15-05-2026, 03:47 AM
(Última modificación: 15-05-2026, 04:29 AM por Shirohime Hild.)
Con los ojos cerrados y un poco de paciencia, un poco de dedicación y esmero fue que la mezcla era puesta con lentitud en sus delicadas facciones. Sus manos, masajeaban las zonas mientras su reptil amiga, Carmen, observaba con detalle como la mujer de cabello rubio lo que hacía era aplicarse una máscara para cuidar sus facciones y por supuesto, frenar el cruel y duro paso del envejecimiento. Tranquila como el viento, sin decir una sola palabra se encontraba arreglándose en una solitaria habitación bien iluminada, con paredes pintadas de blanco y cortina junto con una tina, un suelo con mosaicos verdosos y tan solamente la compañía de Carmen y el agua cubriendo gran parte de extensión de su cuerpo en un agradable baño. Una toalla blanca cubriendo la totalidad de su cabellera, enroscada y apuntando hacia arriba, un espacio cómodo y exclusivo dedicado por y para su persona; Shirohime, pese a su deseo de revolucionar en la historia y cambiar el mundo no estaba ciega con el objetivo y no descuidaba en ningún momento el principal detalle; su aspecto. Su belleza era notoria, considerable y hasta cierto punto digna de una emisaria de los ángeles, pero no era inconsciente del cruel camino que dejaban los años al caer, aquella marca que no hacía más que dejarle una tortura hacia su cara tan bien cuidada. Alguien como ella no podía tener los años del envejecimiento encima, imperfecciones como arrugas o marcas de expresión, e inclusive la idea de ganar una sola y única cana: aún si estaba lejos de ese camino, no deseaba dejar de ser aquella mujer tan bella que siempre fue, sino la que más; para ella, su sola presencia era sinónimo de la mujer más hermosa de todos los mares y aunque el público general diga lo contrario, sus ideas no cambiarían por más que la marea se venga en su contra y busque arrasar todo lo que ella representa. Algo como la belleza es abstracto, para todo hay gustos y colores, pero si algo ha de saber es que puede diferenciar una persona con buen gusto de una con un sentido de la estética mal encaminado, ya que Shirohime es demasiado bella para este mundo y todo el que no piense lo mismo cree que deberá tener algo mal en su sentido de la estética. Y no es su culpa, su belleza puede rebobinar todo un sistema.
— Aaah... la belleza es algo que no se puede comprar con un montón de Berries, mi querida y confiable amiga Carmen. La belleza es algo natural e innato de las personas, toda chica como yo, nace con un nivel de hermosura desde que nació, las hay menos bonitas y otras que más, pero algo que jamás debes descuidar es tu rutina. —, mientras su pequeño discurso se escuchaba, su gran amiga, ubicada a no tanta distancia de la rubia respondió con un simple siseo. — Tsch, tsch, tsch. No me respondas, ya sé que alguien como yo no necesita recurrir a tratamientos de esta calibre, ru-ha, ¿pero que puedo decir? ¿Es que acaso mi rostro no merece ser atendido con dedicación y ternura? Mis ojos, mi boca, mi nariz, toda mi cara y su extensión, todo está tan bien cuidado, ru-ha. —, su amiga, a punto de sisear otra vez, — No me respondas. Sé que la realeza tiene otras preocupaciones, sé que debo centrarme y pensar en las preocupaciones de mi tan querido y ansiado pueblo, de los niños y de la gente al pasar, aaaah... que difícil es ser yo. ¿Pero quién más que Shirohime está lista para tal labor? ¿Quién más que yo podría dedicarse a proteger el castillo más preciado? Yo misma, aaaah, tan bella y elegante. Soy un sinónimo de la completa lindura. —, mientras dejaba que la máscara hiciese efecto todo lo que hizo fue relajarse en el agua como una roca en medio del río y esperar, aguardar el momento en el que debiese vestirse y poder salir a la luz del día con una cara rejuvenecida y ánimos suficientes como para librar una batalla de los mil días. No había gozo y disfrute mayor a tener un digno enfrentamiento después de haber tenido una linda recuperación facial, ya que los días pasan, el cansancio se nota y su pobre cuerpo es el que sufre.
