10-05-2026, 02:35 PM
Por supuesto, Melly se sorprendió mucho al verme. No era para menos, ¡qué casualidad! ¡E incluso me reconoció con estas ropas! Me bajé la tela de la cara para dejarla al descubierto, aunque todo lo demás siguiera cubierto en telas.
Uno de sus tentáculos viajó lentamente hasta acariciar mi rostro, exactamente igual que la vez que nos despedimos. Esta vez, sin embargo, no había compañeros en peligro ni amenazas de muerte que nos persiguieran, por lo que yo también pude colocar mi propia mano sobre él y, con una gran sonrisa, apretarlo con suavidad contra mi mejilla al tiempo que cerraba un momento los ojos.
―Lo mismo digo. ¡Me alegro mucho de que no sea el caso! ―En ese momento recordé que estábamos en un lugar bastante público y eso podía ser peligroso, así que volví a cubrirme la mitad inferior del rostro―. Vamos a un sitio más tranquilo. Ven ―propuse tomándola de la mano y echando a andar con la energía de la emoción en la voz por la alegría de volver a verla―, ¿tienes hambre? ¡Te invito a unos dulces!
Dado que al mercado llegaban a veces nómadas, siempre se situaba bastante cerca de la entrada de la ciudad, por lo que no tardamos casi nada en salir. Además, sabía perfectamente dónde llevarla: yendo por la izquierda, tras un giro del muro de la ciudad, había una zona muy agradable con tres palmeras en la que nunca había llegado a ver a nadie, supongo que porque no había nada que hacer y era demasiado peligroso dejar a los niños jugar solos fuera del muro.
Una vez llegamos a la sombra, la solté para girarme y mirarla de frente, extendiendo el brazo libre hasta las altas hojas.
―¡Tacháaan! ¿Qué te parece? ¡Aquí se está mucho más fresquito! ―Imaginaba que, siendo una medusa, eso le iría bastante bien.
Me desaté la katana del cinto y la dejé a un lado mientras me sentaba y coloqué la bolsa de tela entre las dos. La abrí para mostrar el contenido, un paquetito envuelto en papel que, una vez retiré, dejó ver una bandejita de cartón con diez pastelitos de varios tipos, todos con ingredientes del desierto.
―¡Coge los que quieras! ―ofrecí mientras me quitaba la capucha y me acomodaba el cabello y me masajeaba suavemente las orejas―. ¡Ah, qué ganas de quitarme esa cosaaaa! Por lo visto las cosas son más baratas si pareces de por aquí. ¿Cómo te ha ido en este tiempo, Melly? ¡Quiero saber cositas de ti!
Uno de sus tentáculos viajó lentamente hasta acariciar mi rostro, exactamente igual que la vez que nos despedimos. Esta vez, sin embargo, no había compañeros en peligro ni amenazas de muerte que nos persiguieran, por lo que yo también pude colocar mi propia mano sobre él y, con una gran sonrisa, apretarlo con suavidad contra mi mejilla al tiempo que cerraba un momento los ojos.
―Lo mismo digo. ¡Me alegro mucho de que no sea el caso! ―En ese momento recordé que estábamos en un lugar bastante público y eso podía ser peligroso, así que volví a cubrirme la mitad inferior del rostro―. Vamos a un sitio más tranquilo. Ven ―propuse tomándola de la mano y echando a andar con la energía de la emoción en la voz por la alegría de volver a verla―, ¿tienes hambre? ¡Te invito a unos dulces!
Dado que al mercado llegaban a veces nómadas, siempre se situaba bastante cerca de la entrada de la ciudad, por lo que no tardamos casi nada en salir. Además, sabía perfectamente dónde llevarla: yendo por la izquierda, tras un giro del muro de la ciudad, había una zona muy agradable con tres palmeras en la que nunca había llegado a ver a nadie, supongo que porque no había nada que hacer y era demasiado peligroso dejar a los niños jugar solos fuera del muro.
Una vez llegamos a la sombra, la solté para girarme y mirarla de frente, extendiendo el brazo libre hasta las altas hojas.
―¡Tacháaan! ¿Qué te parece? ¡Aquí se está mucho más fresquito! ―Imaginaba que, siendo una medusa, eso le iría bastante bien.
Me desaté la katana del cinto y la dejé a un lado mientras me sentaba y coloqué la bolsa de tela entre las dos. La abrí para mostrar el contenido, un paquetito envuelto en papel que, una vez retiré, dejó ver una bandejita de cartón con diez pastelitos de varios tipos, todos con ingredientes del desierto.
―¡Coge los que quieras! ―ofrecí mientras me quitaba la capucha y me acomodaba el cabello y me masajeaba suavemente las orejas―. ¡Ah, qué ganas de quitarme esa cosaaaa! Por lo visto las cosas son más baratas si pareces de por aquí. ¿Cómo te ha ido en este tiempo, Melly? ¡Quiero saber cositas de ti!
