10-05-2026, 07:46 AM
-¡Una polla!- reniega el Agente V. mientras se levanta de la silla con un fuerte sobresalto, dejándola caer al suelo. No golpea la mesa de milagro, aunque poco le falta para tirarlo todo por el suelo, tornillos y piezas diminutas del artilugio incluido. No puede creerse la mala suerte que están teniendo, pero sabe de buena mano que esto no es una broma del Agente A. Él no bromea con estas cosas. Ladea el cuerpo y gira ligeramente en la dirección por donde vigila su compañero. Y ahí lo ve. Una criatura gigantesca, de más de cuatro metros de alto y con una envergadura descomunal. Pero su estilo era demasiado singular como para pasar desapercibido. Una torre de músculos, con rompas punk y un flow violento. Precisamente no era un random cualquiera y así lo había hecho saber al mundo, con varias apariciones en los periódicos y una recompensa en aumento isla tras isla. Los últimos reportes hablan de que mató a la mano derecha de Akatora junto a otro pirata, dándole el golpe de gracia. Ubbe, la Bestia. Intentando recomponer la compostura, el Agente V. se echa la mano derecha en el bolsillo con velocidad. Pero no encuentra nada. Sin perder de vista al buccaner, comprueba el resto de bolsillos pero sigue sin dar con lo que necesita. -"Joder..."- piensa para si mismo, maldiciendo. Intenta disimular su descontento, pero se le filtra una ligera mueca entre dientes. Mira entonces al Agente A. Este se mantiene firme sobre la rama del árbol, tenso, sin perder de vista al pirata. Aunque sus hombros están relajados, sus puños están completamente cerrados. Solo con verle, y tras años trabajando juntos, sabe que él también lo ha reconocido y conoce el peligro que representa.
En efecto, el Agente A. lo ha reconocido. Ha tardado un poco más, pero al ver sus pintas, lo ha tenido claro de primeras. Ya cuando ha visto lo masivo del tipo, ha entendido que debía estar alerta. Ha enfrentado bichos más grandes, tanto solo como acompañado de su hermano de otra madre. Y un mal golpe te arruina la vida para siempre. Este se levanta sobre la rama a la que tiene oportunidad, dejando caer el binocular al suelo desde lo alto del árbol. Tiene apariencia calmada, pero no es más que fachada. Con el tiempo se ha vuelto un experto en ocultar emociones y sabe que no puede mostrar ningún ápice de miedo o nervios. Y menos lo que siente realmente, pues en lo más profundo de su ser se muere de ganas de lanzarse de primeras a comprobar la fuerza del titán. Pero eso sería condenar la misión definitivamente y poner en riesgo a su compañero por un mero capricho. Se limita a ver cada movimiento con cautela, con un semblante serio, pensativo, analítico...
Ubbe, por el contrario, es ajeno a todo esta tensión, como si viviera una realidad paralela. La tranquilidad de saber que es indoblegable pase lo que pase, la paz, el privilegio de ser el más fuerte. Avanza poco a poco, sin llegar a invadir el espacio personal de ninguno de los dos agentes. Parece desconocer por completo para quien trabajan estos dos tipos y tampoco se pregunta qué hacen ahí. Él va a la suya, y con eso le basta y le sobra. Tiene una misión, y encima para ayudar a su compañero de aventuras. Es lo único que le importa ahora, recolectar acero y material para Sigurd. Siempre dispuesto a echar una mano.
Con su gracia natural y su forma tan particular de hablar, les pide información sobre alguna mina o lugar donde hacerse con un buen botín de metales. Admite que está algo perdido y le está costando encontrar el recurso. Su voz es amable y su sonrisa lo reafirma. No hay ninguna intención hostil, aunque tampoco parece que vaya apurado. Necesita la información y considera que "los hombres del bosque" se la van a dar.
Ambos agentes se quedan estupefactos ante semejante revelación y comportamiento. Ninguno se espera que la mano derecha del Carnicero, aquel que según las fuentes se lanzó a morir en un 100 vs 1 en Drum y mató a un capitán de la Marina a puñetazos sea tan amable y correcto con dos evidentes agentes del Gobierno Mundial. Capaz y era tan descuidado que no se había dado cuenta. O tan solo estaba tan lejos de la escala de poder, que valora a ambos soldados como hormigas insignificantes. Pero ninguno de los agentes desaprovecha la oportunidad.