30 minutos después...
Hace tan solamente unos minutos salió de la cómoda tina y decidió deslizar suavemente las prendas de ropa a través de su cuerpo, un conjunto delicado compuesto por piezas azuladas. Ahora, todo lo que llegaba a continuación era retirarse cuidadosamente la máscara con un poco de agua y suaves masajes en la zona, sin apresurarse ni dejar que su pobre rostro se vea dañado, asi fue como después pudo sacarse la toalla y soltar su cabello rubio que cayó como una delicada cascada sobre su bella espalda.
Su amiga, Carmen, siseaba mientras analizaba a su amiga que hoy por hoy decidió llevar un conjunto para vestirse de camino a la salida; una camiseta negra sin mangas, una chaqueta blanca de mangas largas, un pantalón corto y el característico cinturón con el que llevaría a su tan confiable compañera de combate, Le Reinès. Después de haber sacado el tapón para que el agua se vaya por el horificio, colocarlo nuevamente y esperar a que su compañera se deslizase por su cuerpo para cumplir la función de un exótico collar fue que Shirohime, la nueva heroína del mañana, continuaría y seguiría su aventura.
40 minutos después...
El día le ofrecía una tranquila caminata junto a uno de los chicos que podía considerar uno de sus aliados y compatriotas del nuevo mundo que estaba por llegar, mientras el otro permanecía en silencio, degustando un par de postrecitos, todo lo que hacía ella era platicar acerca de su persona y de lo maravillosa que era. Mientras caminaba, reía y relataba historias acerca de cómo el destino fue lo suficientemente bondadoso como para brindarle a ella una belleza sin igual, absorta en sus pensamientos e introducida en sus férreas ideas. Shirohime, encontraba la compañía de aquel chico refrescante y casi que podría compararlo con una hoja cayendo con suavidad de la copa de un árbol repleto de color; siempre tan tranquilo, sin hacer ruido ni un escándalo semejante que pudiese llamar la atención de los demás, a diferencia de ella, que le encantaba ser el centro de atención y acaparar las miradas del pueblo. Ella, en su mente visualizaba ciudades de oro repletas de gente gritando su nombre mientras las estatuas de gran tamaño en su honor reafirmaban la posición de su imaginario estatus, ideas que carecía de problema en compartir con sus compañeros cada que tenía oportunidad: Incluso consideró la idea de llamar los Blues de otra forma, los "Whites", en honor a su grandioso y magnífico nombre, ya que su sola presencia y marca en la historia era suficiente para que los Whites tengan más fuerza e impacto que simplemente ser llamados "Blues", tal vez incluso podría considerar renombrar el Grand Line como "White Line" y más allá con referencias a su bello nombre. La sola idea de pensar en ello la emocionaba y motivaba a querer continuar en una cruzada donde eventualmente su cabeza sería buscada por el gobierno como traiga más problemas de los que ya hay con la piratería, escenario o situación que a una persona normal le haría retractarse de sus actos y seguramente replantear su modo de vida, pero que a alguien como Shirohime no hace más que sacudir el avispero de las ansias por querer marcar su huella.
Detrás del muchacho y absorta en sus ideas no se dio cuenta que al abrir un puñetazo fue dirigido al chico y que por diferencias de alturas pasó como una simple brisa. Dulce casualidad, ya que de haber sido hacia ella el resultado sería otro. Todo eso la sacó de su trance y dentro de su pecho sintió calor, una emoción difícil de describir con palabras. Su expresión, antes risueña, pasó a una sonrisa decidida y en un par de movimientos decidió sacar de su cinturón a su compañera de guerra, Le Reinès, mientras Carmen se ubicaba en su cuello como ese tan excéntrico collar y el arma, que estaba preparada para atacar, apuntó su cañón a la cabeza de la víctima teniendo en cuenta la poca diferencia de estatura ya que Shirohime mide 1.70, aún sin entrar al local con un movimiento...
