16-05-2026, 10:30 PM
El rostro del joven palpitaba bajo su mano helada, la cual, por contraste, comenzaba a quemarle la piel. Desde aquel ángulo, su semblante parecía incluso angelical. Zhang Guolao le sonrió levemente; resultaba irónico que, precisamente ese día, todos parecieran empeñados en matarlo.
Aquel ser era gigantesco, pero, a pesar de sus habilidades, la experiencia del viejo burro le había permitido encontrar un punto débil. Zhang jadeó un poco; sentía cómo la fuerza de su agarre comenzaba a ceder segundo tras segundo, pero se mantenía firme en su resolución: no permitiría que ese grupo destruyera aquel lugar, ni que quemaran la biblioteca.
El joven demostró ser diestro con sus armas, logrando afectarlo incluso en aquella posición desventajosa. El estampido sonó un instante antes de que el fuego envolviera su cuerpo helado, el cual terminó cediendo ante la furia de las llamas. El calor lo rodeó por completo y su forma nevada se derritió hasta dejarlo tendido en el suelo. Sin embargo, aquel movimiento inesperado permitió que se zafara de su enemigo.
—Mierda... — maldijo el burro.
Jadeando, estiró los brazos mientras su cuerpo se recuperaba de la fuerza de las llamas. El hombre alado había aprovechado la confusión para alejarse. Mierda... Ya estoy viejo para jugar al gato y al ratón, pensó Zhang. Al parecer, el enemigo se dirigía directo a la biblioteca, seguramente para encontrarse con Lenna.
Zhang se levantó y, ante la inminente huida de su rival, comenzó a caminar hacia donde había dejado a la pequeña Gyojin. Le costó un poco moverse; aunque su cuerpo quemado ya había vuelto a la normalidad, el persistente olor a pelo chamuscado era bastante molesto.
—Maldito niño... — rezongó Zhang.
Aún no entendía del todo qué había pasado, pero tenía claro que debía continuar con su misión. Alzó a la pequeña, que parecía dormir profundamente, y la tomó en brazos para reanudar su avance hacia la biblioteca. No perdería el tiempo buscando una aguja en un pajar o, en este caso, al pobre viejo Mink.
Mientras avanzaba a su máxima velocidad e intentaba recuperar fuerzas, Zhang activó su comunicación.
—Hola, Bai. Si estás ahí, ten cuidado con el hombre alado. Voy hacia la biblioteca, cuídate —dijo, sin enterarse de que Bai no tenía Den Den Mushi.
Zhang continuó su camino hacia la Biblioteca de las Bestias, esforzándose por ocultarse entre las sombras y la nieve.
Aquel ser era gigantesco, pero, a pesar de sus habilidades, la experiencia del viejo burro le había permitido encontrar un punto débil. Zhang jadeó un poco; sentía cómo la fuerza de su agarre comenzaba a ceder segundo tras segundo, pero se mantenía firme en su resolución: no permitiría que ese grupo destruyera aquel lugar, ni que quemaran la biblioteca.
El joven demostró ser diestro con sus armas, logrando afectarlo incluso en aquella posición desventajosa. El estampido sonó un instante antes de que el fuego envolviera su cuerpo helado, el cual terminó cediendo ante la furia de las llamas. El calor lo rodeó por completo y su forma nevada se derritió hasta dejarlo tendido en el suelo. Sin embargo, aquel movimiento inesperado permitió que se zafara de su enemigo.
—Mierda... — maldijo el burro.
Jadeando, estiró los brazos mientras su cuerpo se recuperaba de la fuerza de las llamas. El hombre alado había aprovechado la confusión para alejarse. Mierda... Ya estoy viejo para jugar al gato y al ratón, pensó Zhang. Al parecer, el enemigo se dirigía directo a la biblioteca, seguramente para encontrarse con Lenna.
Zhang se levantó y, ante la inminente huida de su rival, comenzó a caminar hacia donde había dejado a la pequeña Gyojin. Le costó un poco moverse; aunque su cuerpo quemado ya había vuelto a la normalidad, el persistente olor a pelo chamuscado era bastante molesto.
—Maldito niño... — rezongó Zhang.
Aún no entendía del todo qué había pasado, pero tenía claro que debía continuar con su misión. Alzó a la pequeña, que parecía dormir profundamente, y la tomó en brazos para reanudar su avance hacia la biblioteca. No perdería el tiempo buscando una aguja en un pajar o, en este caso, al pobre viejo Mink.
Mientras avanzaba a su máxima velocidad e intentaba recuperar fuerzas, Zhang activó su comunicación.
—Hola, Bai. Si estás ahí, ten cuidado con el hombre alado. Voy hacia la biblioteca, cuídate —dijo, sin enterarse de que Bai no tenía Den Den Mushi.
Zhang continuó su camino hacia la Biblioteca de las Bestias, esforzándose por ocultarse entre las sombras y la nieve.
Bitácora del burro
Zhang Guolao
"El vacío no se mueve, pero lo contiene todo"
❄ La Calma del Vacío
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?Nv.19 — Logia Yuki Yuki
