16-05-2026, 12:53 PM
(Última modificación: 16-05-2026, 12:56 PM por Akira Raito.)
No hacía ni un día de la trama con Diosdado, aquel maldito calvo y rechoncho terrorista que no dejaba de provocar el caos en Baterilla junto con su séquito de inútiles armados. ¿Realmente había huido a la Isla del Karate? Akira sentía que era un lugar demasiado cercano como para huir con tanto miedo a que se descubriera su cara y lo que pretendía.
Pero hoy, a pesar de tener su día libre como marine dado que no había pasado ni un día desde que terminó la misión junto con su amigo Juan, gracias a él y que tenía una pinza (una excusa barata para Akira, pero que había convencido a sus superiores en el cuartel), le tocaba estar junto con los carpinteros arreglando aquel bar destrozado. El bar sin pelo, para colmo, con el pelazo que tenía Akira.
—Bueno yo creo que por hoy ya está, ¿no? —expresó tras dejar una pila de maderas recién cortadas y pulidas que les servirían para el día de mañana. Todavía les quedaba mucho por arreglar, que Juan se lo había cargado entero, mesas, sillas, la barra, la pared… Habían repartido bien sus golpes, solo que la manera de enfocarlos no fue la adecuada. Tras el visto bueno por parte del jefe de cuadrilla, Akira se secó el sudor de la frente y abandonó el lugar mientras se comía un sándwich y se terminaba el agua que le quedaba en la cantimplora. Llevaba la camiseta sudada y se estaba dando un poco de asco, así que quería darse un agua cuanto antes.
—Que mala suerte, todo el día ahí bajo el sol, y ahora que termino ni una pizca de luz… Ya no hay ni gente por la calle —susurraba mientras avanzaba dándole patadas a una piedra que le acompañaba y le guiaría el camino, mientras se dirigía al cuartel para darse una ducha y echarse a dormir tras aquel agotador día de trabajar la madera. O tal vez se le cruzaba un cable y acababa metiéndose en el agua de la playa, según el camino que escogiera piedra haría una cosa u otra.
De pronto, una densa niebla se hizo con la plaza, transformando el pueblo en una película de terror. Con niebla y sin gente, qué era aquello, ¿Silent Hill? Siguió avanzando hasta que diferencio una figura algo conocida a lo lejos, bajo la luz de un poste. Era una chica que le sonaba de vista, alguna vez se había fijado en ella en los entrenamientos, pero pertenecía a otro grupo, así que todavía no había tenido el gusto de presentarse. Aunque le pareció algo rara ya que iba bastante abrigada, llevaba puesta hasta una bufanda.
—¿Estará enferma? Si hacen como veinte grados… —pensó mientras se acercaba a su vera, saludándola con la mano en alto—. O tal vez es friolera, qué se yo —seguía preguntándose hasta llegar a su lado. Baterilla era una isla de clima tropical, y aunque fuera invierno y con aquella niebla, las temperaturas en esta época del año solían rondar los 20 o 25 grados.
—¡Hola compañera! Alguna vez te he visto por el cuartel, aunque creo que todavía no nos conocemos, soy Akira, un gusto... ¿No tienes calor con ese abrigo? —le dijo mientras le estrechaba la mano, sujetando la cantimplora con la axila, mientras que con la otra sujetaba el pequeño trozo de bocadillo que le quedaba.
Pero hoy, a pesar de tener su día libre como marine dado que no había pasado ni un día desde que terminó la misión junto con su amigo Juan, gracias a él y que tenía una pinza (una excusa barata para Akira, pero que había convencido a sus superiores en el cuartel), le tocaba estar junto con los carpinteros arreglando aquel bar destrozado. El bar sin pelo, para colmo, con el pelazo que tenía Akira.
—Bueno yo creo que por hoy ya está, ¿no? —expresó tras dejar una pila de maderas recién cortadas y pulidas que les servirían para el día de mañana. Todavía les quedaba mucho por arreglar, que Juan se lo había cargado entero, mesas, sillas, la barra, la pared… Habían repartido bien sus golpes, solo que la manera de enfocarlos no fue la adecuada. Tras el visto bueno por parte del jefe de cuadrilla, Akira se secó el sudor de la frente y abandonó el lugar mientras se comía un sándwich y se terminaba el agua que le quedaba en la cantimplora. Llevaba la camiseta sudada y se estaba dando un poco de asco, así que quería darse un agua cuanto antes.
—Que mala suerte, todo el día ahí bajo el sol, y ahora que termino ni una pizca de luz… Ya no hay ni gente por la calle —susurraba mientras avanzaba dándole patadas a una piedra que le acompañaba y le guiaría el camino, mientras se dirigía al cuartel para darse una ducha y echarse a dormir tras aquel agotador día de trabajar la madera. O tal vez se le cruzaba un cable y acababa metiéndose en el agua de la playa, según el camino que escogiera piedra haría una cosa u otra.
De pronto, una densa niebla se hizo con la plaza, transformando el pueblo en una película de terror. Con niebla y sin gente, qué era aquello, ¿Silent Hill? Siguió avanzando hasta que diferencio una figura algo conocida a lo lejos, bajo la luz de un poste. Era una chica que le sonaba de vista, alguna vez se había fijado en ella en los entrenamientos, pero pertenecía a otro grupo, así que todavía no había tenido el gusto de presentarse. Aunque le pareció algo rara ya que iba bastante abrigada, llevaba puesta hasta una bufanda.
—¿Estará enferma? Si hacen como veinte grados… —pensó mientras se acercaba a su vera, saludándola con la mano en alto—. O tal vez es friolera, qué se yo —seguía preguntándose hasta llegar a su lado. Baterilla era una isla de clima tropical, y aunque fuera invierno y con aquella niebla, las temperaturas en esta época del año solían rondar los 20 o 25 grados.
—¡Hola compañera! Alguna vez te he visto por el cuartel, aunque creo que todavía no nos conocemos, soy Akira, un gusto... ¿No tienes calor con ese abrigo? —le dijo mientras le estrechaba la mano, sujetando la cantimplora con la axila, mientras que con la otra sujetaba el pequeño trozo de bocadillo que le quedaba.