Disparó.
Un poderoso estruendo, digno de un rugido de guerra y el canto de la muerte salió a la verdad, — ¡¡¡NIHAHAHAHAHAHA!!! ¿¡Escucharon el grito de la guerra, mis amados espectadores!? ¡Ansiado público, amado público, oigan la voz y contemplen la fuerza de Shirohime, la princesa de blanco, y su bella armada! —, la convicción de su voz y su fuerza al dirigirse hacia los demás, buscaba dejar en claro su temperamento acierte o no acierte ese bello disparo que utilizó como puerta de entrada, — ¡¡Alcen las trompetas, canten las estrofas!! ¡Es hora de que todos ustedes tengan la oportunidad de ver los cimientos, el inicio, la llegada de aquello que está por acontecer, ru-ha! ¡Su insulsa e incolora vida está a punto de cambiar, AQUÍ Y AHORA, MI QUERIDO PÚBLICO DE ENSUEÑO, CANTEN LA LLEGADA DEL MUNDO DE BLANCO! —
— Aaah... la belleza es algo que no se puede comprar con un montón de Berries, mi querida y confiable amiga Carmen. La belleza es algo natural e innato de las personas, toda chica como yo, nace con un nivel de hermosura desde que nació, las hay menos bonitas y otras que más, pero algo que jamás debes descuidar es tu rutina. —, mientras su pequeño discurso se escuchaba, su gran amiga, ubicada a no tanta distancia de la rubia respondió con un simple siseo. — Tsch, tsch, tsch. No me respondas, ya sé que alguien como yo no necesita recurrir a tratamientos de esta calibre, ru-ha, ¿pero que puedo decir? ¿Es que acaso mi rostro no merece ser atendido con dedicación y ternura? Mis ojos, mi boca, mi nariz, toda mi cara y su extensión, todo está tan bien cuidado, ru-ha. —, su amiga, a punto de sisear otra vez, — No me respondas. Sé que la realeza tiene otras preocupaciones, sé que debo centrarme y pensar en las preocupaciones de mi tan querido y ansiado pueblo, de los niños y de la gente al pasar, aaaah... que difícil es ser yo. ¿Pero quién más que Shirohime está lista para tal labor? ¿Quién más que yo podría dedicarse a proteger el castillo más preciado? Yo misma, aaaah, tan bella y elegante. Soy un sinónimo de la completa lindura. —, mientras dejaba que la máscara hiciese efecto todo lo que hizo fue relajarse en el agua como una roca en medio del río y esperar, aguardar el momento en el que debiese vestirse y poder salir a la luz del día con una cara rejuvenecida y ánimos suficientes como para librar una batalla de los mil días. No había gozo y disfrute mayor a tener un digno enfrentamiento después de haber tenido una linda recuperación facial, ya que los días pasan, el cansancio se nota y su pobre cuerpo es el que sufre.
30 minutos después...
Hace tan solamente unos minutos salió de la cómoda tina y decidió deslizar suavemente las prendas de ropa a través de su cuerpo, un conjunto delicado compuesto por piezas azuladas. Ahora, todo lo que llegaba a continuación era retirarse cuidadosamente la máscara con un poco de agua y suaves masajes en la zona, sin apresurarse ni dejar que su pobre rostro se vea dañado, asi fue como después pudo sacarse la toalla y soltar su cabello rubio que cayó como una delicada cascada sobre su bella espalda.
Su amiga, Carmen, siseaba mientras analizaba a su amiga que hoy por hoy decidió llevar un conjunto para vestirse de camino a la salida; una camiseta negra sin mangas, una chaqueta blanca de mangas largas, un pantalón corto y el característico cinturón con el que llevaría a su tan confiable compañera de combate, Le Reinès. Después de haber sacado el tapón para que el agua se vaya por el horificio, colocarlo nuevamente y esperar a que su compañera se deslizase por su cuerpo para cumplir la función de un exótico collar fue que Shirohime, la nueva heroína del mañana, continuaría y seguiría su aventura.
