10-05-2026, 01:53 AM
Había pasado muchas cosas, el mar había sido muy grato, a veces muy cruel... El tiempo todo lo curaba, y algunas veces solo volvía más pesadas las cargas... La cruz en mi pecho, a veces pesaba el doble y resonaba en mi mente como promesas, nombres, rostros, hacía volver mis noches mas largas, los hombros mas pesados, los pies más densos y las noches más frías y oscuras, tal como ésta noche. A veces el mar era grato, como dije, y aquellas penas solo eran un fantasma que me acechaba de las sombras...Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar, pasar haciendo caminos, caminos sobre la mar... Y, navegante, no hay camino, se hace camino al navegar. Al navegar se hace camino y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar... Al navegante no hay camino sino estelas en la mar... En las cuales uno solo puede continuar andando en su camino, arrepentido, o con vista hacia delante, solo dejando detrás los ecos de lo que fue y ya no ha de ser...
El mar es grato, y el mar es cruel... Pero el camino ha de ser andado, navegando, siguiendo el horizonte, cargando la cruz que se cargue, o al menos, eso quiero creer y brinda calor a mis noches y paz a mis días.
Había pasado la temprana parte de la noche en una colorida y ruidosa taberna donde música sonaba, se veía gente de toda índole beber, reír, gritar, discutir, bailar, ser... Yo estaba allí, escuchando sin escuchar, siendo sin ser, no me hallaba, las apuestas con los dados me favorecían, y el dinero se me acumulaba en la mesa, más no lograba conectar con aquella emoción que vibraba en mí usualmente... Era una pieza que no encajaba, como una nota un tono distinto que generaba discrepancia en el sonido harmonico de una orquesta. La sensación era asfixiante, el lugar comenzaba a apretarme, quedarme chico, simplemente ya no podía seguir allí.. Pedí una botella de licor, que demoraron unos minutos en traerme, mismo tiempo que me dió a fumar un cigarro mientras la suerte me seguía sonriendo en los dados, aunque todo estaba servido las ganas hacían lucir el brillo de su ausencia dejando un avatar como epitome del vacío allí frente a los otros presentes que me rodeaban. Al recibir la botella la tomé devolviendo el vaso con una sonrisa fugaz como una efímera luz en la noche zurcando el cielo y luego chisté casi internamente. No quería estar allí... No sabía cuanto era la cuenta que llevaba, pero era mucho inferior al dinero acumulado delante mío en la mesa. No dí muchas vueltas, di un trago a la botella directo del pico y me puse de pie ante la mirada de los otros y simplemente me retiré dando la señal a la mesera que allí en la mesa estaba lo que podían cobrarse sin importarme que el vuelto hubiera sido una ganancia en botín tranquilamente...
El caminar y la brisa, hicieron que el frío me abrazara en una irónica paradoja donde sentí el calor al fin, y empecé a encontrarme paso a paso con el camino y la sonrisa no era forzada, como ladrón por la noche que intenta abrir la cerradura, sino más bien como un soplo fresco de viento en un día de calor. Mis pasos no tenían rumbo, pero el destino no importaba cuando el proceso era quien hacía su parte. Entre el andar, cada tanto mi diestra acercaba el pico de aquella botella de licor que me llevé, a mis labios, remediando aquél frío que la noche daba en ofrenda a aquellos que habían decidido encontrarse fuera de resguardo. Sin embargo, así, me sentía al menos en ese momento, resguardado. Y así seguí tramo a tramo, andando el camino, sin un camino que seguir, con todo por delante y el mundo por detrás.
Pronto, una luz, un brillo casi celestial o divino brilló ante mis ojos en la distancia, y sus movimientos no eran naturales, o si lo eran, demasiado naturales, aunque no para algo que hiciera luz, y menos con ese brillo puro, sino más bien una luz casi humana... Claro, mis orbes, color cobre brillaron en respuesta, inmediata, sin mediación seguí la luz, que refulgía como hierro en la forja, adueñandose de la penumbra de la noche anunciando su dominancia ante lo natural. Y para alguien como yo, allí había sido más que un llamado a ver, era la curiosidad, la intriga, la emoción que volvía a mi ser luego de días. La noche que se hacía día paradojicamente había despertado cual sol naciente dentro mío aquello que se había dormido aquel día que se fracturó algo... Finalmente a unos metros comprendí... Un sujeto, solo un sujeto era capaz de hacer que algo tan etereo como la luz se manejara tan humanamente natural. Y allí, cerca, pude ver el espectáculo mientras me agaché a tomar el periódico que había allí, observando al joven que no había notado quizás mi presencia, sin querer perder el detalle. La noche dejo de ser noche y mis ojos se maravillaron y reí a carcajadas, tal demostración fue increíble y era un poder seguramente, un poder digno de admirar en su demostración. Luego pude verme en el periódico a mí mismo mientras éste caía y eché a reír... Mientras el albuno acostado a unos metros se quejó, lo escuché y seguramente el me escuchó a mí también cuando reí y dije —Vaya, me veo algo distinto creo... Quizás sea la foto— soltando al aire entre risas y acercándome al lumínico ser.
Me agaché un poco, periodico y botella en ambas manos, y le extendí la diestra, ofreciendo el licor. Y dejando el periódico en el ñiso me incorporé viéndole. —Nunca es suficiente, nunca será suficiente— le dije haciendo una pausa para encender un cigarro, dar una pitada, echar el humo, y retomar. —Sino no sería divertido... La libertad nunca es suficiente...— concluí echando a reír rostro al cielo.
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