11-05-2026, 10:07 PM
Los hombres se muestran eufóricos ante tus palabras. Claramente, ofrecerte en bandeja de plata para unos hombres tanto tiempo alejados de la sociedad les resulta más tentador que cualquier plato de carne en su jugo y un barril entero de cerveza. Aquellos que estaban en un punto entre el sueño y la sobriedad espabilan al instante, queriendo acercarse sin perder ni un solo instante ni tampoco un solo centímetro de ventaja respecto al resto de sus compañeros.
Es ahí donde aprovechas el momento y la ocasión, acercándote al centro para aprovechar tu ventaja femenina y ejecutar tu ataque. Lanzas la palanca al hombre de la antorcha que se encuentra al fondo, impactando sobre la antorcha de su mano antes de que pueda darse cuenta de lo que estabas intentando hacer, haciéndole algo de daño en el dorso de la mano mientras el resto de los bandidos se sobresaltan por tu maniobra.
—¡EH! ¡AHORA TE VAS A ENTERAR! ¡NADIE ATACA A NUESTRO CAPITÁN CON NOSOTROS DELANTE Y SALE VIVO PARA CONTARLO!
Observas como las miradas interesadas, sucias y pervertidas pasan a enfurecerse cuando atacas justo a aquel hombre del fondo de la sala, haciendo que todos los hombres se lancen a por ti furiosos. Por suerte, una marine entrenada como tú puede hacer frente a esas sabandijas sin miedo, y esas pobres ratas de cloaca quedan una a una desarmadas al no ser capaces de hacer frenar tu ataque. Alguno de ellos chocan entre sí por la falta de visibilidad, mientras que otros terminan peleados creyendo que eres tú quién se encuentre frente a sus narices, haciendo que al final, poco a poco, todos ellos caigan de una forma u otra derrotados por tus golpes.
Por desgracia, el ruido de sus gritos ha despertado al resto de hombres dormidos en la cueva, lo que hace que estos poco a poco se despierten algo atontados y preocupados, comenzando a ponerse en alerta cuando ven entre las luces y sombras al menos a uno de sus compañeros en el suelo derrotados. Claramente, se sienten confundidos al ver como una mujer semidesnuda está haciendo frente en combate a tantos de ellos al mismo tiempo.
Podrás haber derrotado a esos treinta hombres, y también habrás conseguido desarmar a aquel que sujetaba la antorcha y le hacen llamar “su capitán”, pero me temo que aún quedan por delante otros veinte hombres en tu camino antes de poder siquiera interrogarle, escapar, o apenas poder plantear un nuevo tipo de estrategia.
Es ahí donde aprovechas el momento y la ocasión, acercándote al centro para aprovechar tu ventaja femenina y ejecutar tu ataque. Lanzas la palanca al hombre de la antorcha que se encuentra al fondo, impactando sobre la antorcha de su mano antes de que pueda darse cuenta de lo que estabas intentando hacer, haciéndole algo de daño en el dorso de la mano mientras el resto de los bandidos se sobresaltan por tu maniobra.
—¡EH! ¡AHORA TE VAS A ENTERAR! ¡NADIE ATACA A NUESTRO CAPITÁN CON NOSOTROS DELANTE Y SALE VIVO PARA CONTARLO!
Observas como las miradas interesadas, sucias y pervertidas pasan a enfurecerse cuando atacas justo a aquel hombre del fondo de la sala, haciendo que todos los hombres se lancen a por ti furiosos. Por suerte, una marine entrenada como tú puede hacer frente a esas sabandijas sin miedo, y esas pobres ratas de cloaca quedan una a una desarmadas al no ser capaces de hacer frenar tu ataque. Alguno de ellos chocan entre sí por la falta de visibilidad, mientras que otros terminan peleados creyendo que eres tú quién se encuentre frente a sus narices, haciendo que al final, poco a poco, todos ellos caigan de una forma u otra derrotados por tus golpes.
Por desgracia, el ruido de sus gritos ha despertado al resto de hombres dormidos en la cueva, lo que hace que estos poco a poco se despierten algo atontados y preocupados, comenzando a ponerse en alerta cuando ven entre las luces y sombras al menos a uno de sus compañeros en el suelo derrotados. Claramente, se sienten confundidos al ver como una mujer semidesnuda está haciendo frente en combate a tantos de ellos al mismo tiempo.
Podrás haber derrotado a esos treinta hombres, y también habrás conseguido desarmar a aquel que sujetaba la antorcha y le hacen llamar “su capitán”, pero me temo que aún quedan por delante otros veinte hombres en tu camino antes de poder siquiera interrogarle, escapar, o apenas poder plantear un nuevo tipo de estrategia.
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