16-05-2026, 10:12 PM
(Última modificación: 16-05-2026, 11:06 PM por Voz Seductora.)
Después de toda esa conversación dilatada en el tiempo, la música de aquellos pitidos bañaba el cerebro de Triana como una niebla espesa y dificultaba enormemente el razonamiento de la heredera de las Tempesta, pero aun asi, la respuesta de Triana no se hizo esperar y fue una negativa a la altura de lo esperado por sus capacidades y su carácter, algo que el Doctor Utakata preveía y que sabía que sucedería. Por eso estaba preparado, como con todos sus compañeros, y había tomado las medidas necesarias y la potencia adecuada para enfrentar las hostilidades que Triana Tempesta quisiera ofrecer. Mas, pese a no necesitar tal cantidad de contención por su parte, el gusto de poder influenciar en un linaje tan legendario como las Tempesta en persona, pudo por encima de la cautela habitual del genio científico, haciendo que su ego imperase en la ecuación de su razonamiento.
De la capitana de los Alas Negras emergió una oleada circular y creciente de lenguas de fuego abrasador que recorrieron la distancia de treinta metros a la redonda tomándola a ella como eje central de esa catástrofe, lanzándose aquel infierno a erradicar todo lo que había entorno a la mujer, sin alcanzar el tarro del cerebro ni las paredes de los laterales, al estar Triana un metro por delante de la puerta de entrada y haber permanecido ahí todo ese tiempo.
— Qué desafortunado — dijo el robot como única repuesta ante el ataque de la mujer — Pero predecible — añadió, sin alterar su actitud ni su tono y con un seco sonido de impacto de metal a la espalda de Triana, y justo después de eso escuchó la voz jovial y juvenil que les había estado hablando hasta que Triana llegó a esta habitación, igualmente calmada e igualmente tranquila.
— Entonces será por las malas —
De la capitana de los Alas Negras emergió una oleada circular y creciente de lenguas de fuego abrasador que recorrieron la distancia de treinta metros a la redonda tomándola a ella como eje central de esa catástrofe, lanzándose aquel infierno a erradicar todo lo que había entorno a la mujer, sin alcanzar el tarro del cerebro ni las paredes de los laterales, al estar Triana un metro por delante de la puerta de entrada y haber permanecido ahí todo ese tiempo.
— Qué desafortunado — dijo el robot como única repuesta ante el ataque de la mujer — Pero predecible — añadió, sin alterar su actitud ni su tono y con un seco sonido de impacto de metal a la espalda de Triana, y justo después de eso escuchó la voz jovial y juvenil que les había estado hablando hasta que Triana llegó a esta habitación, igualmente calmada e igualmente tranquila.
— Entonces será por las malas —
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