12-05-2026, 02:45 AM
Repentinamente sentí los brazos de Seraphine envolviéndome con fuerza, la diferencia de estaturas me obligó a ponerme de puntillas y, aunque aquella reacción me tomó por sorpresa, apenas pasaron unos segundos antes de que le correspondiera el abrazo. Me hacía feliz verla tan emocionada después de nuestro juramento de seguir siendo amigas, sin importar lo que pudiera venir después.
Cuando nos separamos noté que estaba llorando, eran gruesas lágrimas descendiendo por sus mejillas sonrojadas y entre pequeños gimoteos su expresión era de alguien resentido con la vida. No la conocía casi nada, ignoraba por completo su pasado, pero verla cubierta de marcas y heridas antiguas era como contemplar a un ángel con un ala rota, incapaz de volver a volar, incapaz de cambiar aquello que ya había ocurrido, y aun así… ahí estaba, agradeciendo los detalles más pequeños como si fueran tesoros. Sonreí con dulzura aunque también con cierta tristeza porque finalmente comprendía por qué para ella significaba tanto tener una nueva amiga.
Sus manos temblaban mientras escribía sobre el papel, sus emociones estaban demasiado expuestas y las lágrimas seguían cayendo sin descanso, parecía querer justificarse, como si tuviera miedo de preocuparme, así que coloqué una mano sobre su hombro para intentar tranquilizarla. Le sonreí con paciencia y aguardé a que me mostrara lo que deseaba decirme en palabras. Se disculpó, y entonces me hizo saber que yo era apenas la segunda persona a la que consideraba una amiga de verdad. Era un cariño tan sincero que resultaba imposible no quererla todavía más. — ¿Libre?
Su última palabra despertó mi curiosidad, ¿A qué se refería exactamente con “libre”?, apenas tuve tiempo de pensarlo cuando volvió a acercarme el papel, esta vez preguntándome por mi familia… por mis sobrinas.
—- Sí, tengo dos encantadoras sobrinas, son un caso especial ellas dos juntas jajaja … — explicaba con una gran sonrisa combinada con resignación al recordar la cantidad de veces que simplemente me sometí al capricho y complacencia de ellas, las adoraba por completo.
Entonces la observé otra vez, con más cuidado, más despacio y tratando de entender el porqué de su respuesta.
—- ¿Alguna vez han decidido por ti, Sera?
Mi voz salió suave, casi cautelosa, como si temiera tocar una herida invisible, porque empezaba a sentir que aquella palabra “libre” y la forma en la que hablaba de las decisiones… eran pequeñas pistas del infierno que había atravesado antes de llegar hasta aquí, como si apenas ahora estuviera aprendiendo a sostener las riendas de su propia vida.
Cuando nos separamos noté que estaba llorando, eran gruesas lágrimas descendiendo por sus mejillas sonrojadas y entre pequeños gimoteos su expresión era de alguien resentido con la vida. No la conocía casi nada, ignoraba por completo su pasado, pero verla cubierta de marcas y heridas antiguas era como contemplar a un ángel con un ala rota, incapaz de volver a volar, incapaz de cambiar aquello que ya había ocurrido, y aun así… ahí estaba, agradeciendo los detalles más pequeños como si fueran tesoros. Sonreí con dulzura aunque también con cierta tristeza porque finalmente comprendía por qué para ella significaba tanto tener una nueva amiga.
Sus manos temblaban mientras escribía sobre el papel, sus emociones estaban demasiado expuestas y las lágrimas seguían cayendo sin descanso, parecía querer justificarse, como si tuviera miedo de preocuparme, así que coloqué una mano sobre su hombro para intentar tranquilizarla. Le sonreí con paciencia y aguardé a que me mostrara lo que deseaba decirme en palabras. Se disculpó, y entonces me hizo saber que yo era apenas la segunda persona a la que consideraba una amiga de verdad. Era un cariño tan sincero que resultaba imposible no quererla todavía más. — ¿Libre?
Su última palabra despertó mi curiosidad, ¿A qué se refería exactamente con “libre”?, apenas tuve tiempo de pensarlo cuando volvió a acercarme el papel, esta vez preguntándome por mi familia… por mis sobrinas.
—- Sí, tengo dos encantadoras sobrinas, son un caso especial ellas dos juntas jajaja … — explicaba con una gran sonrisa combinada con resignación al recordar la cantidad de veces que simplemente me sometí al capricho y complacencia de ellas, las adoraba por completo.
Entonces la observé otra vez, con más cuidado, más despacio y tratando de entender el porqué de su respuesta.
—- ¿Alguna vez han decidido por ti, Sera?
Mi voz salió suave, casi cautelosa, como si temiera tocar una herida invisible, porque empezaba a sentir que aquella palabra “libre” y la forma en la que hablaba de las decisiones… eran pequeñas pistas del infierno que había atravesado antes de llegar hasta aquí, como si apenas ahora estuviera aprendiendo a sostener las riendas de su propia vida.
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Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
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