El agente V. toma la iniciativa con una actitud risueña. Simula percatarse de algo de forma excesivamente teatral, tan solo le hace falta que aparezca una bombilla encendida encima de su cabeza. -¡Oh, así que es eso!- comenta. -Para eso tengo una solución, dame un segundo.- su voz es tan amable y alegre que parece abrazarte. Es una sensación genuina de ayuda, de saber cómo resolver el problema. El gesto casi cómico, levantando el dedo índice de la mano derecha hacia el cielo mientras da un pequeño respingo. Rápido y audaz, se dirige hacia el interior de la tienda de campaña. Justo antes de entrar, suelta. -Desde Aldea Yute que no hago uso de este mapa...- y termina de meterse dentro.
Tanto Ubbe como el agente A. se quedan fuera de la campaña, uno frente al otro con un par de metros de altura sobre la rama. El silencio es incómodo, acompañado del sonido estridente de un montón de cosas que se remueven dentro de la tienda de campaña. La mirada del agente es sería, aunque intenta forzar una sonrisa que solo suma a la inestabilidad del momento. Cualquiera diría que se ha quedado encerrado en un ascensor con el buccaner y ambos tuvieran que subir 200 pisos. A rompe el hielo señalando a su espalda con el pulgar por encima del hombro, sin perder de vista al gigantón. -Ahora sale... Que lo tenemos todo un poco desordenado, jeje...- dice para aliviar casi que su propia tensión, haciendo tiempo mientras su compañero rebusca.
Desde dentro suena un estruendo de cosas moviéndose de un lado a otro, con celeridad. Ubbe, que ha pasado gran parte de su vida entre mecanismos y cachivaches, es capaz de reconocer varias cosas que chocan entre si o que caen directamente al suelo: varios tornillos impactando con tuercas, herramientas de toda clase, alguna cosa de vidrio, telas de ropa vieja, un par de conchas del mar, pergaminos e informes revoloteando... -¡¡Aquí lo tengo!!- anuncia satisfecho el muchacho. Sale entonces sosteniendo con una mano una especie de plancha de madera con un papel sostenido con una pinza en lo alto. Lo que es un portafolio de toda la vida. Lo coge como si de una bandeja de servir se tratara, como un camarero. Y sobre ella, un papel que ocupa la totalidad de la lámina. Se acerca despreocupado, no sin antes echar un ojo a su nervioso compañero y giñarle un ojo, mandándole una señal de que todo está en orden. Cuando alcanza a titán, alza la mano de la bandeja de madera para facilitar la visión del contenido del papel. Un mapa cartográfico de la zona, con la cima del monte señalada, el pueblo y a mano todos los rincones con minas y bosques. Justo lo que Ubbe necesita, servido en bandeja para cumplir con su misión. -Esto es para tí, toma.- le invita a cogerlo. -Con esto no te perderás, Ubbe, ¡te lo aseguro!-
En efecto, el Agente A. lo ha reconocido. Ha tardado un poco más, pero al ver sus pintas, lo ha tenido claro de primeras. Ya cuando ha visto lo masivo del tipo, ha entendido que debía estar alerta. Ha enfrentado bichos más grandes, tanto solo como acompañado de su hermano de otra madre. Y un mal golpe te arruina la vida para siempre. Este se levanta sobre la rama a la que tiene oportunidad, dejando caer el binocular al suelo desde lo alto del árbol. Tiene apariencia calmada, pero no es más que fachada. Con el tiempo se ha vuelto un experto en ocultar emociones y sabe que no puede mostrar ningún ápice de miedo o nervios. Y menos lo que siente realmente, pues en lo más profundo de su ser se muere de ganas de lanzarse de primeras a comprobar la fuerza del titán. Pero eso sería condenar la misión definitivamente y poner en riesgo a su compañero por un mero capricho. Se limita a ver cada movimiento con cautela, con un semblante serio, pensativo, analítico...
