14-05-2026, 12:14 AM
(Última modificación: 14-05-2026, 12:24 AM por Runin D. Kitay.)
La afinidad entre Cardan y Ryota, en ocasiones, provoca más de una expresión contrariada de parte de la fémina; incluso, si fuera más celosa, podría regañar a su serpiente ante la inmensa afinidad que muestra hacia otros. ¡Ah, las traiciones! ¡El pan del día a día! Porque uno nunca sabe desde dónde llegará la puñalada ¿No? Runin niega divertida ante dicha idea, en especial al notar la comodidad mostrada por la serpiente al meterse en la mochila del navegante. Podría burlarse un poco más de ambos o regañar a Cardan por la facilidad con que la que la abandona, sin embargo se siente generosa. ¡Incluso podría utilizar la palabra “feliz”!
Si Runin está feliz el optimismo asciende, las fuerzas se renuevan y las risas se alzan en comunión con la vida misma; claro que la ausencia de bromas crueles no entra en la fórmula positiva de dicha ecuación, tampoco la paciencia.
Por ello el entrecejo se frunce, los labios crean una delgada línea, los dientes se aprietan y el aire entra lento y pesado por sus fosas nasales. ¿Qué es ese… sonido? ¿Algún explorador recién llegado busca encontrar tesoros o conocimiento en el interior de la implacable selva? ¿Sus compañeros han obtenido algún modo de replicar una canción o, peor, alguno de ellos llega cantando la melodiosa tonada? La concentración se rompe cuando se da cuenta que su cabeza se mueve, con ligereza, de arriba hacia abajo.

—¡Chullasaqui! ¡No lo escuchen!
Una antigua leyenda contada por su padrastro aparece en su mente. Un ser de pies desiguales que toma formas diversas para llamar la atención y llevar a sus presas a la selva, de dónde nunca podrán salir. ¡Dicen que siempre silba o lleva una melodía encima! La fémina levanta las manos en puños listos para ser usados. Ahí llega, la canción se abre camino entre el silencio de las hojas, las ramas se rompen, la hojarasca se remueve y… y… ¡ES ÉL!
El mal llega en forma de un pibble watón, tan rechoncho y adorable, tan hipnótico; perfecto para embaucar ilusos.
—¿Es en serio? —La fémina lanza un amplio suspiro hasta que se da cuenta que el pequeño animal canta mientras los demás bailan al son de su pegajosa melodía. ¡Es un chullasaqui! ¡En definitiva debe serlo! Entonces por qué... ¡¿Por qué es tan bonito?! —¡Una vez, cariño! ¡Una puta vez te pido espabilaaaaAAAAAAR! —Le gustaría haber visto una sombra o una sospecha, pero el inmenso tigre es más bien una gigantesca mole de dientes, garras y hambre, demasiada hambre.
Enseguida la amazona se lanza sobre sus compañeros, intentando apartarlos del camino para tomar su lugar. ¡Es lo que cualquier persona haría! Aunque Runin no es especialmente altruista. Su primer pensamiento es ”No me vuelvo a traer a este par de imbéciles nunca más”, mientras atrapa las fauces del animal con las manos. El segundo pensamiento es ”Haré que me pague por salvarle el culo.” al tiempo que ejerce presión y fuerza, estabilizándose.
La tercera idea no es un pensamiento, es un grito. —¡¿Y si me echas una mano aquí para variar?! ¡O te juro que meto al dududdu a la boca del tigrEEEEE! —Porque si tienen tiempo para bailar y cantar, tienen tiempo para evitar que el tigre le vuele la cabeza de un mordisco; aunque como va la cosa, está lista para lanzarle un puñetazo a la bestia y enseñarle un poco de supremacía y moderación. ¡Un tigre jamás estará por encima de una kuja! ¡Y un pibble bailarín nunca podrá encandilar más que ella! Claro que la fémina debe admitir que... es tierno.