40 minutos después...
El día le ofrecía una tranquila caminata junto a uno de los chicos que podía considerar uno de sus aliados y compatriotas del nuevo mundo que estaba por llegar, mientras el otro permanecía en silencio, degustando un par de postrecitos, todo lo que hacía ella era platicar acerca de su persona y de lo maravillosa que era. Mientras caminaba, reía y relataba historias acerca de cómo el destino fue lo suficientemente bondadoso como para brindarle a ella una belleza sin igual, absorta en sus pensamientos e introducida en sus férreas ideas. Shirohime, encontraba la compañía de aquel chico refrescante y casi que podría compararlo con una hoja cayendo con suavidad de la copa de un árbol repleto de color; siempre tan tranquilo, sin hacer ruido ni un escándalo semejante que pudiese llamar la atención de los demás, a diferencia de ella, que le encantaba ser el centro de atención y acaparar las miradas del pueblo. Ella, en su mente visualizaba ciudades de oro repletas de gente gritando su nombre mientras las estatuas de gran tamaño en su honor reafirmaban la posición de su imaginario estatus, ideas que carecía de problema en compartir con sus compañeros cada que tenía oportunidad: Incluso consideró la idea de llamar los Blues de otra forma, los "Whites", en honor a su grandioso y magnífico nombre, ya que su sola presencia y marca en la historia era suficiente para que los Whites tengan más fuerza e impacto que simplemente ser llamados "Blues", tal vez incluso podría considerar renombrar el Grand Line como "White Line" y más allá con referencias a su bello nombre. La sola idea de pensar en ello la emocionaba y motivaba a querer continuar en una cruzada donde eventualmente su cabeza sería buscada por el gobierno como traiga más problemas de los que ya hay con la piratería, escenario o situación que a una persona normal le haría retractarse de sus actos y seguramente replantear su modo de vida, pero que a alguien como Shirohime no hace más que sacudir el avispero de las ansias por querer marcar su huella.
Detrás del muchacho y absorta en sus ideas no se dio cuenta que al abrir un puñetazo fue dirigido al chico y que por diferencias de alturas pasó como una simple brisa. Dulce casualidad, ya que de haber sido hacia ella el resultado sería otro. Todo eso la sacó de su trance y dentro de su pecho sintió calor, una emoción difícil de describir con palabras. Su expresión, antes risueña, pasó a una sonrisa decidida y en un par de movimientos decidió sacar de su cinturón a su compañera de guerra, Le Reinès, mientras Carmen se ubicaba en su cuello como ese tan excéntrico collar y el arma, que estaba preparada para atacar, apuntó su cañón a la cabeza de la víctima teniendo en cuenta la poca diferencia de estatura ya que Shirohime mide 1.70, aún sin entrar al local con un movimiento...
Disparó.
Un poderoso estruendo, digno de un rugido de guerra y el canto de la muerte salió a la verdad, — ¡¡¡NIHAHAHAHAHAHA!!! ¿¡Escucharon el grito de la guerra, mis amados espectadores!? ¡Ansiado público, amado público, oigan la voz y contemplen la fuerza de Shirohime, la princesa de blanco, y su bella armada! —, la convicción de su voz y su fuerza al dirigirse hacia los demás, buscaba dejar en claro su temperamento acierte o no acierte ese bello disparo que utilizó como puerta de entrada, — ¡¡Alcen las trompetas, canten las estrofas!! ¡Es hora de que todos ustedes tengan la oportunidad de ver los cimientos, el inicio, la llegada de aquello que está por acontecer, ru-ha! ¡Su insulsa e incolora vida está a punto de cambiar, AQUÍ Y AHORA, MI QUERIDO PÚBLICO DE ENSUEÑO, CANTEN LA LLEGADA DEL MUNDO DE BLANCO! —
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