14-05-2026, 08:25 PM
Realmente no esperaba que me respondiera. Tal vez algunas palabras vagas, como mucho. Sabía que este tipo era nuestro enemigo, aunque no tuviese nada contra nosotros, nos podíamos oponer a sus objetivos. Tampoco tenía por que responderme, sin embargo, para mi sorpresa, lo hizo, y de la manera más inesperada posible. Ya estaba dispuesta a lanzarme a por ese cerebro, a reventar todos los cables que lo mantenían conectado y hacer añicos su cápsula de cristal, cuando sus palabras me dejaron paralizada. No me sorprendió del todo lo de las armas ancestrales. Me sonaba bastante, lo había escuchado más de una vez, pero no tenía ni idea de qué se trataban ni, mucho menos, dónde se encontraban. Lo que no me esperaba era que mencionase mi linaje. Parecía que sabía bastante sobre mi familia, más incluso que yo. Algo había estudiado sobre mi linaje, pero nunca me había llamado demasiado la atención. Mi madre era tan insistente que me hacía perder el interés. Lo que no sabía es que, según él, una de mis antepasadas había logrado obtener poder gracias a una de estas armas. Puede que mi madre me lo hubiese dicho alguna vez, pero no lo recordaba. Muchas de sus revelaciones eran completamente nuevas para mí.
El doctor parecía agradecido o fascinado con mi familia. Podía entender por qué, lo que no compartía era lo de meternos en el mismo saco. Yo no tenía que nada que ver con ellos, y pronto se lo dejaría bien claro al mundo entero. Después de su interesante discurso, se escuchó un sonido metálico y un papel cayó desde arriba. Quería estar atenta, no sabía qué podía tratarse de una trampa o qué era un regalo desinteresado por parte del doctor. Por esta vez y casi de forma instintiva, cogí el papel al vuelo con la mano derecha y, tras ver de un vistazo que se trataba de un amplio y elaborado árbol genealógico de mi familia, lo doblé sin cuidado con la misma mano con la que lo había cogido y me lo metí en en el bolso en el que guardaba mis objetos personales. No tenía demasiado tiempo como para detenerme en analizarlo, más adelante lo haría en profundidad, cuando no tuviese que estar pendiente de un cerebro que pretendía llevarme con mi madre de vuelta.
Siguió hablando, halagando mi estirpe y mencionando hazañas que desconocía. Dijo que casi terminaba con una de las estirpes más antiguas del mundo. No sabía a qué se refería. Podría estar equivocado o, si era cierto, debía haber hecho algo así por accidente. Fue sincero y reconoció que tan solo me confesaba sus pensamientos para que comprendiese la diferencia de trato con mis compañeros. Aquello hizo que ardiese por dentro. Era justo de lo que trataba de escapar. Haber nacido en mi familia no me hacía diferente de mis compañeros. Solo esperaba que estuviesen dándole un buen dolor de cerebro al doctor.
No sabía por qué, pero seguía mostrándose abierto a conversar y a ofrecerme cualquier cosa que pidiera. Era consciente de que todo tenía un límite, así que tampoco sabía bien qué era razonable pedirle a un tipo como él en esta situación. Ni siquiera quería nada más que abrasarle hasta convertirle en cenizas, aunque se había ganado un poco de mi respeto por haber cumplido, hasta el momento, con todo lo que había dicho. ¿Que si quería algo más de él? Por supuesto. Quería que liberase de inmediato a mis compañeros. Que dejase de trabajar con el Gobierno Mundial, incluso que les traicionase. Que compartiese con nosotros sus conocimientos más valiosos. Que me dijese dónde se encontraban esas armas ancestrales y cómo usarlas. Que… Detuve mis pensamientos repentinamente. La lista era enorme, pero sabía que no podría cumplir con nada de esto. Bien porque no podría, o bien porque no querría. Sonreí, consciente de lo absurdo que era que estuviese dispuesto a mandarme con mi madre a la fuerza y, al mismo tiempo, se mostrase tan colaborativo. —¿De verdad quieres hacer algo por mí? A menos que puedas sacar a Yojimbo de la cárcel, no me interesa nada —le dije sintiendo cómo mi rabia crecía.
El doctor parecía agradecido o fascinado con mi familia. Podía entender por qué, lo que no compartía era lo de meternos en el mismo saco. Yo no tenía que nada que ver con ellos, y pronto se lo dejaría bien claro al mundo entero. Después de su interesante discurso, se escuchó un sonido metálico y un papel cayó desde arriba. Quería estar atenta, no sabía qué podía tratarse de una trampa o qué era un regalo desinteresado por parte del doctor. Por esta vez y casi de forma instintiva, cogí el papel al vuelo con la mano derecha y, tras ver de un vistazo que se trataba de un amplio y elaborado árbol genealógico de mi familia, lo doblé sin cuidado con la misma mano con la que lo había cogido y me lo metí en en el bolso en el que guardaba mis objetos personales. No tenía demasiado tiempo como para detenerme en analizarlo, más adelante lo haría en profundidad, cuando no tuviese que estar pendiente de un cerebro que pretendía llevarme con mi madre de vuelta.
Siguió hablando, halagando mi estirpe y mencionando hazañas que desconocía. Dijo que casi terminaba con una de las estirpes más antiguas del mundo. No sabía a qué se refería. Podría estar equivocado o, si era cierto, debía haber hecho algo así por accidente. Fue sincero y reconoció que tan solo me confesaba sus pensamientos para que comprendiese la diferencia de trato con mis compañeros. Aquello hizo que ardiese por dentro. Era justo de lo que trataba de escapar. Haber nacido en mi familia no me hacía diferente de mis compañeros. Solo esperaba que estuviesen dándole un buen dolor de cerebro al doctor.
No sabía por qué, pero seguía mostrándose abierto a conversar y a ofrecerme cualquier cosa que pidiera. Era consciente de que todo tenía un límite, así que tampoco sabía bien qué era razonable pedirle a un tipo como él en esta situación. Ni siquiera quería nada más que abrasarle hasta convertirle en cenizas, aunque se había ganado un poco de mi respeto por haber cumplido, hasta el momento, con todo lo que había dicho. ¿Que si quería algo más de él? Por supuesto. Quería que liberase de inmediato a mis compañeros. Que dejase de trabajar con el Gobierno Mundial, incluso que les traicionase. Que compartiese con nosotros sus conocimientos más valiosos. Que me dijese dónde se encontraban esas armas ancestrales y cómo usarlas. Que… Detuve mis pensamientos repentinamente. La lista era enorme, pero sabía que no podría cumplir con nada de esto. Bien porque no podría, o bien porque no querría. Sonreí, consciente de lo absurdo que era que estuviese dispuesto a mandarme con mi madre a la fuerza y, al mismo tiempo, se mostrase tan colaborativo. —¿De verdad quieres hacer algo por mí? A menos que puedas sacar a Yojimbo de la cárcel, no me interesa nada —le dije sintiendo cómo mi rabia crecía.
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