17-05-2026, 10:36 PM
Sinceramente, siempre lo supo. El hecho de preguntarle a Jin lo hizo únicamente con el propósito de sentir no ha olvidado ese suceso tan complejo. Nunca dará con la respuesta al malestar que complicó a Eros durante tantas semanas, y siempre supo que Jin no era el responsable, pero no hay pecado en preguntar, en sentir que no ha cerrado la carpeta de ese caso tan grave. — No te preocupes, te creo. Es solo que… — Mueve la cabeza hacia los costados en reiteradas oportunidades, buscando, de esa forma, apartar esos pensamientos de su cabeza para así centrarse en lo que hoy les compete. Desde hace mucho que no tiene información nueva sobre el caso de sus padres, por lo que echar a perder esta oportunidad es algo que no se puede permitir.
Un leve gesto de manos es el que hace para indicarle al contrario que puede guardar sus armas. Ya ambos están sentados, y el rifle de Kiyoshi ha sido puesto a su costado, con el cañón apoyado en el piso y la culata afirmándose en su hombro. No lo deja fuera de acción del todo porque, si algo le ha enseñado Jaya, es que no puedes bajar nunca la guardia. Nunca sabes qué codicioso y peligroso pirata te acecha. — Te creo. Continúa con lo que quieres decirme.
Frente a él se deposita una carpeta que no tarda en tomar, siempre con las manos enguantadas, procediendo a abrirla y observar las fotografías. Aparentemente, son del tal Brandon Lee. Su rostro le suena haberlo visto en esas reuniones que había en su casa hace muchos años, de las cuales él siempre era dejado de lado debido a su edad y como medida de protección. No olvidemos que siempre fue un niñito mimado y sobreprotegido, pero, aun así, la curiosidad de un infante siempre podía más y, en uno de esos momentos de ponerse escurridizo, lo observó desde la distancia.
— Ya veo, se encuentra en esta isla. — Jin no puede verlo debido a que la mascarilla oculta parte del rostro de Kiyoshi, pero este se muerde el labio inferior con fuerza, casi que llegando a sangrar, deteniéndose en el último momento para así no ensuciar la prenda que le protege de gérmenes. Lo que sí es visible es la fuerza con la que sus dedos aplastan la carpeta, casi llegando a rajarla. Kiyoshi siempre se ha caracterizado por ser un tipo relativamente tranquilo, pero aquí están tratando un tema bastante sensible para él. El Yakuza ya ha sido testigo en el pasado de cómo puede ponerse el médico cuando están involucrados en este caso que estuvo cerrado tantos años, y fue cuando ambos se conocieron que pudo abrirse la causa para iniciar una investigación que pudiese llevarlos a una respuesta, o, precisamente, llevar a Kiyoshi a conocer el verdadero motivo por el que sus progenitores se encontraron cara a cara con la muerte.
— Has hecho una investigación bastante completa. Aquí incluso se mencionan sitios en los que se le ha visto los últimos días. Estoy bastante conforme con tu trabajo, Onizuka Jin. — Suelta el material y lo empuja para que se deslice por la mesa y regrese a su dueño. Lo normal es que se lo quede él, pero está a punto de romper cada uno de los papeles solo de la cólera que comienza a sentir. En el pasado, siendo débil, muchas veces se dejó llevar. Pero ¿cómo será ahora que ha habido un notorio cambio en su fuerza? Por lo mismo es que, a pesar de no encontrarse 100% sereno, maquina un plan B. — ¿Y qué se supone que estamos esperando? Las noches son el momento adecuado para buscar y reunirse con gente. La oscuridad se presenta como tu mayor aliado. — ¿Una semana o dos? ¿Qué diablos dice el Yakuza? Por supuesto que no se tomará esto con calma. Kiyoshi quiere actuar ya.
Se coloca de pie y toma su rifle, apoyando el mismo en su hombro y manteniéndolo siempre sujeto con la mano zurda. — Levántate, tonto. No hay tiempo que perder. No siempre tengo mucha paciencia.
