10-05-2026, 09:31 PM
No era una cuestión de ego, ni mucho menos orgullo masculino, alguien como Shin jamás caería en ofrecer todo su valor personal a algo tan sencillo y vacío como la seducción, además no sería la primera vez que una mujer lo rechaza, la vida es así, cada cuestión sigue su curso natural y su mente habitualmente flota entre otras prioridades. Mientras la fuerza no fuese un hecho discutible en su persona, el resto estaba bien, no obstante... había algo que sí fue de peso en toda esa situación, y no tardaría en hacerlo notar considerando que, una de las pocas cosas que creía ventajosas de cara a Samantha había desaparecido.
—¡Aaaaah! Maldita sea, ¡habérmelo dicho antes, Sammy! —niega con la cabeza, colocando ambas palmas en la mesa, junto a su frente apoyada en la misma, en un gesto totalmente derrotado. —No me habría esforzado tanto de ser así... —tras un largo suspiro, donde reconoce que genuinamente le estaba echando ganas, se coloca recto otra vez y alza el dedo a la altura de su mentón, inclinándose hacia su derecha. Una bombilla de luz se enciende sobre su cabeza, y el hombre de vibras sofisticadas y galantes pasó a convertirse en un auténtico payaso caricaturesco.
—Aunque fallé en el detalle más importante, vine a un encuentro contigo sin regalo... ¡oh, mea culpa! —niega al final con la cabeza, antes de retomar su compostura profesional y volver a hacer contacto visual, aunque el acceso a sus ojos cerúleos sería cortado de cuajo, pues del interior del uniforme revela unas gafas de sol que no tarda en colocarse, como si supiera que uno de sus mayores atractivos son esas iris de brillo casi etéreo.
Pasó a centrarse en la poca información importante que estuviese dispuesto a ofrecerle, y con eso bajo consideración asintió varias veces, volviéndose más silencioso y efectivo en el alcance que tuviese disponible socialmente de cara hacia ella. Al menos fue así hasta que llegó la despedida, momento en donde mientras la mujer se retiraba, Shin se reacomodó las gafas, bajándolas para permitir un último vistazo a sus ojos durante ese encuentro, y decirle algo... bastante importante.
—Espero que después de esto, sigas siendo sólo una artista, Sammy. —las palabras del albino no pasan desapercibidas, entendiendo que necesitaba toda la información posible respecto a los clanes, de esa manera podría proteger a los suyos y a sí mismo con métodos más efectivos que sólo entrar en combate. Por ello aceptaba ese trabajo, le daba igual proteger o no a una cómplice de juegos retorcidos como el efectuado por Minato —Porque no habrá una próxima vez amistosa después de mañana. —con todo dicho, se ajustó las gafas, cerrando el telón de sus ojos, con las ideas más claras que nunca.
La noche era fría, no tanto como una invernal ni mucho menos cerca de climas extremos que le hicieran optar por abrigos mayores a lo que decidió ponerse para la ocasión, sin embargo, el estilo tan tradicional y formal que lo acompañó desde su crianza se hizo presente en las pintas del marine. Estando fuera de servicio, asistió al festival, con el particular detalle de llevar el uniforme protocolar bajo las telas finas que le daban una apariencia distinta a la habitual, conformado por un kimono gris azulado, haori negro oversized y un cuello alto que le daban vibras elegantes, casi fantasmal, detalle curioso considerando el encuentro que le esperaba.
Aunque primero debía ver a Samantha, y esta vez... fue más puntual de lo que la mujer habría esperado.
Lucía tan asombrosa como siempre, eso no se lo podía negar y es natural en una artista, pero esta vez Hasegawa cambia la perspectiva, su mirada expresa la concentración que mantiene, aunque a vista externa se difumina con su sonrisa magnética, transmitiendo al resto de sus gestos un manto de superioridad y ego que convergen en la vibra de élite que siempre reposa sobre su presencia. —No hagas ninguna locura, espero cero complicaciones. —se colocó de perfil, ignorando a consciencia los besos que le dedicó y el resto de su show personal, pues al final el foco estaba en otras cuestiones, mucho más importantes que volver a un juego de seducción unilateral, o carisma envuelto en humor desproporcionado.
Shin decide ubicarse cerca del puesto del lado izquierdo, sobre la parte superior del mismo y a un metro, manteniéndose a siete del escenario en línea recta. Intenta no perder de vista a Samantha mientras pasa desapercibido, como un civil más entre sus ropas tradicionales repletas de elegancia, aunque lo primero que saltaría a la vista de sus viejos familiares, es que no porta el símbolo del clan Hasegawa, ni de los Hiroshi, algo obligatorio para quienes simbolizan la unión de ambas familias.
