Día 83 de Otoño, Año 17
![[Imagen: xwm3UnZ.jpeg]](https://i.imgur.com/xwm3UnZ.jpeg)
Vegetación y jungla, eso era todo lo que había alrededor. Cualquiera podría alzar la vista, mirar alrededor y solamente ver una extensa capa verde que se extendía por todo cuanto alcanzaba a ver la vista. Esa misma capa verde hacía que incluso los rayos del sol provenientes de un cielo despejado en toda su inmensidad no llegaran a alcanzar el suelo. El lecho de vegetación superior y, por ende, los primeros estratos del bosque —o los más altos— tapaban completamente esta luz, haciendo que las capas bajas se encontraran en una sombra constante. Eso hacía que ese día de Otoño, a una hora mediana de la tarde, no más de las 17:00, el tiempo bajo aquel manto verde fuera ligeramente fresco. Digamos que sería el momento perfecto para descansar y echarse un rato a la sombra de uno de los gigantescos troncos de árboles y dejar que los problemas se desvanecieran uno a uno en un manto de nubilización provocada por el sueño. Sin embargo, tampoco había sitio para el descanso en aquel lugar, puesto que no todo era vegetación; la fauna autóctona también era preocupante: animales e insectos de enormes proporciones pululaban por el lugar, dueños de la tierra que pisaban, amenazantes para todo aquel que procurara inmiscuirse demasiado en la jungla. Si alguien centrara su atención en los ruidos que la jungla producía, podría comprobar que siempre había algo acechando: quizás una mantis religiosa del tamaño de un rinoceronte o un tigre del tamaño de un elefante con dientes afilados como lanzas. No obstante, en aquel momento, en aquel lugar, en aquel claro de la jungla, todo estaba en silencio, y eso era algo sumamente extraño.
Contenido Oculto
![[Imagen: TdxMbZq.jpeg]](https://i.imgur.com/TdxMbZq.jpeg)
Todo parecía indicar que el lugar se encontraba completamente en calma y que nada podría romper aquel remanso de paz en una aparente jungla de gran peligrosidad. Y es en ese mismo remanso de paz donde se encontraban dos uniformados, los leales servidores de la justicia en los mares. ¿Su objetivo? Quizás desconocido para ellos, pero incluso ellos podrían notar esa aparente y desconcertante tranquilidad.
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No muy lejos de allí, si la copa de los árboles dejara verlo, subía un hilo de humo desde otro claro, más cercano a la zona interna del bosque. Allí se había formado una especie de campamento de una forma poco estética pero efectiva. Barracones en los laterales que impedían el libre acceso a todo aquel invitado no deseado, con sus respectivos guardias en los mismos. Un total de cuatro barracones de este tipo con ocho guardias en total rodeaban un linde en cuyo interior parecía haber bastante movimiento. Individuos vestidos todos de la misma forma: chalecos negros con pinchos en los hombros y decoraciones de animales en toda su indumentaria. Poco se podía ver desde fuera de aquel lugar, pero si alguien hubiera llegado hasta las inmediaciones de este campamento sin ser detectado, podría escuchar ruidos y lamentaciones provenientes del interior, gemidos más bien de origen animal.
-La captura de esta semana parece ser buena; Kiloc está negociando con los peces gordos para que nos pague el doble de lo acordado.- Se escucharía decir también desde el interior. -Ay, ojalá nos vayamos ya de aquí; este sitio me repugna y poco queda ya de estos animalejos.- Se escucharía otra voz desde el bullicio.
Sea lo que fuera que estaba pasando en su interior, eran los últimos movimientos, puesto que todo parecía indicar que su labor estaba acabándose.
Caja de amor
Mapa

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