12-05-2026, 10:40 PM
Tras intercambiar unas pocas palabras con Sigurd y recibir una respuesta mucho más violenta de la que probablemente esperaba, el crío terminó estampándose contra el suelo del callejón antes de recuperar el aliento entre toses ahogadas. Aun así, no huyó. Se incorporó con dificultad, tragó saliva y, tras asentir en silencio, comenzó a caminar para guiarlo hacia el interior de la ciudad.
El recorrido se volvió cada vez más estrecho y enrevesado. Las calles principales quedaron atrás, sustituidas por pasillos húmedos, estructuras elevadas y escaleras improvisadas que conectaban distintos niveles de Mock Town como si toda la ciudad hubiese sido construida sin ningún tipo de orden. La luz se filtraba a través de rendijas entre tablones y techos inclinados, dejando manchas irregulares sobre el suelo de madera desgastada. El ambiente también había cambiado. Menos ruido. Menos voces. Demasiado silencio.
Y, aun así… no estaban solos.
A cada tramo aparecían pequeñas señales difíciles de ignorar. Una sombra que desaparecía al girar una esquina. El leve crujido de una pasarela en altura. La sensación constante de que alguien observaba desde algún punto oculto entre las estructuras.
No era una emboscada.
Era vigilancia.
Finalmente, el muchacho se detuvo en una zona más amplia, un patio interior oculto entre edificios elevados y pasarelas de madera que cerraban el espacio desde arriba. Varias telas colgaban entre estructuras bloqueando parte de la luz exterior, dejando el lugar sumido en una penumbra cálida y sofocante. El crío dio un paso a un lado y evitó colocarse en el centro.
-Es aquí-
Durante unos segundos no ocurrió nada.
Entonces, desde uno de los niveles superiores, una figura comenzó a descender con calma.
No lo hizo como si fuera un matón ansioso por intimidar. Cada movimiento estaba medido, relajado, controlando la situación. A medida que se acercaba, su presencia se volvía más definida, aunque no por tamaño ni por una fuerza física evidente, sino por la seguridad absoluta que transmitía.
Su vestimenta contrastaba con el resto de criminales habituales de Mock Town. Llevaba una larga chaqueta oscura de corte recto, confeccionada en un tejido pesado poco apropiado para el clima tropical de la isla. El interior de la prenda, visible al moverse, dejaba entrever un forro escarlata apagado que parecía elegido más por simbolismo que por estética. Los bordes estaban rematados con patrones finos y sinuosos, formas difíciles de identificar a simple vista, pero demasiado elaboradas para pertenecer a un simple pirata de puerto.
Bajo la chaqueta, una camisa abierta en el cuello dejaba parte del pecho visible, acompañada de un cinturón ancho reforzado con pequeñas piezas metálicas y varias sujeciones que sostenían frascos, herramientas y otros objetos difíciles de distinguir desde aquella distancia. Sus manos, cubiertas parcialmente por guantes sin dedos, mostraban nudillos marcados y pequeñas cicatrices acumuladas con el tiempo.
No eran las manos de alguien ajeno a la violencia, pero tampoco las de alguien que dependiera únicamente de ella.
Cuando alzó la vista hacia Sigurd, su expresión permaneció serena. No había provocación directa en su mirada, ni tampoco miedo. Solo una mirada analitica. Le observaba, como quien estudia algo potencialmente peligroso… pero útil.
Una leve sonrisa apareció en la comisura de sus labios.
No era burla, era interés.
-Permíteme empezar como es debido-
Su voz descendió con claridad sobre el patio interior, grave y calmada, sin necesidad de imponerse mediante volumen.
-Puedes llamarme… Hitan-
Hizo una breve pausa mientras mantenía la mirada fija en Sigurd.
-He estado observando lo que has hecho estos últimos días- continuó con tranquilidad- No es fácil alterar el equilibrio de esta isla… y, sin embargo, lo hiciste sin demasiado esfuerzo.
Sus dedos se apoyaron sobre la barandilla de madera junto a él.
Relajados.
Cómodos.
-Eso dice mucho de ti-
El silencio volvió a asentarse unos instantes antes de que continuara.
-Y también dice mucho de lo desaprovechado que está alguien como tú perdiendo el tiempo en peleas de taberna y matones de segunda categoría.
La leve sonrisa seguía presente.
