11-05-2026, 10:38 PM
Caminar por las calles de ese pueblo era extraño para él. Aún podía sentirse cierto aire de caos que rodeaba cada centímetro de la isla, como si la falta de una fuerza del orden lo convirtiera en un país sin ley. La verdad es que había una ley, la banda pirata que gobernaba ese punto específico en el mar, pero, pensándolo bien, ¿qué tanto podían, o iban a, hacer una banda de piratas contra otros piratas? Por algo este era un paraíso para criminales, por algo Varo sentía esa inconformidad.
- Bueno, es difícil de decir -. Sus codos se apoyaron en sus rodillas, sus brazos y manos, ahora a la vista ya que no traía su característica chaqueta marrón, mostraban moretones, vendajes e incluso algún que otro raspón o corte que no había sido ocultado. Incluso llevaba en su cuello otro moretón, difícil de identificar si se trataba de un puñetazo, una patada, un ataque con un arma o algo más diferente que un asunto bélico.
Su propio compañero, quien había preguntado en primer lugar, no lo dejó contestar. No era una molestia, simplemente se dedicó a escucharlo mientras una de sus manos rascaba la zona cercana a una de sus heridas en la frente. ¿La cocina es un arte? Nunca lo había visto de esa forma, a sus ojos su profesión tenía mucho más que ver con la química que con lo que alguien pueda llamar un arte, pero en tan solo unos segundos pudo al menos deducir el porqué alguien pensaría de esa forma.
¿Una cosa en la que solo él podía ayudarle? Parecía algo imposible viendo la situación general, y la idea no cambió en cuanto leyó el papel que le pasó su compañero. ¿Un edificio? Parecía extrañamente barato, pero no es como si el dinero les sobrara. Varo tenía ya una idea, un café de exposición. Era cierto que ya había trabajado y ayudado en la creación de algunos, pero veía un par de problemas que no podía callarse. - Pues, no lo veo como una mala idea en general, pero… -. En ese momento, sus ojos se alzaron del panfleto y se encontraron con los del mink.
La emoción era algo sorprendente, no por venir de Varo, sino por el tema a la que se anclaba esta. - Bueno, puedes ser bastante animado -. Sonrió un poco, momento en el que una de sus heridas, un pequeño corte en la comisura derecha de su labio, pareció abrirse y desprendió un pequeño hilo de sangre que el cocinero no tardó en limpiar con su pulgar. - Mira, entiendo la idea, y veo porqué te interesa y el éxito potencial que tiene -. La cantidad de locales en los que había trabajado no eran pocos, conocía lo necesario para sacar algo así adelante, y por eso debía romperle un poco las ilusiones.
- Ahora, debo ponerte en situación. Estamos en Jaya, una isla llena de calañas y brutos que simplemente parecen buscar la violencia y su disfrute. En este lugar, planeas poner un café de exposición, un punto para atraer principalmente a gente no tan nefasta y usarás obras de arte para atraerlos -. Esperó que su punto se entendiera, antes de continuar. - Es decir, esperas que todos los matones que vagan por la isla simplemente saquen ese local de su mente y no planeen llegar a romperlo o robarlo. Sin contar con que no esperamos que los clientes de esas características que atraigamos en esta isla sean muchos, por lo que deberíamos vivir a base de unas 3 o 4 personas o ir a pérdidas solo comprando todo lo necesario para comenzar y sufriendo algún que otro ataque o robo de un descerebrado por el camino -.
Como dijo, la idea no era mala, pero no se trataba de un buen lugar para lograr algo así. - Entiendo tu visión, y tus ganas por lograr algo aquí, pero debería decirte la realidad antes de que apostemos nuestro dinero a algo así -. Tampoco estaría en desacuerdo si le presenta esa idea al resto y deciden aceptar, no le importa trabajar, pero aún hay algo que le preocupa.
- Escucha Varo, desde que soy un niño tuve un objetivo, una meta que creí que podría cumplir solo con suficiente tiempo y avance. El destino se encargó de dejarme bien en claro que eso no sirve, que mi forma de hacer las cosas no funciona, pues ya tengo 28 años y aún no descubrí nada sobre ese objetivo al que aspiro -. Se echó para atrás y dejó que su cuerpo dejara de poner su peso en sus piernas. - No voy a negarme a estar con ustedes, a participar en las aventuras que deseen tener, pero también debo ser algo egoísta. Encontré a alguien en esta isla, alguien que aceptó entrenarme, de cierta forma, para que pueda aprender en que estoy errado -. Tal vez con esas palabras el explorador pudiera al fin encontrar una razón detrás de tantas heridas nuevas en el cuerpo ajeno. - Kiyoshi conoce a esa persona, tuvimos un primer acercamiento algo brusco, pero si puede ayudarme a cumplir con mi cometido, al menos un poco… -.
Incluso tras tanto tiempo con ellos, aún se sentía mal por ser egoísta. Nunca les había fallado, les había acompañado y servido para avanzar hasta este punto, pero no podía evitar que su cerebro lo atormentara por no estar tan disponible como antes. - Escucha, ¿quieres conocerla? Me ayudaría que ustedes sepan en que ando estos días -. Tal vez si ambos minks se conocieran la tripulación podría comprender en que cosas se había metido su navegante durante ese tiempo, también a modo de asegurarse de que no los estuviera metiendo en líos. - Incluso podrías encontrar en ella algo que te de otra idea para conseguir algo en esta isla, ¿qué te parece? -.
