12-05-2026, 12:08 AM
ost
Ja
¿Quién le diría a él que una habilidad así le jugaría en contra?
Cuando Kael comentó que se le daba bien la ropa, el maquillaje y el modelaje al estilo más adecuado a la alta cuna, nunca esperó que fuera a correr la voz. Lo dijo como algo sin importancia, una conversación trivial como las que suele tener con el resto de los marines por no parecer que se encuentra desintegrado del grupo.
Bueno, pues ahora ese comentario le ha terminado jugando en contra.
Se encuentra dentro de uno de los pabellones marines de Baterilla, uno que se le había asignado a él, y solamente a él durante el resto de la tarde. Era la primera vez que lo veía tan vacío, y al mismo tiempo tan ordenado. Los marines debían ordenar sus camastros cada mañana, y aún así el silencio se le hizo pesado. No estaba ahí por voluntad propia, solo obedeciendo una orden que nunca se atrevió a plantear hasta estar en solitario.
En el día de hoy se ha hecho llamar a todos y cada uno de los marines que han conseguido encontrar de la base, aquellos que considerasen los sargentos con un mínimo potencial, y los hizo esperar en el exterior de la habitación, todo para que el muchacho de cabello azabache los juzgue, los observe, y decida si puede trabajar con ellos. ¿La razón? La marina quiere dar una nueva imagen, mostrar gallardía y belleza para una nueva propaganda de reclutamiento, y necesitaba con ello a los mejores, los más llamativos...y en ello tendría una tarea para hacerlos resaltar.
Lo difícil no fue trabajar con hombres. El procedimiento era sencillo, rápido; algunos recibían su negativa, mientras que otros eran juzgados, maquillados y se les hacía planchar sus uniformes en ese mismo momento, buscando un resultado impecable. Si pasaban su juicio, avanzarían a una siguiente fase, una en la que él no estaba enterado, y que sería la antesala previa a las fotos del periódico.
"Ni siquiera saben si les darán el permiso" Suspiró aprovechando el cambio entre marines, dejando salir la molestia adquirida como juez de un solo día.
―Siguiente.
Las mujeres, sin embargo, eran otro asunto. Muchas de ellas caían embobadas por la belleza del joven encantador. Su mirada frívola y carente de emociones no era impedimento para hacerlas ver algo encantador, casi fantástico, y que él con el tiempo había empezado a ignorar. Perdían las formas, la entereza, y eso solo le hacía verse obligado a bajar el baremo si quería hacer pasar a las suficientes a la siguiente fase.
Y ahora, número doce, se hizo presente en la sala, una mas en la lista, una mujer como el resto, a la que debería hacer lucir bien, hacerse ver bonita, o mandar a seguir trabajando como al resto de los que no entraban como seleccionados. Era lo más cercano a una subida de rango que había tenido en todos sus años en la Marina.
―¿Nombre, por favor?―No la observó al momento. Revisaba sus instrumentos de maquillaje, sus metros de medida, los espejos y todo lo que hasta ahora había llegado a utilizar. Por suerte, le habían cedido algunos uniformes de todo tipo de medidas por si algún "accidentado" había roto el suyo durante el entrenamiento, o, dios bidoof no lo quisiera, alguno de ellos se le ocurriese no arreglar y mantener decente su uniforme.