Y obvio, su queridísimo primo Issei lo sabría en caso de observarlo con detenimiento, aunque a primera vista parecía más sorprendido por verlo ahí que por cualquier otro motivo. Shin, por su parte, sólo giró levemente el rostro hacia él, ofreciendo una sonrisa confiada. No era alegría por verlo, ni símbolos claros de que lo extrañó, para el radiante miembro de la marine lo único que importaba y podía llegar a generarle algo, es que si está ahí, las altas esferas de ambos clanes están implicadas en algo de lo que sucederá.
—¡Yō, SeiSei! —el apodo con el que siempre lo llamaba, elevando la diestra a modo de saludo, y recibiendo a los pocos segundos con el mismo gesto casi desinteresado el comentario de que andaba vagueando. Pregunta sobre el cruce del mar, y comenta que esperaba a alguien, es en ese momento que Shin vuelve a observar hacia adelante, donde estaba el escenario, centrando toda su atención en ese punto a medida que iba a responder las cuestiones del otro Hasegawa.
—Nunca necesité que me cuiden, SeiSei. Menos cuando quienes tienen esa responsabilidad son más débiles que yo. —su sonrisa no cambia, el comentario fractura el ambiente con un ego formidable, pero el tono en que lo dice es semejante a decir lo que desayunó esa mañana. Un hecho tan obvio que pasa a ser mundano. —Así que ya te imaginarás mi paso por el cruce. —una mentira, no por incapacidad, sino que si se paraba a explicar lo que realmente pasó la atención se desviaría, y Shin necesitaba compactar información.
Lo haría de manera extremadamente directa, recordando las palabras de Samantha.
—¿A quién esperabas? —le mira de reojo durante breves segundos. La noche que los rodeaba era preciosa, luces tenues adornando el festival, todos listos para gozar arte en vivo y claro, lo que sea que ofreciesen los puestos alrededor del espacio designado para la velada. Como si fuese un capítulo dramático y trágico en cualquier novela ligera, de esas que pretenden dar un giro de ciento ochenta grados mediante las palabras impresas.
—No me digas que vinieron a matar a alguien, y no me avisaron para apuntarme a la misión. —de nuevo, usa un tono extremadamente casual para las palabras que empleó. —Es una broma, por si no te diste cuenta. —y al mirarle, le saca la lengua, intentando testear sus reacciones.
La eterna sombra del clan Hasegawa junto al niño prodigio. La suma de factores le olía a peligro.
—¡Aaaaah! Maldita sea, ¡habérmelo dicho antes, Sammy! —niega con la cabeza, colocando ambas palmas en la mesa, junto a su frente apoyada en la misma, en un gesto totalmente derrotado. —No me habría esforzado tanto de ser así... —tras un largo suspiro, donde reconoce que genuinamente le estaba echando ganas, se coloca recto otra vez y alza el dedo a la altura de su mentón, inclinándose hacia su derecha. Una bombilla de luz se enciende sobre su cabeza, y el hombre de vibras sofisticadas y galantes pasó a convertirse en un auténtico payaso caricaturesco.
—Aunque fallé en el detalle más importante, vine a un encuentro contigo sin regalo... ¡oh, mea culpa! —niega al final con la cabeza, antes de retomar su compostura profesional y volver a hacer contacto visual, aunque el acceso a sus ojos cerúleos sería cortado de cuajo, pues del interior del uniforme revela unas gafas de sol que no tarda en colocarse, como si supiera que uno de sus mayores atractivos son esas iris de brillo casi etéreo.
Pasó a centrarse en la poca información importante que estuviese dispuesto a ofrecerle, y con eso bajo consideración asintió varias veces, volviéndose más silencioso y efectivo en el alcance que tuviese disponible socialmente de cara hacia ella. Al menos fue así hasta que llegó la despedida, momento en donde mientras la mujer se retiraba, Shin se reacomodó las gafas, bajándolas para permitir un último vistazo a sus ojos durante ese encuentro, y decirle algo... bastante importante.
—Espero que después de esto, sigas siendo sólo una artista, Sammy. —las palabras del albino no pasan desapercibidas, entendiendo que necesitaba toda la información posible respecto a los clanes, de esa manera podría proteger a los suyos y a sí mismo con métodos más efectivos que sólo entrar en combate. Por ello aceptaba ese trabajo, le daba igual proteger o no a una cómplice de juegos retorcidos como el efectuado por Minato —Porque no habrá una próxima vez amistosa después de mañana. —con todo dicho, se ajustó las gafas, cerrando el telón de sus ojos, con las ideas más claras que nunca.