Alrededor de veinte minutos les toma llegar al primer sitio a buscar. Se trata de una posada que frecuentan viajeros y piratas con buen capital económico. De camino hacia acá, modificó la munición de su rifle, colocando una normal. El hecho de ir equipado con su menor potencia tiene un motivo, el cual es revelado a Jin antes de entrar al edificio. — Escúchame, Jin, debo pedirte un favor. Lo importante es sacarle información, pero si no logro controlarme e intento matarlo, haz lo que sea necesario para detenerme. — No le da tiempo a asimilar lo que le dice, pues ingresa sin complicaciones. En el interior se encuentra una recepción custodiada por un tipo de unos 50 años, bajito y delgado, con cara de asustado. Probablemente se trate del dueño, y seguramente sea el típico que se ve abusado por todos sus clientes el tratarse de tipos peligrosos.
— ¿Quiénes son ustedes? Por favor, señor, baje el arma. — Se lo dice a Kiyoshi, quien ya tiene bien sujeto su rifle, como si estuviese listo para dispararle al primero que se lo merezca. — No me molestes, tonto. — Es lo único que le responda y pasa de él, acercándose a la escalera que hay en el costado izquierdo del lugar. En la carpeta de Jin estaba indicada la tercera planta, habitación 20. No pierde tiempo y se dirige hacia la misma, llegando en cuestión de segundos. Ya plantado frente a la puerta, vuelve a recordarle al Yakuza. — Recuerda, mantente atento. Haz lo que tengas que hacer.
De una patada derriba la puerta e ingresa al cuarto, el cual resulta ser bastante amplio, con algunos muebles y una cama. Y aunque dentro hay un hombre, no se trata de Brandon Lee. Un varón y una dama, ambos desnudos, cubriéndose con una manta. Ella parece no entender qué sucede, él parece más pillo. Se le nota el enojo y el miedo en la cara, ambos sentimientos. — No está aquí. — Da un fuerte pisotón a modo de enojo. — ¿Este tipo es uno de sus hombres? ¿Lo has visto alguna vez, Jin? — Se posiciona a los pies de la cama y apunta con su rifle a la frente de aquel tipo, calvo por lo demás. Debido a la extensión del arma, siente el cañón rozando su piel. La mujer a su lado no puede más del temor, pero eso poco le importa a Kiyoshi. — ¿Dónde está Brandon Lee? Y será mejor que me respondas pronto, tonto, porque tengo muchas ganas de vaciar el cargador en tu sucia cara.
Un leve gesto de manos es el que hace para indicarle al contrario que puede guardar sus armas. Ya ambos están sentados, y el rifle de Kiyoshi ha sido puesto a su costado, con el cañón apoyado en el piso y la culata afirmándose en su hombro. No lo deja fuera de acción del todo porque, si algo le ha enseñado Jaya, es que no puedes bajar nunca la guardia. Nunca sabes qué codicioso y peligroso pirata te acecha. — Te creo. Continúa con lo que quieres decirme.
Frente a él se deposita una carpeta que no tarda en tomar, siempre con las manos enguantadas, procediendo a abrirla y observar las fotografías. Aparentemente, son del tal Brandon Lee. Su rostro le suena haberlo visto en esas reuniones que había en su casa hace muchos años, de las cuales él siempre era dejado de lado debido a su edad y como medida de protección. No olvidemos que siempre fue un niñito mimado y sobreprotegido, pero, aun así, la curiosidad de un infante siempre podía más y, en uno de esos momentos de ponerse escurridizo, lo observó desde la distancia.
— Ya veo, se encuentra en esta isla. — Jin no puede verlo debido a que la mascarilla oculta parte del rostro de Kiyoshi, pero este se muerde el labio inferior con fuerza, casi que llegando a sangrar, deteniéndose en el último momento para así no ensuciar la prenda que le protege de gérmenes. Lo que sí es visible es la fuerza con la que sus dedos aplastan la carpeta, casi llegando a rajarla. Kiyoshi siempre se ha caracterizado por ser un tipo relativamente tranquilo, pero aquí están tratando un tema bastante sensible para él. El Yakuza ya ha sido testigo en el pasado de cómo puede ponerse el médico cuando están involucrados en este caso que estuvo cerrado tantos años, y fue cuando ambos se conocieron que pudo abrirse la causa para iniciar una investigación que pudiese llevarlos a una respuesta, o, precisamente, llevar a Kiyoshi a conocer el verdadero motivo por el que sus progenitores se encontraron cara a cara con la muerte.
