17-05-2026, 05:54 AM
(Última modificación: 29-05-2026, 11:21 PM por Nyxara Archeron.)
30 de Invierno, Año 16 ❥ Reino de Samba - Zona Humilde
Don't send me no angel, this city's too cold. 'Cause I need a man with a black heart of gold
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La luz comenzaba a perderse entre las ventanas altas de aquella habitación, tiñendo de naranja los muebles oscuros y las superficies perfectamente alineadas en el cuarto personal del Sargento Andover. En ese lugar que buscaba parecer una exhibición desesperada de disciplina ¿Cuánto tiempo llevaba ordenando? Nyx había perdido la cuenta, el desafío no estaba en la tarea misma sino en soportar la evidente satisfacción del Sargento cada vez que encontraba una nueva y “inteligente” forma de mantenerla ocupada. Desde que había obtenido el rango, el joven marine parecía disfrutar demasiado asignándole los trabajos más inútiles que encontrase, como si el nuevo uniforme le hubiese dado el valor para cobrar las viejas heridas del ego que ella le causó.
Gracias a él había pasado semanas limpiando, cargando y ordenando cuanto capricho decidiera. Y ahora, frente a la pila de libros de la habitación personal del sargento, podría sentir su mirada fija en ella: constante, incomoda, esperando una equivocación o algo peor.
– Quedaron ordenados por alfabeto y año de publicación, tal como lo pidió – añadió mientras se volvía hacia el escritorio. El uniforme de marine que portaba parecía estar hecho para resaltar cada movimiento de Nyx, la tela clara se ajustaba a la firmeza elegante de su postura descendiendo sobre las curvas marcadas de su cuerpo, sin conseguir suavizar su presencia. Andover parecía notarlo por la manera apresurada en que desviaba la vista, cuando el mar de sus ojos se clavó en los del Sargento.
El joven carraspeo, mientras ella avanzaba con la calma contenida de una tormenta a punto de estallar – Vale, quédate ahí ¿No te había dicho que guardaras distancia? – le recriminó arrastrando las palabras, recuperando la autoridad que parecía escaparse de él cada vez que ella lo miraba de frente – ¿O necesitas más trabajo para disciplinarte? –
La mirada de la Archeron cambio a penas, un gesto sutil, un descenso leve de sus parpados bajo el marco oscuro de sus pestañas. Lo suficiente para que aquella calma orgullosa adquiriera un filo distinto, era esa manera silenciosa que tenía de volverse tormenta antes de arrasar con todo. Intento contenerse, intento contar hasta cien, intento… – ¿Esta es tu idea de disciplina, Jona? – Nyx notó con claridad la sorpresa mezclada con el temor ante su nombre. Como si ella acabase de clavarle un puñal directo en el vientre – N—no puedes romper las reglas, soy tu sargento y --- – la joven Archeron alzo las cejas – ¿Y eso debería impresionarme? ¿Tengo que respetarte solo porque tienes un título? – ladeo el rostro y la noche de su cabello danzó sobre uno de sus hombros con una elegancia casi ofensiva.
Sabía que le costaría caro. Sabía que Jona Andover buscaría los peores trabajos para darle por un mes si era necesario, empeñado en silenciar su insolencia, desesperado por doblegarla. Y, a ese punto, después de haber aguantado esa tortura de inutilidad por semanas…podría con cualquier cosa que se le ocurriera a ese hombrecillo.
El sonido de sus botas resonó en la habitación cuando avanzó hacia él y Jona Andover se levantó casi por reflejo de la silla, devolviendo la mirada cargada de veneno. La Archeron la sostuvo, con esa calma altiva que a ese punto, ella estaba segura, el odiaba – Esto no es disciplina Jona, esto es una venganza. Una mediocre y muy mal ejecutada, venganza – le dedico esa sonrisa orgullosa que había heredado de su madre, esa que la enmarcaba como la reina hermosa y cruel elevándose sobre sus enemigos.
El joven sargento abrió la boca para rebatir cuando la puerta del cuarto se abrió de golpe, era el otro nuevo recluta que había caído en sus garras – Sargento Andover traigo sus cartas, hay una interesan…– Las palabras murieron en el aire apenas percibió el ambiente cargado de la habitación. Incomodo retrocedió un par de pasos, como si deseara nunca haber ingresado a ese lugar – Disculpe Sargento yo…– irritado, Andover hizo una seña brusca para que se acercarse – Dáselas a Vale, ella me las leerá, así le tome toda la noche – el joven recluta dudo – Señor…el comandante me dijo que era correspondencia confidencial, solo usted podía verla…exceptuando esta – desde su bolsillo saco lo que parecía ser un viejo trozo de tela utilizado como papel para carta – Dijo que esta no era confidencial y que usted hiciera lo que quisiera con esto –
La irritación del joven sargento se volvió evidente en las facciones de su rostro – Bien, dale ese trapo sucio a Vale y que ella lo lea para nosotros – cada palabra cargada de un enojo a penas contenido, mientras el joven cadete se acercaba a su compañera sin haber decidido aún, si le temía más al sargento o a la chica – Y con tu mejor tonó de voz, Vale – agregó Jona disfrutando demasiado de aquella orden.
Nyx no retrocedió ni cedió terreno, tomo la carta entre sus manos con la misma calma orgullosa que había sostenido la mirada del sargento segundos atrás. Lo primero que notó fue el esfuerzo detrás de aquellas líneas torcidas en ese trozo de tela roído; la caligrafía era torpe, insegura, algunas palabras se confundían entre si y los trazos…temblaban demasiado para parecer de un adulto. Por un instante recordó a sus hermanas y esas primeras cartas cargadas de errores, con mas garabatos y dibujos que contenido sobre el escritorio de su padre, sobre los libros de su madre.
