13-05-2026, 06:49 AM
El obrero de ojos verdes la observó con cierta confusión ante las expresiones tan inusuales de la oficial de turno, quizás le desconcertaba verla tan abstraída, casi como soñando despierta. ¿Qué estaría pensando?, su distracción se hizo todavía más evidente cuando aparecieron sus compañeros.
—- ¡Hey, Shibah! ¿al fin echan mano a nuestra caga?
—- Eso creo, hermano.
—-- Uhhh papa, ya era hora que cayeran esos cheles.
—- Mirála pues, anda ida esa cipota.
—-- capaz toca tirar carnada pa’ que regrese…
Mientras la joven de la sombrilla salía poco a poco de su trance, víctima una vez más de su talón de Aquiles, los obreros conversaban entre ellos usando una jerga extraña y sumamente coloquial isleño, dejando en evidencia que no eran originarios de Baterilla. Venían de tierras lejanas pero cada cierto tiempo encallaban en el puerto para abastecer su barco con recursos del mercado y a su vez intercambiar mercancías mediante trueques, pues no eran hombres acostumbrados al uso constante de Berries.
La conversación murió apenas Kagura se presentó, el grupo de obreros guardó silencio de inmediato, prestando atención a la lluvia de preguntas que les hacía la mujer de uniforme blanco. Shibah, quien parecía el más sensato de todos y el único capaz de sostener una conversación realmente civilizada, fue el encargado de responder.
—---- Estábamos todos nosotros, era de noche, habíamos recién llegado y nos dispusimos a calentar nuestras barrigas con un banquete y cerveza de la isla… —- explicaba el buen señor con la mirada perdida en el suelo tratando de concentrarse en recordar todos los detalles. —-- Siempre antes de dormir nos percatamos que todo esté bien en el almacén, y habíamos traído quince cajas llenas de frutos rojos y uvas para entregar, la mañana siguiente nos dimos cuenta que desapareció una caja…
—-- ¡Y la babosada pasó en frente de uno, maje! — exclamó uno con gran resignación y algo de enojo.
—-- Teníamos vigilancia por lo que era casi imposible que nos hayan invadido, en mi barco solo estamos nosotros, cinco obreros, mi señora esposa, y mi hijo de siete años.
—-- Ese cipote parece lagarto, se trepa en to’ laos.
—--- Muchos de los comerciantes piensan que nosotros hemos sido los ladrones de las cosas perdidas, pero…lo cierto es que hasta nosotros hemos perdido mercancía, no queremos tener mala fama, a mí barco solo sube mi gente y mi hijo, que también viene a jugar con sus amigos cada noche. —-- El señor Shibah parecía algo preocupado ya que su negocio se estaba viendo afectado, y al ser un sistema de trueque donde las personas querían ver plata y no objetos, en Baterilla encallaban con algunas buenas personas que aceptaban su manera de negocio. Dar y recibir.
—-- No hemos visto a nadie sospechoso, hemos hecho vigilancia pero nunca damos con alguien que quiera invadirnos a nosotros, y las personas no quieren que hagamos vigilancia en sus barcos por lo mismo que han pensado que les vamos a robar.
Los niños correteaban alrededor de la Marine formando círculos a su alredor, la mayoría jugaba a ser piratas, apuntaban sus espadas de madera hacia ella mientras lanzaban un fuerte y exagerado alarido de “¡¡AAAARGH!”, tras declarar aquella “guerra” salieron corriendo entre carcajadas, sin embargo, justo cuando un niño moreno, de ojos ámbar y largas rastas estaba a punto de escapar, uno de los obreros lo sujetó por el cuello de la camisa y lo levantó como si fuese un gato.
—-- Ey, cipote, vení pa’ cá antes que te reviente tu tata—- El pequeño respondió sacándole la lengua descaradamente, demostrando una absoluta falta de disciplina, acto seguido, le propinó una patada en la cara al hombre y escapó corriendo lejos del alcance de sus tutores navales.
—-- Lamento eso, está en la etapa de la rebeldía… —- expresó Shibah mientras suspiraba con pesadez, avergonzado de su propia criatura… —-- Por Favor, sí puede usted hacer la vigilancia… estoy seguro que encontrará a los culpables… todas las noches desaparece algo del mercado o de los barcos.
—-- Nos has revisado el barco todos los días en busca de esos objetos perdidos, y no me iré de aquí hasta que se quede en evidencia que somos personas honradas.
—- Mirá alero, aquí la gente abre la naza mucho y wachea poco.