— Has hecho una investigación bastante completa. Aquí incluso se mencionan sitios en los que se le ha visto los últimos días. Estoy bastante conforme con tu trabajo, Onizuka Jin. — Suelta el material y lo empuja para que se deslice por la mesa y regrese a su dueño. Lo normal es que se lo quede él, pero está a punto de romper cada uno de los papeles solo de la cólera que comienza a sentir. En el pasado, siendo débil, muchas veces se dejó llevar. Pero ¿cómo será ahora que ha habido un notorio cambio en su fuerza? Por lo mismo es que, a pesar de no encontrarse 100% sereno, maquina un plan B. — ¿Y qué se supone que estamos esperando? Las noches son el momento adecuado para buscar y reunirse con gente. La oscuridad se presenta como tu mayor aliado. — ¿Una semana o dos? ¿Qué diablos dice el Yakuza? Por supuesto que no se tomará esto con calma. Kiyoshi quiere actuar ya.
Se coloca de pie y toma su rifle, apoyando el mismo en su hombro y manteniéndolo siempre sujeto con la mano zurda. — Levántate, tonto. No hay tiempo que perder. No siempre tengo mucha paciencia.
Alrededor de veinte minutos les toma llegar al primer sitio a buscar. Se trata de una posada que frecuentan viajeros y piratas con buen capital económico. De camino hacia acá, modificó la munición de su rifle, colocando una normal. El hecho de ir equipado con su menor potencia tiene un motivo, el cual es revelado a Jin antes de entrar al edificio. — Escúchame, Jin, debo pedirte un favor. Lo importante es sacarle información, pero si no logro controlarme e intento matarlo, haz lo que sea necesario para detenerme. — No le da tiempo a asimilar lo que le dice, pues ingresa sin complicaciones. En el interior se encuentra una recepción custodiada por un tipo de unos 50 años, bajito y delgado, con cara de asustado. Probablemente se trate del dueño, y seguramente sea el típico que se ve abusado por todos sus clientes el tratarse de tipos peligrosos.
— ¿Quiénes son ustedes? Por favor, señor, baje el arma. — Se lo dice a Kiyoshi, quien ya tiene bien sujeto su rifle, como si estuviese listo para dispararle al primero que se lo merezca. — No me molestes, tonto. — Es lo único que le responda y pasa de él, acercándose a la escalera que hay en el costado izquierdo del lugar. En la carpeta de Jin estaba indicada la tercera planta, habitación 20. No pierde tiempo y se dirige hacia la misma, llegando en cuestión de segundos. Ya plantado frente a la puerta, vuelve a recordarle al Yakuza. — Recuerda, mantente atento. Haz lo que tengas que hacer.
De una patada derriba la puerta e ingresa al cuarto, el cual resulta ser bastante amplio, con algunos muebles y una cama. Y aunque dentro hay un hombre, no se trata de Brandon Lee. Un varón y una dama, ambos desnudos, cubriéndose con una manta. Ella parece no entender qué sucede, él parece más pillo. Se le nota el enojo y el miedo en la cara, ambos sentimientos. — No está aquí. — Da un fuerte pisotón a modo de enojo. — ¿Este tipo es uno de sus hombres? ¿Lo has visto alguna vez, Jin? — Se posiciona a los pies de la cama y apunta con su rifle a la frente de aquel tipo, calvo por lo demás. Debido a la extensión del arma, siente el cañón rozando su piel. La mujer a su lado no puede más del temor, pero eso poco le importa a Kiyoshi. — ¿Dónde está Brandon Lee? Y será mejor que me respondas pronto, tonto, porque tengo muchas ganas de vaciar el cargador en tu sucia cara.
OFF ROL
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Hablo | Pienso
