10-05-2026, 03:14 AM
(Última modificación: 10-05-2026, 03:15 AM por Miyori Hoshino.)
El puerto de Baterilla aquella noche rebosaba de vida, las farolas y antorchas iluminaban el sendero del muelle de madera mientras el constante ir y venir de los transeúntes hacían crujir las tablas bajo el peso de sus pisadas. Lentamente, el sol decaía en el horizonte dejando tras de sí matices anaranjados que poco a poco daban paso a tonalidades más frías, un cielo violeta acompañado por la brisa helada proveniente de las olas que besaban el entramado del puerto.
La mayoría de los puestos comerciales comenzaban a cerrar, por lo que la Marine podía observar cómo algunos isleños recogían sus pertenencias entre risas y conversaciones antes de retirarse a sus hogares, sin embargo, ciertos negocios seguían activos debido al tipo de clientela que frecuentaban los negocios, hombres navegantes que disfrutaban de una buena cerveza después de un largo día timoneando o descargando mercancía.
Fue entonces cuando la doncella nívea de ojos azules hizo su aparición entre los navíos aún encallados en la costa, captando la atención de todo civil que se cruzaba en su camino. Algunos simplemente decidieron cambiar de ruta en lugar de encontrarse con la oficial de turno. ¿La razón?, quién sabe, tal vez por antiguas fechorías, quizá por desagrado hacia el uniforme… o simplemente porque recordaron un camino más conveniente hacia otro lado.
Por el momento, la presencia de la marina bastó para poner a todos en alerta, no porque hubiese alzado la voz ni provocado un escándalo, sino, porque el uniforme que representaba daba a entender que algo ocurría en el puerto. Los mercaderes y trabajadores del muelle quedaron expectantes ante lo que pudiera suceder, algunos intercambiaron miradas confundidas, mientras otros simplemente la observaban en silencio.
—--- ¿A quién busca, señorita? —-- preguntó una mujer que en ese instante asaba calamares a la parilla, barnizándolos con salsa de barbacoa, la humedad de la salsa chocaba contra las brasas ardientes, levantando pequeñas nubes de humo cargadas de un aroma sumamente apetitoso.
—-- ¿Viene por lo de los cargamentos hurtados? —- añadió un hombre que cargaba dos enormes sacos sobre sus hombros, vestía únicamente unos pantalones beige y botas negras, sus brazos tatuados y la marcada musculatura dejaban en evidencia que era un hombre acostumbrado al trabajo pesado, tenía incluso facciones atractivas, ojos verdes, piel morena y cabello recogido en rastas, y, para desgracia, o quizá tortura, llevaba el abdomen sin prenda alguno que dejaba a la vista lo cuán marcado estaba su abdomen y sus pectorales a la vista de la Marine.
Mientras el montacargas se acercaba, aparentemente involucrado en aquello que la joven nívea buscaba, varios de sus compañeros comenzaron a aproximarse también, movidos por la curiosidad ante la intervención de la autoridad en el puerto. Todos y cada uno de ellos estaban sin camisa, dejando expuestos torsos igual de marcados. Ahora tenía frente a ella a cinco hombres de musculatura trabajada bajo la tenue luz de las antorchas. ¿Podría recordar la sencilla tarea que se le había encomendado?
A pocos metros, y ajenos a la situación, varios niños corrían entre risas por la vereda del muelle, llevando pequeños barcos de juguete. Tres niños y una niña de vestido blanco jugaban a perseguirse, todos blandían espadas de madera pequeñas, excepto la pequeña, que simplemente corría detrás de ellos intentando alcanzarlos. Uno de los infantes llevaba una vieja gorra con la palabra “Maarrine” mal escrita en el frente, dejando en evidencia que jugaban a imitar a las distintas facciones del mar, y la más soñadora, Marine vs Pirata.
La mayoría de los puestos comerciales comenzaban a cerrar, por lo que la Marine podía observar cómo algunos isleños recogían sus pertenencias entre risas y conversaciones antes de retirarse a sus hogares, sin embargo, ciertos negocios seguían activos debido al tipo de clientela que frecuentaban los negocios, hombres navegantes que disfrutaban de una buena cerveza después de un largo día timoneando o descargando mercancía.
Fue entonces cuando la doncella nívea de ojos azules hizo su aparición entre los navíos aún encallados en la costa, captando la atención de todo civil que se cruzaba en su camino. Algunos simplemente decidieron cambiar de ruta en lugar de encontrarse con la oficial de turno. ¿La razón?, quién sabe, tal vez por antiguas fechorías, quizá por desagrado hacia el uniforme… o simplemente porque recordaron un camino más conveniente hacia otro lado.
Por el momento, la presencia de la marina bastó para poner a todos en alerta, no porque hubiese alzado la voz ni provocado un escándalo, sino, porque el uniforme que representaba daba a entender que algo ocurría en el puerto. Los mercaderes y trabajadores del muelle quedaron expectantes ante lo que pudiera suceder, algunos intercambiaron miradas confundidas, mientras otros simplemente la observaban en silencio.
—--- ¿A quién busca, señorita? —-- preguntó una mujer que en ese instante asaba calamares a la parilla, barnizándolos con salsa de barbacoa, la humedad de la salsa chocaba contra las brasas ardientes, levantando pequeñas nubes de humo cargadas de un aroma sumamente apetitoso.
—-- ¿Viene por lo de los cargamentos hurtados? —- añadió un hombre que cargaba dos enormes sacos sobre sus hombros, vestía únicamente unos pantalones beige y botas negras, sus brazos tatuados y la marcada musculatura dejaban en evidencia que era un hombre acostumbrado al trabajo pesado, tenía incluso facciones atractivas, ojos verdes, piel morena y cabello recogido en rastas, y, para desgracia, o quizá tortura, llevaba el abdomen sin prenda alguno que dejaba a la vista lo cuán marcado estaba su abdomen y sus pectorales a la vista de la Marine.
Mientras el montacargas se acercaba, aparentemente involucrado en aquello que la joven nívea buscaba, varios de sus compañeros comenzaron a aproximarse también, movidos por la curiosidad ante la intervención de la autoridad en el puerto. Todos y cada uno de ellos estaban sin camisa, dejando expuestos torsos igual de marcados. Ahora tenía frente a ella a cinco hombres de musculatura trabajada bajo la tenue luz de las antorchas. ¿Podría recordar la sencilla tarea que se le había encomendado?
A pocos metros, y ajenos a la situación, varios niños corrían entre risas por la vereda del muelle, llevando pequeños barcos de juguete. Tres niños y una niña de vestido blanco jugaban a perseguirse, todos blandían espadas de madera pequeñas, excepto la pequeña, que simplemente corría detrás de ellos intentando alcanzarlos. Uno de los infantes llevaba una vieja gorra con la palabra “Maarrine” mal escrita en el frente, dejando en evidencia que jugaban a imitar a las distintas facciones del mar, y la más soñadora, Marine vs Pirata.
Resumen
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Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
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