-Por eso he decidido ofrecerte una oportunidad… una con la que ambos podríamos salir ganando. Yo y mi grupo somos los Cuervos Rojos, y si nos ayudas a reventar a unos marines, todos saldremos ganando...-
El ambiente permaneció inmóvil alrededor de ellos. Las presencias ocultas seguían ahí, silenciosas, aguardando.
Expectantes.
El recorrido se volvió cada vez más estrecho y enrevesado. Las calles principales quedaron atrás, sustituidas por pasillos húmedos, estructuras elevadas y escaleras improvisadas que conectaban distintos niveles de Mock Town como si toda la ciudad hubiese sido construida sin ningún tipo de orden. La luz se filtraba a través de rendijas entre tablones y techos inclinados, dejando manchas irregulares sobre el suelo de madera desgastada. El ambiente también había cambiado. Menos ruido. Menos voces. Demasiado silencio.
Y, aun así… no estaban solos.
A cada tramo aparecían pequeñas señales difíciles de ignorar. Una sombra que desaparecía al girar una esquina. El leve crujido de una pasarela en altura. La sensación constante de que alguien observaba desde algún punto oculto entre las estructuras.
No era una emboscada.
Era vigilancia.
Finalmente, el muchacho se detuvo en una zona más amplia, un patio interior oculto entre edificios elevados y pasarelas de madera que cerraban el espacio desde arriba. Varias telas colgaban entre estructuras bloqueando parte de la luz exterior, dejando el lugar sumido en una penumbra cálida y sofocante. El crío dio un paso a un lado y evitó colocarse en el centro.
-Es aquí-
Durante unos segundos no ocurrió nada.
Entonces, desde uno de los niveles superiores, una figura comenzó a descender con calma.
No lo hizo como si fuera un matón ansioso por intimidar. Cada movimiento estaba medido, relajado, controlando la situación. A medida que se acercaba, su presencia se volvía más definida, aunque no por tamaño ni por una fuerza física evidente, sino por la seguridad absoluta que transmitía.
Su vestimenta contrastaba con el resto de criminales habituales de Mock Town. Llevaba una larga chaqueta oscura de corte recto, confeccionada en un tejido pesado poco apropiado para el clima tropical de la isla. El interior de la prenda, visible al moverse, dejaba entrever un forro escarlata apagado que parecía elegido más por simbolismo que por estética. Los bordes estaban rematados con patrones finos y sinuosos, formas difíciles de identificar a simple vista, pero demasiado elaboradas para pertenecer a un simple pirata de puerto.
Bajo la chaqueta, una camisa abierta en el cuello dejaba parte del pecho visible, acompañada de un cinturón ancho reforzado con pequeñas piezas metálicas y varias sujeciones que sostenían frascos, herramientas y otros objetos difíciles de distinguir desde aquella distancia. Sus manos, cubiertas parcialmente por guantes sin dedos, mostraban nudillos marcados y pequeñas cicatrices acumuladas con el tiempo.
No eran las manos de alguien ajeno a la violencia, pero tampoco las de alguien que dependiera únicamente de ella.
Cuando alzó la vista hacia Sigurd, su expresión permaneció serena. No había provocación directa en su mirada, ni tampoco miedo. Solo una mirada analitica. Le observaba, como quien estudia algo potencialmente peligroso… pero útil.
Una leve sonrisa apareció en la comisura de sus labios.
No era burla, era interés.
-Permíteme empezar como es debido-
Su voz descendió con claridad sobre el patio interior, grave y calmada, sin necesidad de imponerse mediante volumen.
-Puedes llamarme… Hitan-
Hizo una breve pausa mientras mantenía la mirada fija en Sigurd.
-He estado observando lo que has hecho estos últimos días- continuó con tranquilidad- No es fácil alterar el equilibrio de esta isla… y, sin embargo, lo hiciste sin demasiado esfuerzo.
Sus dedos se apoyaron sobre la barandilla de madera junto a él.
Relajados.
Cómodos.
-Eso dice mucho de ti-
El silencio volvió a asentarse unos instantes antes de que continuara.
-Y también dice mucho de lo desaprovechado que está alguien como tú perdiendo el tiempo en peleas de taberna y matones de segunda categoría.
La leve sonrisa seguía presente.
-Por eso he decidido ofrecerte una oportunidad… una con la que ambos podríamos salir ganando. Yo y mi grupo somos los Cuervos Rojos, y si nos ayudas a reventar a unos marines, todos saldremos ganando...-
El ambiente permaneció inmóvil alrededor de ellos. Las presencias ocultas seguían ahí, silenciosas, aguardando.
Expectantes.
INFO
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