13-05-2026, 04:54 AM
Sonrío de oreja a oreja, orgulloso, aunque la mujer le decía algo que él sabía de sobra: su trabajo siempre era exquisito y, no solo eso, era limpio, pulcro, medido…de todos modos, un halago hacia sus habilidades nunca estaba de más y, por supuesto, nunca sería rechazado.
—Gracias, pocos admiran la belleza de un trabajo tan bien hecho —. Al hablar dejó de mover la sierra poco afilada que sostenía, lo que lo hizo bajar la mirada y darse cuenta de que la piel se había raspado más que cortado, aunque se notaban desgarramientos sutiles en la carne. Se detuvo. No tenía caso seguir cuando la mujer parecía querer cooperar y él, en verdad, solo deseaba salir de la “atracción de feria”.
Soltó la sierra que cayó al suelo haciendo que el metal hiciera eco en la habitación, aunque, eso sí, el ruido no lo distrajo del discurso que le daba la mujer, uno que respondía bien a todas sus preguntas.
Alzó una ceja, curioso y, aunque se vio tentado a cruzarse de brazos, permaneció atento a cualquier movimiento, por más que ella dijera que no era un pirata, entonces… ¿Qué? Miró de reojo al sumiso ¿Qué había de él? Ni siquiera la que parecía la “dueña” de tal dominio parecía conocer su identidad ¿Serviría de algo si le quitaba la máscara? Si era un sujeto buscado, podría tener un cartel en el periódico…pero…No, no era necesario, con su memoria apenas y recordaba los rostros de la gente con la que convivía a diario, mucho menos recordaría el de un fulano en el periódico. Suspiró, prefirió seguir escuchando en silencio.
¿Y quiénes eran los amos? Su mente le decía que algo tenía que ver el tipo de sombrero de cactus que lo incitó a entrar al sitio, pero, tampoco podía culparlo sin pruebas y, de todos modos, si lo veía de nuevo, lo más probable es que no lo recordara…No tenía caso enemistarse con alguien a quien olvidaría al día siguiente. Chasqueó la lengua de nuevo y luego se mordió el labio, ahora tenía más dudas que antes.
—¿Qué quiere decir con los que “no cuestan tanto”? —¡Bingo! Eso significaba que sí que había carteles de recompensa involucrado o, tal vez, solo tal vez, sus “amos” eran gente como él…gente que ponía precio a una persona dependiendo de que tan “sano” esté, aunque…no, este lugar parecía más un sitio de tortura que un quirófano. —¿Cazarrecompensas? —No dijo la palabra en voz alta, es más…ni siquiera la dijo, la pregunta simplemente pasó por su mente de manera fugaz antes de volver a prestar atención a la mujer.
—¿Por qué me facilita las respuestas sin resistencia? Que curioso —. Eso si fue un pensamiento en voz alta, uno que dijo mientras que se movía de su sitio para pasar por el lado de la mujer del látigo al mismo tiempo que ella estrellaba el arma contra el suelo. —Lo siento, agradezco que haya sido tan gentil al decirme lo que quería saber o, al menos, todo lo que sabía, pero…quedarme con usted es una imposibilidad, hay un par de personas que deben estar esperándome y, además, aunque sea usted linda, no es mi tipo. Nada personal —. Posó su mano sobre el pomo de la puerta y miró atrás una última vez antes de abrir la puerta que lo llevaría a la salida. —Pero, de nuevo, gracias por la información.
Con eso dicho, el médico salió de la habitación y cerró la puerta tras de sí. Era una de las salas más extrañas en donde había estado, aunque, de por sí, toda la casa lo era…Sea como sea, al menos ahora tenía una idea de como salir del lugar, definitivamente.
—A ver…ella dijo que encontraría una puerta con el número “6” —. Miró hacia los lados, no podía recordar si ella mencionó la “derecha” o la “izquierda”, pero le bastaba con tener el número, el cual no tardó en leer en una puerta cercana; sin embargo, cuando caminó hacia allá, solo tuvo que voltear hacia un lado para darse cuenta de la puerta sin número que la mujer le mencionó. —¿La salida? —Su mano estaba sobre la cerradura de la puerta “6”, pero se vio tentado a irse de ese lugar de inmediato, pero por otro lado…ella había mencionado que la puerta “6” era importante ¿Y sí encontraba dentro más respuestas? Tragó saliva y, dejándose llevar por la curiosidad, cerró los ojos y prefirió abrir la puerta con el número escrito.
Solo cuando escuchó el rechinar de las bisagras volvió a abrir los ojos. A este punto prometió no sorprenderse con nada de lo que pudiera haber en el interior del lugar, aunque ahora se preguntaba si había sido buena idea prolongar su estadía.
Botiquín. Abrir solo en casos de emergencia
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