Una explosión de acontecimientos. [T4 - PR] [Stroud]
#4
El enfoque que Stroud había decidido dar a aquella operación era, como no podía ser de otra manera, uno de enfrentamiento directo. Él mismo era de la opinión de que la Justicia no debía esconderse ni amilanarse, sino mostrar su presencia con orgullo en gloriosa confrontación, como un estandarte en sí mismo. La Justicia, por un lado, debía actuar, y, por el otro, debía reinar, y no era posible, ni deseable, reinar desde las sombras. La actuación de la Marina debía ser siempre un faro que inundase la isla con su luz: los ciudadanos y los maleantes por igual no solo debían saber, sino ver y sentir, que la Justicia estaba presente. Una realidad irrefutable.

El Marine no había parecido preocupado ni inquieto durante su marcha hacia la puerta sur del fuerte, ni lo estaba. Era algo que algunos malinterpretaban acerca de Stroud: lo habitualmente impertérrito de su carácter no era ninguna fachada. Los ojos del Marine analizaban lentamente los contingentes que habían empezado a acumularse en el sur de la fortaleza, la mayoría a ras de suelo, aunque también los centinelas desde lo alto de las atalayas a los lados, que ejercían control sobre el terreno desde las empalizadas. El fuerte albergaba más efectivos de los que había supuesto en un primer momento; tomar aquel sitio no sería fácil, y una gota de sudor corrió por la sien del Marine. Una de las primeras lecciones de estrategia militar era que tomar una fortifiación como aquella solía requerir un número de efectivos considerablemente superior en el bando atacante; la ventaja que proporcionaba su fortificación sería considerable. Hablando en términos estrictamente numéricos, la cuestión podía darse por perdida. Solo podía confiar en sus planes y en la probable diferencia de entrenamiento entre un lado y el otro. En eso y, claro, en que lo subestimasen.

Stroud mantuvo sus manos enguantadas detrás de su espalda, en impecable postura, mientras las tropas de Blitzkrieg hacían acto de presencia y formaban un anillo alrededor de ellos. Era un error táctico dejarse rodear, sin duda alguna, pero le convenía dejarlos pensar que tenían ventaja sobre él, como, de hecho, tenían. El razonamiento de Stroud era simple: si el enemigo quería pensar que tenía ventaja, había que darle motivos. Frente a él se había personado un hombre rubio que, incluso antes de pronunciar palabra alguna, se revelaba de forma evidente como el líder de aquella operación. Stroud no reaccionó ante ninguna de las opciones que planteó el hombre mientras se acercaba, paso a paso, a él, su mentón ligeramente alzado y acentuando la escasa diferencia de alturas entre ambos, sin dejarse acobardar ante la imponente presencia de quien era, evidentemente y pese a todo, un luchador más que experimentado. Sus ojos grises permanecieron clavados con frialdad en los del hombre, de una forma que podría haberse interpretado como aburrimiento en otro contexto, pero que en aquellos instantes significaba que no estaba sino esperando a que dijese la respuesta correcta. La exigencia de Stroud había sido clara, y no iba a repetirla. La pelota seguía en el tejado del líder de Blitzkrieg.

Su imperturbabilidad se quebró ligeramente, sin embargo, cuando entró en escena un joven que parecía traer un dossier sobre él. El Marine arqueó una ceja, esperando en silencio mientras leían aquella información sobre él. Tampoco dijo nada, continuó en silencio, sin responder a las provocaciones. Meditó por un instante la propuesta que le hizo el hombre: custodiarlos durante tres días hasta que levantasen campamento. Aquello hubiese implicado deshacerse del problema sin pegar un solo tiro, sin derramar una sola gota de sangre. Y aquello, claro, hubiera sido intolerable. Naturalmente, se trataba de una trampa o, en el peor de los casos, una salida fácil para aquellos criminales, que obtendrían la posibilidad de continuar con su operación tranquilamente en algún otro lugar. Eso resultaba evidente. Lo que se planteó Stroud fue si habría podido usar aquello para su propia ventaja. Sin embargo, descartó rápidamente la idea, favoreciendo su proceso mental habitual: lo mejor era lidiar con el problema allí y en aquel momento, cortarlo de raíz. Por primera vez, fue a decir algo, pero, incluso antes de abrir la boca, el joven intervino de nuevo.

"Owen Yang," pensó, repitiendo el nombre para sí. Nadie que hubiese visto su rostro hubiera pensado que lo había reconocido al instante. El pelirrojo de Cabos Gemelos... y de Little Garden. El sonido hidráulico proveniente del brazo de Sohem pasó por el fondo de su mente, como un ruido en blanco, por un instante, pero lo supo ignorar. Había seguido su trayectoria en los periódicos, pero jamás se hubiera imaginado que habría estado implicado en una operación como aquella. ¿Qué lo unía a Blitzkrieg? Empezó a hacerse una idea cuando el hombre rubio hizo alusión que se movía por ellos, por la Marina. No debía de andar muy lejos, por lo que decían. Stroud tragó saliva. ¿Aquel hombre había pretendido reclutar a Owen? ¿En qué se había metido exactamente aquel pelirrojo?