La noche era fría, no tanto como una invernal ni mucho menos cerca de climas extremos que le hicieran optar por abrigos mayores a lo que decidió ponerse para la ocasión, sin embargo, el estilo tan tradicional y formal que lo acompañó desde su crianza se hizo presente en las pintas del marine. Estando fuera de servicio, asistió al festival, con el particular detalle de llevar el uniforme protocolar bajo las telas finas que le daban una apariencia distinta a la habitual, conformado por un kimono gris azulado, haori negro oversized y un cuello alto que le daban vibras elegantes, casi fantasmal, detalle curioso considerando el encuentro que le esperaba.
Aunque primero debía ver a Samantha, y esta vez... fue más puntual de lo que la mujer habría esperado.
Lucía tan asombrosa como siempre, eso no se lo podía negar y es natural en una artista, pero esta vez Hasegawa cambia la perspectiva, su mirada expresa la concentración que mantiene, aunque a vista externa se difumina con su sonrisa magnética, transmitiendo al resto de sus gestos un manto de superioridad y ego que convergen en la vibra de élite que siempre reposa sobre su presencia. —No hagas ninguna locura, espero cero complicaciones. —se colocó de perfil, ignorando a consciencia los besos que le dedicó y el resto de su show personal, pues al final el foco estaba en otras cuestiones, mucho más importantes que volver a un juego de seducción unilateral, o carisma envuelto en humor desproporcionado.
Shin decide ubicarse cerca del puesto del lado izquierdo, sobre la parte superior del mismo y a un metro, manteniéndose a siete del escenario en línea recta. Intenta no perder de vista a Samantha mientras pasa desapercibido, como un civil más entre sus ropas tradicionales repletas de elegancia, aunque lo primero que saltaría a la vista de sus viejos familiares, es que no porta el símbolo del clan Hasegawa, ni de los Hiroshi, algo obligatorio para quienes simbolizan la unión de ambas familias.
Y obvio, su queridísimo primo Issei lo sabría en caso de observarlo con detenimiento, aunque a primera vista parecía más sorprendido por verlo ahí que por cualquier otro motivo. Shin, por su parte, sólo giró levemente el rostro hacia él, ofreciendo una sonrisa confiada. No era alegría por verlo, ni símbolos claros de que lo extrañó, para el radiante miembro de la marine lo único que importaba y podía llegar a generarle algo, es que si está ahí, las altas esferas de ambos clanes están implicadas en algo de lo que sucederá.
—¡Yō, SeiSei! —el apodo con el que siempre lo llamaba, elevando la diestra a modo de saludo, y recibiendo a los pocos segundos con el mismo gesto casi desinteresado el comentario de que andaba vagueando. Pregunta sobre el cruce del mar, y comenta que esperaba a alguien, es en ese momento que Shin vuelve a observar hacia adelante, donde estaba el escenario, centrando toda su atención en ese punto a medida que iba a responder las cuestiones del otro Hasegawa.
—Nunca necesité que me cuiden, SeiSei. Menos cuando quienes tienen esa responsabilidad son más débiles que yo. —su sonrisa no cambia, el comentario fractura el ambiente con un ego formidable, pero el tono en que lo dice es semejante a decir lo que desayunó esa mañana. Un hecho tan obvio que pasa a ser mundano. —Así que ya te imaginarás mi paso por el cruce. —una mentira, no por incapacidad, sino que si se paraba a explicar lo que realmente pasó la atención se desviaría, y Shin necesitaba compactar información.
Lo haría de manera extremadamente directa, recordando las palabras de Samantha.
—¿A quién esperabas? —le mira de reojo durante breves segundos. La noche que los rodeaba era preciosa, luces tenues adornando el festival, todos listos para gozar arte en vivo y claro, lo que sea que ofreciesen los puestos alrededor del espacio designado para la velada. Como si fuese un capítulo dramático y trágico en cualquier novela ligera, de esas que pretenden dar un giro de ciento ochenta grados mediante las palabras impresas.
—No me digas que vinieron a matar a alguien, y no me avisaron para apuntarme a la misión. —de nuevo, usa un tono extremadamente casual para las palabras que empleó. —Es una broma, por si no te diste cuenta. —y al mirarle, le saca la lengua, intentando testear sus reacciones.
La eterna sombra del clan Hasegawa junto al niño prodigio. La suma de factores le olía a peligro.
Let there be light
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