Tratado sumarísimo sobre la defensa de Baquerilla med... | Presente R. | Priv.
#10
Dean observó en silencio cómo aquellas dos cabezas chocaban con un sonido seco y desagradable. Instintivamente hizo una pequeña mueca de dolor, no por empatía hacia los reclutas, precisamente, sino porque estaba bastante seguro de que eso dolía más de lo que parecía. - Bueno… definitivamente tienes una forma muy particular de unir a la gente. - comentó mientras guardaba a Shinso en su hakama con tranquilidad. - Aunque debo admitir que se merecían eso como poco. -

Los cuatro cuerpos quedaron esparcidos por el callejón como basura abandonada tras una mala noche de fiesta. El peliblanco los recorrió con la mirada unos segundos, asegurándose de que ninguno intentara levantarse nuevamente. Dudaba mucho que fueran a hacerlo pronto, de verdad que esperaba que fuera así. Cuando Tsunamaro se acercó para "examinar" su cabello, Dean se quedó quieto, algo expectante a lo que fuera a hacer aquel tipo con una melena envidiable. No tenía demasiados motivos para desconfiar todavía, después de todo, aquel sujeto parecía extraño y exagerado, pero no particularmente malintencionado... aquello fue uno de los tantos errores que suma a la lista de su vida.

Sus ojos siguieron los pequeños mechones blancos que el gyojin exhibió entre los dedos como si acabara de descubrir una enfermedad terminal. Había leido que tanto humanos como animales, sufren de caída de cabello cuando una enfermedad grave los carcomía por dentro... - ¿Eh…? - parpadeó una vez, luego otra, y otra más. Lentamente se llevó ambas manos a la cabeza, palpándose el cabello con expresión genuinamente preocupada. La calma despreocupada que había mantenido casi toda la jornada se quebró durante unos segundos.

- No puede ser… - murmuró para sí mismo, pues siempre que ha pasado alguna de sus propias manos por su cabello, nunca encontró un rastro de este… Aquello debía mentira, quizá una especie de truco, pero ahora mismo no estaba tan seguro. Tomó el botecito blanco apenas Tsunamaro se lo ofreció y lo observó como si sostuviera un tesoro nacional. - Cuarenta y siete mil quinientos… - repitió en voz baja, haciendo cálculos mentales imposibles. - Eso son como… muchísimos billetes.-Suspiró al entender los ingresos que puede costar una reparación de su cabello blanco. Luego guardó cuidadosamente el frasco entre sus ropas.

- Voy a pensar que no me estás mintiendo porque honestamente, prefiero vivir con la duda antes que descubrir dentro de diez años que tenías razón... Si es que llego hasta ahí - Lo peor de todo era que parte de él hablaba completamente en serio, no pensaba que en este lugar y a esta edad, el pelo fuera una de sus preocupaciones. Una más a la lista.

La conversación volvió a desviarse hacia el cachorro. Dean agachó apenas la mirada al escuchar el lloriqueo del animal y observó cómo seguía temblando incluso ahora que el peligro estaba "descansando", aunque entendía que no había desaparecido del todo para él. Los perros no entienden conceptos como "salvado" o "rescate". Solo entienden dolor, miedo… y qué manos los golpean, tal como él hace varios años atrás.

El peliblanco soltó el aire lentamente antes de ponerse en cuclillas a cierta distancia del cachorro, procurando no invadir demasiado su espacio. No intentó tocarlo. Ni acercarse más. Simplemente apoyó un brazo sobre su propia rodilla mientras lo observaba en silencio. - Tranquilo… ya no volverán a hacerte daño. - dijo con una voz mucho más suave de la habitual. El cachorro reaccionó apenas, tensándose al escucharle. Dean ladeó apenas la cabeza. - Bueno… supongo que eso no significa mucho viniendo de otro humano. - Se detuvo un segundo - Tienes suerte de no lucir como nosotros... me avergüenzo de nuestra especie más veces de las que me gustaría - Dijo aún arrodillado, pero esta vez girando la cabeza para poder mirar al gyojin.

Aquella frase salió casi sin pensar. Sus ojos descendieron un instante hacia los reclutas inconscientes antes de volver al perro. Por un momento, recordó demasiado bien otras miradas iguales. Gente escondiéndose. Temblando. Esperando que la violencia terminara mientras hombres armados decidían qué vidas valían y cuáles no. Su sonrisa habitual regresó apenas, pequeña y cansada. La siguiente frase salió mientras volvía a mirar al pobre perro. - ¿Te pasa seguido esto de meterte en problemas por ayudar a otros? -

Tras unos segundos más, Dean rebuscó entre sus ropas hasta sacar un pequeño trozo de pan algo aplastado que había comprado antes de comenzar a caminar por el pueblo. Lo dejó en el suelo y lo empujó suavemente hacia el cachorro. - No pienso robártelo ni pegarte. - murmuró para que el perro y quizá su compañero puedan oírlo. - Pero tampoco puedo obligarte a creerme. - Y honestamente entendía perfectamente eso.

Lo único que podía hacer era al menos dejarle claras sus intenciones al perro. Por su conocimiento en la flora y fauna, sabe que la comida es una método disuasorio muy efectivo en animales como los perros. Le gustaría ser capaz de ayudarlo, pero por el momento solo debería confiar en esa persona que mencionó el gyojin y que el perro esté dispuesto a llegar hasta él, luego de eso, dejará en manos del destino qué es lo que pase... Tal como su madre hizo con él al escapar de Sorbet.
  Responder


Mensajes en este tema
RE: Tratado sumarísimo sobre la defensa de Baquerilla med... | Presente R. | Priv. - por Dean - 11-05-2026, 02:23 AM

Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)