Incluso podía escuchar las palabras de la mujer llegando a u cabeza como si en verdad se encontrara junto a ellos.
"Te dije que no traigas a más debiluchos".
Sería divertido, no pudo evitar pensarlo.
- Bueno, es difícil de decir -. Sus codos se apoyaron en sus rodillas, sus brazos y manos, ahora a la vista ya que no traía su característica chaqueta marrón, mostraban moretones, vendajes e incluso algún que otro raspón o corte que no había sido ocultado. Incluso llevaba en su cuello otro moretón, difícil de identificar si se trataba de un puñetazo, una patada, un ataque con un arma o algo más diferente que un asunto bélico.
Su propio compañero, quien había preguntado en primer lugar, no lo dejó contestar. No era una molestia, simplemente se dedicó a escucharlo mientras una de sus manos rascaba la zona cercana a una de sus heridas en la frente. ¿La cocina es un arte? Nunca lo había visto de esa forma, a sus ojos su profesión tenía mucho más que ver con la química que con lo que alguien pueda llamar un arte, pero en tan solo unos segundos pudo al menos deducir el porqué alguien pensaría de esa forma.
¿Una cosa en la que solo él podía ayudarle? Parecía algo imposible viendo la situación general, y la idea no cambió en cuanto leyó el papel que le pasó su compañero. ¿Un edificio? Parecía extrañamente barato, pero no es como si el dinero les sobrara. Varo tenía ya una idea, un café de exposición. Era cierto que ya había trabajado y ayudado en la creación de algunos, pero veía un par de problemas que no podía callarse. - Pues, no lo veo como una mala idea en general, pero… -. En ese momento, sus ojos se alzaron del panfleto y se encontraron con los del mink.
La emoción era algo sorprendente, no por venir de Varo, sino por el tema a la que se anclaba esta. - Bueno, puedes ser bastante animado -. Sonrió un poco, momento en el que una de sus heridas, un pequeño corte en la comisura derecha de su labio, pareció abrirse y desprendió un pequeño hilo de sangre que el cocinero no tardó en limpiar con su pulgar. - Mira, entiendo la idea, y veo porqué te interesa y el éxito potencial que tiene -. La cantidad de locales en los que había trabajado no eran pocos, conocía lo necesario para sacar algo así adelante, y por eso debía romperle un poco las ilusiones.
- Ahora, debo ponerte en situación. Estamos en Jaya, una isla llena de calañas y brutos que simplemente parecen buscar la violencia y su disfrute. En este lugar, planeas poner un café de exposición, un punto para atraer principalmente a gente no tan nefasta y usarás obras de arte para atraerlos -. Esperó que su punto se entendiera, antes de continuar. - Es decir, esperas que todos los matones que vagan por la isla simplemente saquen ese local de su mente y no planeen llegar a romperlo o robarlo. Sin contar con que no esperamos que los clientes de esas características que atraigamos en esta isla sean muchos, por lo que deberíamos vivir a base de unas 3 o 4 personas o ir a pérdidas solo comprando todo lo necesario para comenzar y sufriendo algún que otro ataque o robo de un descerebrado por el camino -.
Como dijo, la idea no era mala, pero no se trataba de un buen lugar para lograr algo así. - Entiendo tu visión, y tus ganas por lograr algo aquí, pero debería decirte la realidad antes de que apostemos nuestro dinero a algo así -. Tampoco estaría en desacuerdo si le presenta esa idea al resto y deciden aceptar, no le importa trabajar, pero aún hay algo que le preocupa.
- Escucha Varo, desde que soy un niño tuve un objetivo, una meta que creí que podría cumplir solo con suficiente tiempo y avance. El destino se encargó de dejarme bien en claro que eso no sirve, que mi forma de hacer las cosas no funciona, pues ya tengo 28 años y aún no descubrí nada sobre ese objetivo al que aspiro -. Se echó para atrás y dejó que su cuerpo dejara de poner su peso en sus piernas. - No voy a negarme a estar con ustedes, a participar en las aventuras que deseen tener, pero también debo ser algo egoísta. Encontré a alguien en esta isla, alguien que aceptó entrenarme, de cierta forma, para que pueda aprender en que estoy errado -. Tal vez con esas palabras el explorador pudiera al fin encontrar una razón detrás de tantas heridas nuevas en el cuerpo ajeno. - Kiyoshi conoce a esa persona, tuvimos un primer acercamiento algo brusco, pero si puede ayudarme a cumplir con mi cometido, al menos un poco… -.
Incluso tras tanto tiempo con ellos, aún se sentía mal por ser egoísta. Nunca les había fallado, les había acompañado y servido para avanzar hasta este punto, pero no podía evitar que su cerebro lo atormentara por no estar tan disponible como antes. - Escucha, ¿quieres conocerla? Me ayudaría que ustedes sepan en que ando estos días -. Tal vez si ambos minks se conocieran la tripulación podría comprender en que cosas se había metido su navegante durante ese tiempo, también a modo de asegurarse de que no los estuviera metiendo en líos. - Incluso podrías encontrar en ella algo que te de otra idea para conseguir algo en esta isla, ¿qué te parece? -.
Incluso podía escuchar las palabras de la mujer llegando a u cabeza como si en verdad se encontrara junto a ellos.
"Te dije que no traigas a más debiluchos".
Sería divertido, no pudo evitar pensarlo.