Algo en su pecho se tensó.
Leyó en voz alta para los hombres que estaban ahí con ella y a medida que avanzaba con el contenido de la carta, la angustia anidaba en su corazón ¿realmente el comandante de Andover le había dicho que hiciera lo que quisiera con eso? Bajo la mirada hacia la fecha escrita al final, habían pasado más de tres semanas desde que se escribió ¿tanto tardaba el correo en llegar hasta allí? ¿O el comandante simplemente había desechado como basura, la idea de ayudar a la persona que la escribió?
– ¿Qué hará con eso Sargento? – pregunto el joven mientras dejaba la pila de cartas en el escritorio frente a él – Nada – respondió con tranquilidad – ¿No ves que es una trampa? Si enviamos un grupo sería un suicidio, serán atacados por los salvajes que viven en la orilla de la playa o por piratas – lo dijo con una seguridad que a Nyx le pareció estupidez.
Desvió la mirada a la tela que aún sostenía entre sus delicados dedos, cargados de cortes y algunas heridas por el trabajo sin sentido de las últimas semanas. Pensó en la torpeza de esos trazos, en la desesperación escondida detrás de esas letras mal escritas…pensó en sus hermanas y en el dolor que guardaba con precisión quirúrgica – Yo iré – respondió. El joven cadete abrió los ojos ante la acción de su compañera mientras que Andover soltaba esa risa incrédula – ¿El polvo de los libros te afecto Vale? He dicho que es una trampa y que nadie irá. Ahora usa ese trapo para limpiar mis armas – sin embargo, Nyx no se movió – Dijiste que era un suicidio – replico con estudiada calma – ¿no crees que esa es la manera correcta de disciplinar? –
El comentario hizo que el silencio se tensara solo por un instante. El joven sargento la miró, sin el fastidio habitual, sin esa mirada cargada que siempre le dedicaba cuando él creía que ella no lo notaba. Con algo mucho más frio, como si una idea comenzara a gestarse justo ahí.
– Si solo voy yo, no será una baja considerable – continuó – Y si logro averiguar si es verdad, el reconocimiento caerá sobre ti – y eso último lo había dicho con intención, sabía que Jona Andover estaba ansioso por destacar.
El cambio fue mínimo, sutil…y totalmente miserable.
Nyx se dio cuenta como su expresión vaciló, como meditaba la idea y dejó que el silencio se asentara entre todos con la comodidad calculada de haber ganado aquella partida con esa última afirmación – De acuerdo, iras tu sola – la sonrisa no tardó en llegar – Pero…– el regocijo en su mirada era evidente – No irás con tu identidad de Marine. Te harás pasar por un civil que va a ayudar, así, si te topas con esos salvajes podrás huir –
Y mientras su compañero recluta alababa la estrategia de Jona Andover, Nyx sabía lo que se refería: irás desarmada y a tu suerte.
No necesitaba más.
La respuesta esa tela fue enviada esa misma noche por ella, escrita únicamente con su nombre de pila “Nyssa” y lejos de cualquier sello oficial de la marina. Breve y precisa, iría a Samba y se encontrarían donde indicaba la carta originalmente: en el puerto de las zonas humildes bajo aquel estandarte rojo.
Dos días después, Nyx abordó el primer barco a Samba antes del amanecer. El invierno se había vuelto particularmente cruel con las embarcaciones en esa época del año, las corrientes golpeaban salvajes el barco mercante, mientras el viento húmedo se colaba con rapidez bajo las telas de los abrigos y chaquetas, intentando llegar a la piel inclusive bajo la ropa. Aún así, la Archeron prefería el mar y su rugido para despejar el ruido constante de sus pensamientos, para intentar apagar aquellos trazos inseguros del trozo de tela que llevaba consigo, en la desesperación de alguien por encontrar a quien buscaba y, inevitablemente, en sus hermanas.
Para cuando las costas de Samba comenzaron a aparecer entre la neblina del invierno, el puerto entero parecía cubierto de una capa húmeda y fría que buscaba adherirse a todo lo que allí se encontraba. Nyx descendió del barco con esa calma orgullosa de quien no necesita llamar la atención para imponerse en un lugar, el abrigo oscuro que llevaba sobre los hombros se abrió apenas con el viento húmedo del puerto, dejando ver la tela negra que se ajustaba a su silueta con una elegancia peligrosa, descendiendo sobre las curvas firmes de su cuerpo con demasiada naturalidad para pasar inadvertida. Incluso lejos del uniforme de marine, había algo en ella que seguía conservando aquella presencia difícil de ignorar, como si el "Archeron" heredado de sus padres se negase con tozudez a ser reemplazado por el sencillo y olvidable "Vale".
La humedad del ambiente comenzaba a ondular ligeramente su cabellera, mientras sus botas resonaban sobre los tablones mojados del puerto. El mar de sus ojos recorrió el lugar con lentitud calculada, absorbiendo rostros y movimientos, buscando algún tipo de señal como decía el trozo de tela, quería creer que el desespero en esas letras era real.
Y la vio.
De pie sobre algunas cajas apiladas cerca de unos de los extremos del puerto, una pequeña figura observaba cada barco como si llevara horas esperando que alguno trajera a las personas correctas. Un trozo de tela roja, probablemente de alguna vela, cubría parcialmente su cabeza como el faro en medio de la tempestad, tal y como había indicado que estaría al final de su carta.
No tendría más de once años…y Nyx comprendió, demasiado rápido, que había sido ella quien escribió la carta.
Léeme