—--Dale, Dale —--- Chifló uno de los chicos mientras sonría sordamente —-- apártense pue´ que la chela anda chambeando.
—- ¡Hey, Shibah! ¿al fin echan mano a nuestra caga?
—- Eso creo, hermano.
—-- Uhhh papa, ya era hora que cayeran esos cheles.
—- Mirála pues, anda ida esa cipota.
—-- capaz toca tirar carnada pa’ que regrese…
Mientras la joven de la sombrilla salía poco a poco de su trance, víctima una vez más de su talón de Aquiles, los obreros conversaban entre ellos usando una jerga extraña y sumamente coloquial isleño, dejando en evidencia que no eran originarios de Baterilla. Venían de tierras lejanas pero cada cierto tiempo encallaban en el puerto para abastecer su barco con recursos del mercado y a su vez intercambiar mercancías mediante trueques, pues no eran hombres acostumbrados al uso constante de Berries.
La conversación murió apenas Kagura se presentó, el grupo de obreros guardó silencio de inmediato, prestando atención a la lluvia de preguntas que les hacía la mujer de uniforme blanco. Shibah, quien parecía el más sensato de todos y el único capaz de sostener una conversación realmente civilizada, fue el encargado de responder.
—---- Estábamos todos nosotros, era de noche, habíamos recién llegado y nos dispusimos a calentar nuestras barrigas con un banquete y cerveza de la isla… —- explicaba el buen señor con la mirada perdida en el suelo tratando de concentrarse en recordar todos los detalles. —-- Siempre antes de dormir nos percatamos que todo esté bien en el almacén, y habíamos traído quince cajas llenas de frutos rojos y uvas para entregar, la mañana siguiente nos dimos cuenta que desapareció una caja…
—-- ¡Y la babosada pasó en frente de uno, maje! — exclamó uno con gran resignación y algo de enojo.
—-- Teníamos vigilancia por lo que era casi imposible que nos hayan invadido, en mi barco solo estamos nosotros, cinco obreros, mi señora esposa, y mi hijo de siete años.
—-- Ese cipote parece lagarto, se trepa en to’ laos.
—--- Muchos de los comerciantes piensan que nosotros hemos sido los ladrones de las cosas perdidas, pero…lo cierto es que hasta nosotros hemos perdido mercancía, no queremos tener mala fama, a mí barco solo sube mi gente y mi hijo, que también viene a jugar con sus amigos cada noche. —-- El señor Shibah parecía algo preocupado ya que su negocio se estaba viendo afectado, y al ser un sistema de trueque donde las personas querían ver plata y no objetos, en Baterilla encallaban con algunas buenas personas que aceptaban su manera de negocio. Dar y recibir.
—-- No hemos visto a nadie sospechoso, hemos hecho vigilancia pero nunca damos con alguien que quiera invadirnos a nosotros, y las personas no quieren que hagamos vigilancia en sus barcos por lo mismo que han pensado que les vamos a robar.
Los niños correteaban alrededor de la Marine formando círculos a su alredor, la mayoría jugaba a ser piratas, apuntaban sus espadas de madera hacia ella mientras lanzaban un fuerte y exagerado alarido de “¡¡AAAARGH!”, tras declarar aquella “guerra” salieron corriendo entre carcajadas, sin embargo, justo cuando un niño moreno, de ojos ámbar y largas rastas estaba a punto de escapar, uno de los obreros lo sujetó por el cuello de la camisa y lo levantó como si fuese un gato.
—-- Ey, cipote, vení pa’ cá antes que te reviente tu tata—- El pequeño respondió sacándole la lengua descaradamente, demostrando una absoluta falta de disciplina, acto seguido, le propinó una patada en la cara al hombre y escapó corriendo lejos del alcance de sus tutores navales.
—-- Lamento eso, está en la etapa de la rebeldía… —- expresó Shibah mientras suspiraba con pesadez, avergonzado de su propia criatura… —-- Por Favor, sí puede usted hacer la vigilancia… estoy seguro que encontrará a los culpables… todas las noches desaparece algo del mercado o de los barcos.
—-- Nos has revisado el barco todos los días en busca de esos objetos perdidos, y no me iré de aquí hasta que se quede en evidencia que somos personas honradas.
—- Mirá alero, aquí la gente abre la naza mucho y wachea poco.
—--Dale, Dale —--- Chifló uno de los chicos mientras sonría sordamente —-- apártense pue´ que la chela anda chambeando.
Resumen
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Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
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