen: EACdv4h.png]
 
“Tu antigua compañera Derya Thyr ha sido encontrada muerta en los barrios a las afueras del Reino Ryugu. Decapitada. Me ahorraré las fotos y los detalles... Nuestras fuentes confirman que Kovashi Shimatsu fue visto en el reino y fue la última persona con ella, así que deducimos que está acabando con los cabos sueltos que lo ataban a nuestra causa.” – por primera vez en todo el día Alhen había dejado de fumar, o al menos de hacerlo su prioridad y, observando la reacción de Bambú y Kisuke, le extendió al primero el cartel de su antigua compañera – “Hay que acabar con él de una vez, y he supuesto que querrías encargarte de esto personalmente, así que te facilitaré los detalles después de la reunión que nos atañe si aceptas la misión.” – tras lo cual, Alhen se acomodo su sombrero nuevamente sobre su cabeza para luego seguir dando mas detalles de la razón por la que había llegado a Mogaro sin permitir que Bambú respondiera.
 
“Como os decía antes, el motivo de mi visita aquí es cumplir la orden directa de afianzar vuestro triunfo. Vamos a inyectar capital, recursos y tropas a Mogaro para hacerlo un bastión seguro para la revolución y un lugar de libertad y prosperidad.” – y tras decir esta última palabra fingió esconder una sonrisa detrás del abanico que volvía a tomar con su mano izquierda – “Conmigo viajan algo más de ochenta decenas de hombres y mujeres leales y comprometidos con la causa que van a establecerse aquí, como parte del personal indispensable para la defensa, quedando a vuestro servicio y a órdenes directas de Kisuke desde este momento. Además, traemos con nosotros un tesoro de cien millones de berries, extraídos directamente de las arcas del Gobierno Mundial durante estos últimos meses por nuestro camarada Gol D. Ick, que va a ser puesto a vuestra disposición para construir el mayor astillero del Nuevo Mundo. Para esto, también mejoraremos a su máxima capacidad los recurso con los que cuenta Mogaro, y se os aportará un capital extra más adelante para poder pagar la manutención y necesidades de todos los camaradas que estén aquí con vosotros para ayudaros a hacer que todo en la isla funcione.” – Alhen se puso de pie de golpe haciendo que la capa verde oscuro ondeara tras él, dio dos pasos lentos hacia el centro de la habitación y se detuvo, señalando hacia el frente con el abanico apuntando hacia una ventana que miraba al horizonte – “¡La revolución va a empezar a desatarse por todo el mundo al mismo tiempo y ese será un incendio que el Gobierno Mundial no podrá apagar con nada! ¡Ya no estaremos más a la sombra! ¡Es momento de entablar una guerra directa contra los tiranos!”
 
Un viento entro por la ventana cercana a Alhen y extendió su capa por detrás del Skypiean y consumió su cigarro ligeramente quedándole la última calada – “Cuando dejemos todo atado aquí, antes de ir a hacer nada” – enfatizo, mirando a Bambú intensamente pues sabía perfectamente que el mink deseaba expresar su pensamiento – “tengo que informaros de que se va a realizar la Primera Asamblea de la Liberación, en Báltigo, dentro de treinta días exactos. Todos los comandantes, de los Blues y del Grand Line, están obligados a asistir. Las Manos estaremos allí también, y por supuesto, nuestra Suprema Comandante dirigirá la reunión en persona.” – dijo llevando la punta que quedaba de su cigarro a sus labios para absorber el último aliento de vida que le quedaba a aquel tabaco – “Esperamos también la asistencia de reclutas de todas partes del mundo, ya que vamos a habilitar barcos en todos los mares y corrientes para poder reunir a todos los posibles. Vamos a reorganizarnos, formar nuevas divisiones, reubicar fuerzas, establecer objetivos, y comenzar la guerra. Permaneceré con vosotros mientras tanto y zarparemos juntos.” – concluyó Alhen, exhalando el humo de aquella bocanada final mientras observaba como Kisuke y Bambú procesaban toda la información que les había soltado.
 

 
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RE: [Presente Absoluto - Evento Local] Una visita inesperada - por Alhen Geouis - 10-05-2026, 01:04 AM

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