12-05-2026, 07:20 AM
La mujer hizo un gesto de desaprobación, necesitaba un gladiador, un soldado, pero… quías este servi… ria… claro. Por qué no, podría simplemente usarlo y ya. Cambio su expresión peculiar, su capase echo un poco más adelante y quiso entonces poner más atención. Los hombres seguían bajando los cajones de manzanas, aquellos que realmente no eran ni manzanas ni cajones, eran envíos de muerte droga y miseria. A ella no le importaba de nada el bien, quien se quería meter lo que venía dentro del cargamento era problema de el mismo. Después de todo si se ponía a cuidar a todos. Seguro que algún día moriría por un bastardo que no valdría la pena.
La sorpresa era evidente en su rostro, ella entrecerró los ojos al detectar curiosidad en él. Y sintió su energía masculina a su lado mientras se sentó, capto su aroma, uno delicioso y característico —Mira en un rato entraran todos y el ambiente cambiara… si gustas puedo llevarte dentro, soy una de las artistas invitadas para cantar en el bar, pero… puedo llevarte abajo si es que sabes a lo que te refiero… … …— Se le acercó al oído mientras se aseguraba que no anduviera ningún chismoso. Le tomo las ropas para acercarlo un poco más —En noches como esta existen combates en el sótano, combates donde la mano ganadora se lleva cosas valiosas sabes… … … cosas… peligrosas.— Le soltó mientras se mojó los labios y cambio el cruce de su pierna.
El calor de la sopa era ideal, la noche fría, el cuerpo calentándose, los suspiros entre los árboles y los susurros antes del anochecer. Todo parecía dispuesto y listo para iniciar una noche o muy tranquila o muy violenta. Ambas opciones parecía que eran el agrado de la artista que secretamente estaba dispuesta a todo para cumplir su misión. Una misión noble en apariencia.
—Yo… soy lisiada y bueno busco un campeón para apostar algo de dinero… también eso y dispuesta a compartir las ganancias además del dinero de ganar una pelea, supongo que… — Bebió otro poco de consomé, mintiendo descaradamente al tiempo que salió un sonoro haaaaa y después enrosco la tapa del termo que tenía el resto de la sopa —Tendré que esperar a otro mas valiente.— Sus ojos dorados comenzaron a escudriñar la noche ya lanzando su manto de oscuridad eterna sobre el valle y la algarabía comenzó, las antorchas se encendieron y las luces tenues como fuegos fatuos danzaron para brindar algo de protección a los viajeros cansados y los participantes de las luchas clandestinas. O eso era lo que decía la chica.
—Perdón dulzura, no escuche tu nombre… el mío es Duco… Helena Duco, artista en busca de fama y fortuna— Mintio nuevamente pero esta vez su voz era distinta, melosa, empalagosa y cargada de un cariño que el hombre aun no merecía o que al menos, aun no parecía merecer.
La sorpresa era evidente en su rostro, ella entrecerró los ojos al detectar curiosidad en él. Y sintió su energía masculina a su lado mientras se sentó, capto su aroma, uno delicioso y característico —Mira en un rato entraran todos y el ambiente cambiara… si gustas puedo llevarte dentro, soy una de las artistas invitadas para cantar en el bar, pero… puedo llevarte abajo si es que sabes a lo que te refiero… … …— Se le acercó al oído mientras se aseguraba que no anduviera ningún chismoso. Le tomo las ropas para acercarlo un poco más —En noches como esta existen combates en el sótano, combates donde la mano ganadora se lleva cosas valiosas sabes… … … cosas… peligrosas.— Le soltó mientras se mojó los labios y cambio el cruce de su pierna.
El calor de la sopa era ideal, la noche fría, el cuerpo calentándose, los suspiros entre los árboles y los susurros antes del anochecer. Todo parecía dispuesto y listo para iniciar una noche o muy tranquila o muy violenta. Ambas opciones parecía que eran el agrado de la artista que secretamente estaba dispuesta a todo para cumplir su misión. Una misión noble en apariencia.
—Yo… soy lisiada y bueno busco un campeón para apostar algo de dinero… también eso y dispuesta a compartir las ganancias además del dinero de ganar una pelea, supongo que… — Bebió otro poco de consomé, mintiendo descaradamente al tiempo que salió un sonoro haaaaa y después enrosco la tapa del termo que tenía el resto de la sopa —Tendré que esperar a otro mas valiente.— Sus ojos dorados comenzaron a escudriñar la noche ya lanzando su manto de oscuridad eterna sobre el valle y la algarabía comenzó, las antorchas se encendieron y las luces tenues como fuegos fatuos danzaron para brindar algo de protección a los viajeros cansados y los participantes de las luchas clandestinas. O eso era lo que decía la chica.
—Perdón dulzura, no escuche tu nombre… el mío es Duco… Helena Duco, artista en busca de fama y fortuna— Mintio nuevamente pero esta vez su voz era distinta, melosa, empalagosa y cargada de un cariño que el hombre aun no merecía o que al menos, aun no parecía merecer.

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