12-05-2026, 11:19 AM
Ni siquiera alzó la mirada. Estaba enfrascado en todos sus materiales, sus documentos y sus materiales de maquilla, inmerso en sus propios pensamientos sin siquiera poder prestar atención suficiente a aquel grito conjunto que se hizo presente justo antes de cerrar la puerta. Él sólo siguió el procedimiento, algo repetitivo que llevaba realizando una y otra vez con cada uno de los participantes, apuntando el nombre de la susodicha en cuanto pudo escucharlo.
"Kagura..."
Y entonces alzó la mirada, observando la escena.
Su mirada y tono imperturbables no se vieron vulnerados por lo que tenía frente a sus ojos. Ni siquiera hubo confusión, mucho menos vergüenza. Aquella nueva aspirante había entrado prescindiendo de su uniforme reglamentario, manteniéndose erguida frente a él con tan solo tres conjuntos de ropa compuestos por el sujetador, las bragas, y, remarcando una aparente voluntad por aparecer en el barracón en esas condiciones, unas botas altas que sospechosamente estaban más limpias de lo esperado, cubriendo sus piernas casi hasta la rodilla.
Aquella imagen era dantesca, incitando a una tentación que el marine no sentía por una mujer que, cómo muchas otras, parecía a simple vista haber caído ante los encantos del hombre que las observa, pero en este caso dando un paso más allá, elevando la osadía y creatividad de su interés a un nivel que no había llegado a estimar en un proceso que considera, de alguna forma, mínimamente formal.
Suspiró con pesadez.
―No sé con que intención habéis entrado a este proceso sin vuestro uniforme reglamentario, pero supongo que podemos seguir con él de todas formas.―Su voz no mostró ningún cambio. Su tono invariable, tan serio y monótono, carente de emoción alguna dejaba en evidencia la poca importancia que le estaba entregando a las vergüenzas de la dama que, por alguna razón, tampoco parece dispuesta a ocultar como una dama pudorosa habría llegado a realizar en una situación accidentada.―Mi nombre es Kael, y soy uno de los jueces de este proceso, concretamente encargado de realzar y resaltar la belleza de los marines que pueden aspirar a la siguiente fase.―Un procedimiento que no contaba completamente con su juicio sincero. Había engrosado el número de candidatos para la siguiente fase, dejando así a los superiores de mayor rango decidir entre aquel grupo para que, sencillamente, rescindieran de los servicios de Omuyaga una vez todo aquello finalmente hubiese terminado.―¿Alguna otra pregunta?
Comenzó a caminar por la sala soltándose la melena en un gesto algo cansado, pero acostumbrado a la formalidad durante años. Se acercó hasta el armario portátil con decenas de uniformes de todas las tallas conocidas en aquella base, y por supuesto, en la selección de humanos, tomó lo que podremos considerar como talla XS, observando la misma para equiparar con las condiciones de la de cabello anaranjado. Su tamaño, así cómo la acentuación de su cintura permitían a aquel uniforme encajar con la muchacha, pero hubo un pequeño detalle que le hizo descartar esa idea de su cabeza.
―No...este te quedará un poco apretado.―Tomó entonces una talla superior, entregando la que podemos denominar como talla S, y le hizo entrega de la misma con calma, estirando las manos hacia ella, permitiéndole, si hacía lo propio, poder tomar el uniforme consigo.―Puedes vestirte en el probador improvisado a tu izquierda. Una vez estés preparada podremos comenzar con el proceso adecuadamente.
No quiso continuar explicando, no hasta que la joven estuviera en un estado de decencia suficiente como para que la formalidad de la situación se afirmase, y aquello no fuera un escenario de malinterpretaciones en las que cualquier oficial de mayor rango accidentalmente los viese contraer si se adentraban en el barracón.
Claramente, si aquello era una prueba para demostrar la fuerza de su voluntad, no había sido superada, sino directamente ignorada por un marine que, a todas las épocas vividas. se había encontrado envuelto en múltiples escenarios de una índole que rozaba lo lascivo, y donde solo él podría terminar perdiendo de llegar a verse resquebrajada su fuerza.
"Kagura..."
Y entonces alzó la mirada, observando la escena.
Su mirada y tono imperturbables no se vieron vulnerados por lo que tenía frente a sus ojos. Ni siquiera hubo confusión, mucho menos vergüenza. Aquella nueva aspirante había entrado prescindiendo de su uniforme reglamentario, manteniéndose erguida frente a él con tan solo tres conjuntos de ropa compuestos por el sujetador, las bragas, y, remarcando una aparente voluntad por aparecer en el barracón en esas condiciones, unas botas altas que sospechosamente estaban más limpias de lo esperado, cubriendo sus piernas casi hasta la rodilla.
Aquella imagen era dantesca, incitando a una tentación que el marine no sentía por una mujer que, cómo muchas otras, parecía a simple vista haber caído ante los encantos del hombre que las observa, pero en este caso dando un paso más allá, elevando la osadía y creatividad de su interés a un nivel que no había llegado a estimar en un proceso que considera, de alguna forma, mínimamente formal.
Suspiró con pesadez.
―No sé con que intención habéis entrado a este proceso sin vuestro uniforme reglamentario, pero supongo que podemos seguir con él de todas formas.―Su voz no mostró ningún cambio. Su tono invariable, tan serio y monótono, carente de emoción alguna dejaba en evidencia la poca importancia que le estaba entregando a las vergüenzas de la dama que, por alguna razón, tampoco parece dispuesta a ocultar como una dama pudorosa habría llegado a realizar en una situación accidentada.―Mi nombre es Kael, y soy uno de los jueces de este proceso, concretamente encargado de realzar y resaltar la belleza de los marines que pueden aspirar a la siguiente fase.―Un procedimiento que no contaba completamente con su juicio sincero. Había engrosado el número de candidatos para la siguiente fase, dejando así a los superiores de mayor rango decidir entre aquel grupo para que, sencillamente, rescindieran de los servicios de Omuyaga una vez todo aquello finalmente hubiese terminado.―¿Alguna otra pregunta?
Comenzó a caminar por la sala soltándose la melena en un gesto algo cansado, pero acostumbrado a la formalidad durante años. Se acercó hasta el armario portátil con decenas de uniformes de todas las tallas conocidas en aquella base, y por supuesto, en la selección de humanos, tomó lo que podremos considerar como talla XS, observando la misma para equiparar con las condiciones de la de cabello anaranjado. Su tamaño, así cómo la acentuación de su cintura permitían a aquel uniforme encajar con la muchacha, pero hubo un pequeño detalle que le hizo descartar esa idea de su cabeza.
―No...este te quedará un poco apretado.―Tomó entonces una talla superior, entregando la que podemos denominar como talla S, y le hizo entrega de la misma con calma, estirando las manos hacia ella, permitiéndole, si hacía lo propio, poder tomar el uniforme consigo.―Puedes vestirte en el probador improvisado a tu izquierda. Una vez estés preparada podremos comenzar con el proceso adecuadamente.
No quiso continuar explicando, no hasta que la joven estuviera en un estado de decencia suficiente como para que la formalidad de la situación se afirmase, y aquello no fuera un escenario de malinterpretaciones en las que cualquier oficial de mayor rango accidentalmente los viese contraer si se adentraban en el barracón.
Claramente, si aquello era una prueba para demostrar la fuerza de su voluntad, no había sido superada, sino directamente ignorada por un marine que, a todas las épocas vividas. se había encontrado envuelto en múltiples escenarios de una índole que rozaba lo lascivo, y donde solo él podría terminar perdiendo de llegar a verse resquebrajada su fuerza.
