18-05-2026, 12:34 AM
(Última modificación: 18-05-2026, 12:34 AM por Nyra Kuroshiro.)
¡Bien! ¡Ser la nueva había funcionado otra vez! La curiosidad podía ser un arma poderosa, y a veces funcionaba convertirse en el premio de una competición.
Mientras los niños se colocaban en sus respectivos sitios, yo regresé junto a mi compañero agitando felizmente mi cola.
―¡Muchas gracias! ―respondí orgullosa antes de que me ofreciera continuar con el servicio―. ¡Síii~!
Mientras servía los últimos platos, aproveché para ir elogiando a los niños cuando se portaban especialmente bien ayudando o corrigiendo a otros o bien cuando limpiaban algo por sí mismos. ¡Con suerte, quizás con el tiempo se terminaran portando así siempre!
Sí, bueno, era difícil, pero soñar es gratis, ¿no?
Cuando escuché a algunos niños decir que la comida sabía mejor gracias a mí, aproveché para comentar a un par de ellos que, de hecho, la receta me la había enseñado Uker, pero tampoco le di mucha importancia, especialmente tras su palmada en la espalda. Aquel día yo era la novedad y, en la mente de los niños, seguramente lo que ocurriera en mis primeros días aquí se iba a deber a mi presencia si yo estaba involucrada. Lo bueno es que, de la misma forma, si yo les caía bien, me achacarían cosas buenas, y si les caía mal, cosas malas… ¡así que parecía que había empezado con buen pie!
Finalmente, el tiempo de la comida pasó y la mayoría se fue corriendo a jugar, ¡lo cual era un alivio, porque a saber qué tipo de preguntas me harían!
―¡Muchas gracias! Aunque no habría salido tan bien si no me hubieras dicho aquello antes. ¡Tú me diste la idea! ―expuse alegremente mientras también recogía algunos platos.
Ya en la cocina, el silencio se me hizo casi extraño después del ruido del comedor. No me disgustaba, ¡era un sitio de lo más animado! Por un instante me dio pena pensar que únicamente podría quedarme durante una estación, pero enseguida volví a centrarme en el presente, cosa a la que ayudó el seguir teniendo tareas que hacer.
―No te preocupes, ¡me lo he pasado muy bien! ―comenté con una gran sonrisa mientras me encargaba de las sartenes―. ¿Eh? ―inquirí curiosa cuando se disculpó por Akura, sin terminar de entender. Sin embargo, la alegría volvió a hacerse muy evidente en mi rostro cuando comprendí lo que pasaba―. No te preocupes, ¡es un encanto! Ojalá todos se portasen siempre tan bien como ella. ¡Es tan adorable~!
Y, casi como si la hubiéramos llamado, no tardó en aparecer por la puerta. ¡Ay, venía a por su postreeee!
―¡No te preocupes, Uker! ¡Yo me encargo de lavar! ―anuncié con máxima energía mientras me daba más prisa lavando―. El postre no puede esperar; yo intentaré adelantar todo lo posible y, si queda algo por limpiar cuando hayas terminado, ya me ayudas entonces. ¿Te parece?
Por supuesto, ir más rápido no iba a significar hacerlo peor. ¡Eso heriría mi orgullo y honor como cocinera!
―Akura, si quieres, mientras tanto puedes hacerme preguntas ―avisé, mirándola un momento―. Eres quien mejor se ha portado hoy, ¡pero no se lo digas a los demás! ―añadí con un breve guiño.
Mientras los niños se colocaban en sus respectivos sitios, yo regresé junto a mi compañero agitando felizmente mi cola.
―¡Muchas gracias! ―respondí orgullosa antes de que me ofreciera continuar con el servicio―. ¡Síii~!
Mientras servía los últimos platos, aproveché para ir elogiando a los niños cuando se portaban especialmente bien ayudando o corrigiendo a otros o bien cuando limpiaban algo por sí mismos. ¡Con suerte, quizás con el tiempo se terminaran portando así siempre!
Sí, bueno, era difícil, pero soñar es gratis, ¿no?
Cuando escuché a algunos niños decir que la comida sabía mejor gracias a mí, aproveché para comentar a un par de ellos que, de hecho, la receta me la había enseñado Uker, pero tampoco le di mucha importancia, especialmente tras su palmada en la espalda. Aquel día yo era la novedad y, en la mente de los niños, seguramente lo que ocurriera en mis primeros días aquí se iba a deber a mi presencia si yo estaba involucrada. Lo bueno es que, de la misma forma, si yo les caía bien, me achacarían cosas buenas, y si les caía mal, cosas malas… ¡así que parecía que había empezado con buen pie!
Finalmente, el tiempo de la comida pasó y la mayoría se fue corriendo a jugar, ¡lo cual era un alivio, porque a saber qué tipo de preguntas me harían!
―¡Muchas gracias! Aunque no habría salido tan bien si no me hubieras dicho aquello antes. ¡Tú me diste la idea! ―expuse alegremente mientras también recogía algunos platos.
Ya en la cocina, el silencio se me hizo casi extraño después del ruido del comedor. No me disgustaba, ¡era un sitio de lo más animado! Por un instante me dio pena pensar que únicamente podría quedarme durante una estación, pero enseguida volví a centrarme en el presente, cosa a la que ayudó el seguir teniendo tareas que hacer.
―No te preocupes, ¡me lo he pasado muy bien! ―comenté con una gran sonrisa mientras me encargaba de las sartenes―. ¿Eh? ―inquirí curiosa cuando se disculpó por Akura, sin terminar de entender. Sin embargo, la alegría volvió a hacerse muy evidente en mi rostro cuando comprendí lo que pasaba―. No te preocupes, ¡es un encanto! Ojalá todos se portasen siempre tan bien como ella. ¡Es tan adorable~!
Y, casi como si la hubiéramos llamado, no tardó en aparecer por la puerta. ¡Ay, venía a por su postreeee!
―¡No te preocupes, Uker! ¡Yo me encargo de lavar! ―anuncié con máxima energía mientras me daba más prisa lavando―. El postre no puede esperar; yo intentaré adelantar todo lo posible y, si queda algo por limpiar cuando hayas terminado, ya me ayudas entonces. ¿Te parece?
Por supuesto, ir más rápido no iba a significar hacerlo peor. ¡Eso heriría mi orgullo y honor como cocinera!
―Akura, si quieres, mientras tanto puedes hacerme preguntas ―avisé, mirándola un momento―. Eres quien mejor se ha portado hoy, ¡pero no se lo digas a los demás! ―añadí con un breve guiño.
