12-05-2026, 04:28 PM
Con toda honestidad, ya me estaba aburriendo. Esperar no es precisamente una de mis virtudes. Miraba hacia adelante, luego hacia atrás, cambiaba de posición, acomodaba mis tentáculos, volvía a mirar y nada. Absolutamente nada interesante, solo silencio, tiempo pasando demasiado lento y yo cuestionando por qué siempre termino involucrándome en planes ajenos que requieren paciencia. Suspiré, apoyando la mejilla sobre una mano mientras seguía observando el panorama como una depredadora bastante desmotivada. Yo esperaba emoción, acción, un golpe rápido, limpio, algo digno de toda esta preparación, pero aparentemente esos inútiles no compartían mi sentido de la eficiencia, entonces lo vi. La luz de unos sopletes comenzó a reflejarse sobre el muro lateral de la bodega, filtrándose desde dentro en pequeños destellos anaranjados que rompían la oscuridad. Ah, por fin, al menos algo estaba ocurriendo por lo pronto. Entrecerré los ojos, más atenta ahora, lo curioso era que, gracias a mi aburrimiento extremo, terminé prestando atención a algo aún más ridículo, los guardias de afuera y ahí fue cuando tuve una crisis intelectual.
—A ver —murmuré bajito. ¿Cuáles eran más tontos? ¿Los de adentro, haciendo ruido como si estuvieran montando una obra de construcción clandestina? ¿O los de afuera, incapaces de notar que en una bodega supuestamente abandonada había luces, golpes, herramientas y suficiente escándalo como para despertar a media isla?, la verdad una difícil decisión. Incliné un poco la cabeza, observándolos casi con pena. —Increíble —susurré, negando suavemente con la cabeza —Y luego se preguntan por qué les roba una mujer. —No pude evitar sonreír porque mientras todos esos genios jugaban a ser criminales profesionales yo estaba arriba, cómoda, invisible y a punto de robarles probablemente todo el esfuerzo.
La noche llegó más rápido de lo que esperaba, aunque siendo sincera eso solo pasó porque llevaba demasiado tiempo aburrida sobre ese techo. Había matado el tiempo jugando con mi propia akuma no mi, creando y deformando pequeñas cantidades de mantequilla entre mis dedos como si eso fuera un entretenimiento digno. No lo era, pero era mejor que seguir mirando paredes. Entonces percibí un olor, bueno, no, un hedor, mi nariz se arrugo de inmediato por el asqueroso hedor del tabaco, alguien estaba fumando cerca, y no era precisamente un aroma que me resultara agradable. Siempre me ha parecido una mezcla entre mala toma de decisiones y pulmones en huelga, aun así, le presté atención, mis sentidos no están afinados para ignorar cosas útiles por eso giré apenas el rostro, guiándome por el olor hasta ubicar al responsable, un hombre y cerca de él, como bendición divina enviada exclusivamente para mí, estaban los otros idiotas hablando otra vez demasiado alto, sonreí apenas porque todo era perfecto, mis oídos captaron cada detalle como si me estuvieran dando una clase privada sobre cómo robarles correctamente. Lo primero era el cargamento que iba fuertemente sellado, con candados y cadenas, nada de abrir y sacar la bolsa como si fuera un robo improvisado, era algo molesto, pero podía trabajar con eso.
Lo segundo, la seguridad iba a ser tan pesada como se había previsto. Es decir, gente armada, alerta y probablemente con muy poca capacidad de improvisación, lo tercero ah, lo tercero fue música para mis oídos, el barco encargado de recoger el cargamento no aparecería hasta dentro de dos días, eso significaba tiempo, para pensar, explorar rutas, estudiar guardias, probar opciones o robarle primero a los que planeaban robar, una cadena alimenticia completamente natural, si me preguntan. —Oh, esto se pone interesante, glup —murmuré con una sonrisa pequeña, apoyando el mentón sobre una mano, dos días y un cargamento sellado lleno de algo lo suficientemente valioso como para montar toda esta operación. Ahora sí valía la pena haber esperado.
La verdadera oportunidad apareció donde menos esfuerzo requería: la entrada frontal. Ahí estaban los guardias, los mismos genios que parecían competir activamente por ver quién tenía menos percepción del peligro. Hablaban entre ellos con total tranquilidad, como si custodiar algo importante consistiera principalmente en conversar y esperar a que pasara el tiempo. —En minutos habrá un reemplazo, ¿crees poder aguantar solo hasta entonces? —preguntó uno. El otro soltó una respuesta tan confiada que casi me hizo reír. —Claro que sí, brother. Aquí el único movimiento que hay es el de las hojas siendo movidas por el viento. — Tuve que contener una sonrisa, tan confiados, tan tontos, era casi ofensivo lo fácil que me lo estaban poniendo. Me moví de inmediato, deslizándome con cuidado desde mi posición y siguiendo con la mirada al primero mientras se alejaba, esperé que tuviera la distancia suficiente y cuando el novato quedó completamente solo, descendí sin hacer ruido, colocándome prácticamente encima de él.