Finalizado su discurso, colocó una mano en el hombro del pelirrojo, a quien superaba ligeramente en altura, y que intentaba comunicarse por Den Den Mushi, aparentemente en vano. Parecía estar perdiendo la cabeza. "Tranquilízate," se limitó a decir pausadamente. "Vamos a buscar la forma de salir de aquí, ya veremos qué hacemos luego. Examina este lado de aquí, e infórmanos si encuentras algo, ¿de acuerdo?"


Debía dejar de pensar en él como una especie de civil en apuros, llevado por las circunstancias. Aquel muchacho se había labrado su propio destino a consciencia, y aquella recompensa que mencionaba el hombre era nada más y nada menos que el fruto de sus propias decisiones. En parte, él mismo era responsable de que aquella amenaza siguiese con vida, navegando a sus anchas por el Grand Line. Era un error que debía enmendar.


La súbita pregunta del hombre rubio, sin embargo, lo sacó de sus pensamientos. Se acercaba el momento. "Lo dudo," se limitó a decir por única respuesta, visiblemente no dándole importancia a la pregunta, volviendo a fijar sus ojos en los del malhechor y examinándolo de arriba a abajo. Habían esperado lo suficiente. Se produjo un silencio antes del caos que se avecinaba, mientras la tensión que todos podían sentir en el aire se aproximaba a su cénit a pasos acelerados. Era el momento de descabezar a la serpiente: era su única oportunidad de salvar vidas en una situación de desventaja numérica como aquella. Destruir su moral era la mejor primera jugada. Suspiró por un instante, y finalmente hizo una señal a las tropas tras él con las manos que mantenía detrás de su espalda, que saltaron como un resorte a atacar al hombre rubio, ignorando por un instante a las tropas que los habían rodeado y adoptando una formación en flecha, en un rugido que coronaba la explosión de aquel polvorín. Stroud dio un pisotón mientras sus hombres aún entraban en formación, haciendo que la nieve crujiese bajo el talón de su bota, mientras algo parecía comenzar a ocurrir por debajo de su abrigo. "And Justice For One," pareció anunciar en su monótona voz al mismo tiempo. Allí, en mitad de la nieve, en mitad de la nada, el estruendo se volvió ensordecedor, con todas las tropas en movimiento, gritando en coordinación, sus ecos recorriendo el paraje níveo. Sin dejar pasar ni un instante, el pisotón que había dado sirvió para tomar impulso para comenzar su movimiento, y él mismo encabezó el asalto como la punta de la flecha, recorriendo en un instante los dos metros que los separaban, y cargando no uno, sino dos puñetazos simultáneos desde su cadera, directos hacia el mentón del hombre rubio. "Double... ¡Jawbreaker!," exclamó en plena explosión de adrenalina, mientras sus nudillos se aproximaban a velocidad vertiginosa a su objetivo en un movimiento ascendente y coordinado, de forma que ambos impactaron al mismo tiempo y con fuerza, desde los dos lados, en la mandíbula del hombre rubio.

Segundos después, el plan de Stroud se ponía en marcha en el fragor de la batalla. Mejor dicho: la segunda fase del mismo se ponía en marcha. Desde el este y el oeste, y presumiblemente antes de que los centinelas pudieran actuar, dos pelotones habían subido con todo el sigilo posible hasta las atalayas que coronaban las empalizadas. Los arqueros que allí hacían guardia, como la mayoría del campamento, habrían estado lo suficientemente distraídos por el asalto desde el sur liderado por Stroud para darse cuenta de que, en efecto, el Marine les había tendido una trampa, atacando también desde los flancos. El ruido ensordecedor de la batalla que se producía delante sus narices, metros abajo, era suficiente para encubrir el discreto ataque que se producía simultáneamente desde los lados de la fortaleza, y que buscaba neutralizar, antes que nada, a los guardias sobre las atalayas. Dos oleadas blancas y uniformadas comenzaron a inundar el este y el oeste, como un oleaje que se alzaba de entre las nieves. Al norte, fuera de la indiscreta vista de sus centinelas, un último pelotón contemplaba la escena desde una posición privilegiada, siguiendo las órdenes de Stroud. Comenzaba la toma del fuerte.



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RE: Una explosión de acontecimientos. [T4 - PR] [Stroud] - por Stroud Nanashi - 15-05-2026, 02:16 PM

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