Ubbe, por el contrario, es ajeno a todo esta tensión, como si viviera una realidad paralela. La tranquilidad de saber que es indoblegable pase lo que pase, la paz, el privilegio de ser el más fuerte. Avanza poco a poco, sin llegar a invadir el espacio personal de ninguno de los dos agentes. Parece desconocer por completo para quien trabajan estos dos tipos y tampoco se pregunta qué hacen ahí. Él va a la suya, y con eso le basta y le sobra. Tiene una misión, y encima para ayudar a su compañero de aventuras. Es lo único que le importa ahora, recolectar acero y material para Sigurd. Siempre dispuesto a echar una mano.
Con su gracia natural y su forma tan particular de hablar, les pide información sobre alguna mina o lugar donde hacerse con un buen botín de metales. Admite que está algo perdido y le está costando encontrar el recurso. Su voz es amable y su sonrisa lo reafirma. No hay ninguna intención hostil, aunque tampoco parece que vaya apurado. Necesita la información y considera que "los hombres del bosque" se la van a dar.
Ambos agentes se quedan estupefactos ante semejante revelación y comportamiento. Ninguno se espera que la mano derecha del Carnicero, aquel que según las fuentes se lanzó a morir en un 100 vs 1 en Drum y mató a un capitán de la Marina a puñetazos sea tan amable y correcto con dos evidentes agentes del Gobierno Mundial. Capaz y era tan descuidado que no se había dado cuenta. O tan solo estaba tan lejos de la escala de poder, que valora a ambos soldados como hormigas insignificantes. Pero ninguno de los agentes desaprovecha la oportunidad.
El agente V. toma la iniciativa con una actitud risueña. Simula percatarse de algo de forma excesivamente teatral, tan solo le hace falta que aparezca una bombilla encendida encima de su cabeza. -¡Oh, así que es eso!- comenta. -Para eso tengo una solución, dame un segundo.- su voz es tan amable y alegre que parece abrazarte. Es una sensación genuina de ayuda, de saber cómo resolver el problema. El gesto casi cómico, levantando el dedo índice de la mano derecha hacia el cielo mientras da un pequeño respingo. Rápido y audaz, se dirige hacia el interior de la tienda de campaña. Justo antes de entrar, suelta. -Desde Aldea Yute que no hago uso de este mapa...- y termina de meterse dentro.
Tanto Ubbe como el agente A. se quedan fuera de la campaña, uno frente al otro con un par de metros de altura sobre la rama. El silencio es incómodo, acompañado del sonido estridente de un montón de cosas que se remueven dentro de la tienda de campaña. La mirada del agente es sería, aunque intenta forzar una sonrisa que solo suma a la inestabilidad del momento. Cualquiera diría que se ha quedado encerrado en un ascensor con el buccaner y ambos tuvieran que subir 200 pisos. A rompe el hielo señalando a su espalda con el pulgar por encima del hombro, sin perder de vista al gigantón. -Ahora sale... Que lo tenemos todo un poco desordenado, jeje...- dice para aliviar casi que su propia tensión, haciendo tiempo mientras su compañero rebusca.
Desde dentro suena un estruendo de cosas moviéndose de un lado a otro, con celeridad. Ubbe, que ha pasado gran parte de su vida entre mecanismos y cachivaches, es capaz de reconocer varias cosas que chocan entre si o que caen directamente al suelo: varios tornillos impactando con tuercas, herramientas de toda clase, alguna cosa de vidrio, telas de ropa vieja, un par de conchas del mar, pergaminos e informes revoloteando... -¡¡Aquí lo tengo!!- anuncia satisfecho el muchacho. Sale entonces sosteniendo con una mano una especie de plancha de madera con un papel sostenido con una pinza en lo alto. Lo que es un portafolio de toda la vida. Lo coge como si de una bandeja de servir se tratara, como un camarero. Y sobre ella, un papel que ocupa la totalidad de la lámina. Se acerca despreocupado, no sin antes echar un ojo a su nervioso compañero y giñarle un ojo, mandándole una señal de que todo está en orden. Cuando alcanza a titán, alza la mano de la bandeja de madera para facilitar la visión del contenido del papel. Un mapa cartográfico de la zona, con la cima del monte señalada, el pueblo y a mano todos los rincones con minas y bosques. Justo lo que Ubbe necesita, servido en bandeja para cumplir con su misión. -Esto es para tí, toma.- le invita a cogerlo. -Con esto no te perderás, Ubbe, ¡te lo aseguro!-
Agente V le entrega mapa a Ubbe
Cajita feliz

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