Ni siquiera se dio cuenta, extendí mis manos con calma y dejé fluir el poder de mi akuma. Una cantidad espesa de mantequilla líquida comenzó a generarse entre mis dedos, descendiendo directamente sobre su cabeza como una masa viscosa y brillante, en cuestión de segundos, tomó forma de una bola gelatinosa que cubrió su rostro por completo, sellando nariz y boca al instante. El guardia reaccionó tarde, sus manos subieron desesperadas, intentando arrancarse aquello mientras su respiración quedaba completamente bloqueada. El forcejeo fue torpe, silencioso y absurdamente patético, incliné un poco la cabeza observándolo antes de susurrar —Vaya y eso que el único movimiento era el de las hojas —murmuré por lo bajo. Lo sostuve apenas el tiempo suficiente para asegurarme de que perdiera fuerza, manteniéndome firme mientras dejaba que el pánico hiciera el resto, cuando todo estuvo realizado lo moví hacia la maleza y quité parte de su ropa colocándomela yo misma aunque no toda porque no toda me quedaba diva, y volví al puesto como si la guardia fuera yo misma.
—A ver —murmuré bajito. ¿Cuáles eran más tontos? ¿Los de adentro, haciendo ruido como si estuvieran montando una obra de construcción clandestina? ¿O los de afuera, incapaces de notar que en una bodega supuestamente abandonada había luces, golpes, herramientas y suficiente escándalo como para despertar a media isla?, la verdad una difícil decisión. Incliné un poco la cabeza, observándolos casi con pena. —Increíble —susurré, negando suavemente con la cabeza —Y luego se preguntan por qué les roba una mujer. —No pude evitar sonreír porque mientras todos esos genios jugaban a ser criminales profesionales yo estaba arriba, cómoda, invisible y a punto de robarles probablemente todo el esfuerzo.
La noche llegó más rápido de lo que esperaba, aunque siendo sincera eso solo pasó porque llevaba demasiado tiempo aburrida sobre ese techo. Había matado el tiempo jugando con mi propia akuma no mi, creando y deformando pequeñas cantidades de mantequilla entre mis dedos como si eso fuera un entretenimiento digno. No lo era, pero era mejor que seguir mirando paredes. Entonces percibí un olor, bueno, no, un hedor, mi nariz se arrugo de inmediato por el asqueroso hedor del tabaco, alguien estaba fumando cerca, y no era precisamente un aroma que me resultara agradable. Siempre me ha parecido una mezcla entre mala toma de decisiones y pulmones en huelga, aun así, le presté atención, mis sentidos no están afinados para ignorar cosas útiles por eso giré apenas el rostro, guiándome por el olor hasta ubicar al responsable, un hombre y cerca de él, como bendición divina enviada exclusivamente para mí, estaban los otros idiotas hablando otra vez demasiado alto, sonreí apenas porque todo era perfecto, mis oídos captaron cada detalle como si me estuvieran dando una clase privada sobre cómo robarles correctamente. Lo primero era el cargamento que iba fuertemente sellado, con candados y cadenas, nada de abrir y sacar la bolsa como si fuera un robo improvisado, era algo molesto, pero podía trabajar con eso.
Lo segundo, la seguridad iba a ser tan pesada como se había previsto. Es decir, gente armada, alerta y probablemente con muy poca capacidad de improvisación, lo tercero ah, lo tercero fue música para mis oídos, el barco encargado de recoger el cargamento no aparecería hasta dentro de dos días, eso significaba tiempo, para pensar, explorar rutas, estudiar guardias, probar opciones o robarle primero a los que planeaban robar, una cadena alimenticia completamente natural, si me preguntan. —Oh, esto se pone interesante, glup —murmuré con una sonrisa pequeña, apoyando el mentón sobre una mano, dos días y un cargamento sellado lleno de algo lo suficientemente valioso como para montar toda esta operación. Ahora sí valía la pena haber esperado.
La verdadera oportunidad apareció donde menos esfuerzo requería: la entrada frontal. Ahí estaban los guardias, los mismos genios que parecían competir activamente por ver quién tenía menos percepción del peligro. Hablaban entre ellos con total tranquilidad, como si custodiar algo importante consistiera principalmente en conversar y esperar a que pasara el tiempo. —En minutos habrá un reemplazo, ¿crees poder aguantar solo hasta entonces? —preguntó uno. El otro soltó una respuesta tan confiada que casi me hizo reír. —Claro que sí, brother. Aquí el único movimiento que hay es el de las hojas siendo movidas por el viento. — Tuve que contener una sonrisa, tan confiados, tan tontos, era casi ofensivo lo fácil que me lo estaban poniendo. Me moví de inmediato, deslizándome con cuidado desde mi posición y siguiendo con la mirada al primero mientras se alejaba, esperé que tuviera la distancia suficiente y cuando el novato quedó completamente solo, descendí sin hacer ruido, colocándome prácticamente encima de él.
Ni siquiera se dio cuenta, extendí mis manos con calma y dejé fluir el poder de mi akuma. Una cantidad espesa de mantequilla líquida comenzó a generarse entre mis dedos, descendiendo directamente sobre su cabeza como una masa viscosa y brillante, en cuestión de segundos, tomó forma de una bola gelatinosa que cubrió su rostro por completo, sellando nariz y boca al instante. El guardia reaccionó tarde, sus manos subieron desesperadas, intentando arrancarse aquello mientras su respiración quedaba completamente bloqueada. El forcejeo fue torpe, silencioso y absurdamente patético, incliné un poco la cabeza observándolo antes de susurrar —Vaya y eso que el único movimiento era el de las hojas —murmuré por lo bajo. Lo sostuve apenas el tiempo suficiente para asegurarme de que perdiera fuerza, manteniéndome firme mientras dejaba que el pánico hiciera el resto, cuando todo estuvo realizado lo moví hacia la maleza y quité parte de su ropa colocándomela yo misma aunque no toda porque no toda me quedaba diva, y volví al puesto como si la guardia fuera yo misma.
Estanque de peces
